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3364 Words
    Que estúpida de mí por no haberme dado cuenta antes. El parecido era más que obvio, los ojos verde claros, la piel cremosa, el cabello n***o azabache y la belleza oscura que tenían los dos. Pero más allá de eso, observé el cariño que había en sus ojos, era algo que yo había llegado a tener con mi hermano. Cuando nos mirábamos no había más que amor fraternal, un cariño protector y celoso, Nora y Maxon lo tenían, aunque eso no significaba que dejara de odiarla.   —No puedo creer que seas la hermana de esta perra. —Antes de siquiera poder contenerme las palabras fluyeron.    Nora sonrió satisfecha, pero Maxon se tensó a mi lado y me dio una mirada tan llena de advertencia que me heló la piel. Le mantuve la mirada con desafío, tratando de ocultar mi repentino miedo hacia él. Estaba segura de que Maxon podía ser peligroso si le proponía.   —No seré la única—respondió Nora ignorando la frialdad de su hermano.   —¡Basta la dos! —ordenó este en voz autoritaria— Gatita ¿puedes entrar al auto antes de que tu padre te vea?    No era una pregunta en realidad, y él lo sabía. Maxon me abrió la puerta y entré en la parte de atrás del auto. Había un hombre vestido de n***o sentado tras el volante, su aspecto era entre un guardaespaldas y un sicario, completamente aterrador. Ignoré la punzada de miedo, no sabía quien era Maxon, pero a cada segundo que pasaba me convencía que era peligroso.    Los vidrios eran ahumados, pero pude ver con poca claridad como Nora y Maxon discutían. Lo sabía porque ella estaba a punto de las lágrimas, y el tenía la mandíbula tan apretada que podría partirse un diente en cualquier momento. En un minuto parecieron llegar a un acuerdo y entonces ella se fue, no sin antes sacarme la lengua. No tenía ni idea de cómo sabía que los estaba observando ya que de afuera hacia dentro no se veía nada, pero ella era rara de todas formas.     Cuando Maxon entró al otro lado del auto me puse tensa, su presencia me cautivaba, pero no era tan estúpida para no darme cuenta de que el no pretendía ser mi príncipe azul, el solo era… Él.   —Relájate gatita, no pasará nada que tu no quieras —dijo, con una sonrisa.   —Obviamente — dije, en modo Mia Grey— ¿Qué es lo que quieres de mi Maxon?   —¿Te digo la verdad o te miento?   —La verdad.   —No lo sé — respondió suspirando y recostando la cabeza contra el asiento del auto— Me gustas gatita.   —Tú también lo haces —dije mirando mis manos nerviosamente—, pero eres misterioso, como si guardaras mil secretos.   —Tú también guardas secretos —dijo en un tono frio de nuevo. Pero cuando volteé a mirarlo, me sonreía cálidamente.   —Todos tenemos secretos—afirmé pensativa. Maxon asintió con la cabeza en acuerdo.   —¿Tú padre tiene que ver con ellos? —preguntó con una sonrisa.   —¿Buscando algún chisme para la prensa? —bromee sintiendo su mirada en mí.   —Tal vez —dijo y sonrió de nuevo cuando solté una carcajada. Él no tenía ni idea de cuantas veces me habían buscado para contar algún secreto de mi padre, pero era el único que no creía que en realidad le importase.    Comenzamos a movernos en el auto sin un rumbo fijo, el guardaespaldas parecía ajeno a nosotros y eso me dio el valor para hablar más abiertamente con Maxon.   —¿Así que me vas a decir en que trabajas? —pregunté con curiosidad.    Él tenía mucho dinero, pero nunca lo había visto en alguna fiesta, cena, celebración o acto benéfico al que mi padre y yo regularmente asistíamos. Era allí donde todos los ricos de Texas se reunían a fanfarronear sobre sus bienes y a mostrarle a los demás cuan bien les iba. Llevando mujeres hermosas, probablemente modelos y enseñando sus trajes caros. Había vivido en esta vida tanto tiempo que sabía reconocer a un adinerado de Texas.    Pero entonces cabe la probabilidad que el acabara de mudarse, nunca lo había visto por los alrededores, y Nora era tan invisible para mí que no recuerdo cuando comenzó a estudiar en la universidad. Podría ser que acabara de llegar de algún otro estado, o que simplemente estuviera de vacaciones y se estuviera quedando en el apartamento de Jason, su primo.   —Negocios —respondió secamente. Estaba mirándome, pero sentía que estaba en otro lugar.— En realidad mi padre es quien me enseñó todo, yo solo soy uno de sus empleados. Me pone hacer negocios molestos e irritantes para que tal vez, un día consiga ser el dueño de su imperio.    Me miró significativamente cuando dijo esto, tal vez pensaba que mi padre también era así conmigo.   —¿Y qué negocios hacen? —Mi voz era de interés. Por un momento pensé que Maxon no me respondería, ya que se quedó un largo rato en silencio.    Cuando volvió a mirarme abrió la boca para hablar, pero el sonido de un cornetazo y el auto girando nos interrumpió.   —Nos siguen Maxon. —La voz del chofe/sicario se escuchó llena de adrenalina y me dio un vistazo desde el retrovisor, como si esperara que yo hiciera algo en cualquier momento.    Pero su reacción no fue la que más me perturbó, Maxon se había tensado de tal manera que podía explotar en cualquier momento. Su mirada se volvió hielo, miró hacia atrás con más calma de la que esperaba y me dio una mirada antes de sacar su celular y marcar algo.    Fruncí el ceño mirando hacia atrás como lo había hecho él, pero no vi nada. Solo había varios autos, pero no podía decir si uno era sospechoso. Cuando mi padre era seguido por alguien siempre le ordenaba al chófer manejar hasta perderlos. Si le preguntaba qué pasaba me decía que no preocupara, que seguramente era algún fanático o la prensa. Nunca le di mayor importancia y él tampoco.    Pero con Maxon era distinto, el aire estaba tenso, lleno de energía negativa.    El auto volvió a girar en una curva cerca de la universidad. El cinturón de seguridad que inconscientemente me había puesto impidió que me fuera hacia adelante y diera contra el asiento de chofe/sicario. En cambio, Maxon mantuvo el equilibrio y siguió marcando cosas en su celular. A pesar de seguia tenso parecía tener la situación controlada.   —¿Que pasa Maxon? —le pregunté cuando entramos a otra curva. Mi respiración se volvía irregular, mi hermano siempre decía que era mejor prevenir que lamentar, y yo no quería lamentar haberme montado en este auto.    Maxon no me respondió y miró de nuevo atrás frunciendo el ceño. Ignorándome completamente.    Cuando pasó más de un minuto, aun seguíamos dando vueltas. Me ponía los pelos de punta cada vez que el chofer y él se veían, dándose una mirada que no sabía interpretar. Pero entonces cada vez que preguntaba nadie me decía nada, estaba comenzando a pensar que los negocios del padre de Maxon eran peligrosos.    Ni siquiera sabía por qué seguía aquí, podía pedirle que se detuviera y bajarme del auto. Irme y gritarle que se vaya a la mierda mientras me perdía entre las personas. No volverlo a ver más nunca y seguir con mi vida tranquila. Pero Maxon me atraía de una manera extraña, no quería alejarme de él a pesar de la situación del momento. Él claramente estaba metido en algo raro, pero me gustaba y mucho.    Él me gustaba y cuando a mí me gustaba algo, era muy difícil que lo olvidara. Como aquella vez que había visto unos zapatos, tenía catorce años en ese entonces, ya me había gastado todo el dinero que mi padre me había dado para las compras. Entonces sabía que él se enojaría si le pedía más, entonces fui a su despacho y le robé una de sus tarjetas de crédito. Dos días después mi padre se dio cuenta y me castigo.    O cuando el chico nuevo de instituto me gustaba, me había cambiado de clases solo para verlo. Hice todo lo que estaba a mi alcance por él, y al final terminé perdiendo mi virginidad en el auto destartalado de su padre.    Como todas esas veces sabía que mi atracción por Maxon no terminaría en un final feliz. Pero no podía evitarlo, cuando tuvimos sexo aquella noche sentí cosas que no había sentido ni con mi primer hombre ni con Collin y eso me aterraba. Porque justo ahora, en medio de todo este disparate me doy cuenta de que no renunciaré a él tan fácil. Lo misterioso y difícil siempre me habían atraído y Maxon era perfectamente eso.    Le di una mirada, pero el seguí ignorándome y maldita sea quería matarlo por eso. Pero en cambio decidí quedarme callada, no veía a ninguno de los dos en el coche correr como la mierda a asustarse, ni siquiera parecían preocupados. Entonces la situación no era tan grave, tal vez solo era una ex novia celosa o la prensa.    Solo cuando el tipo fue desacelerando el auto me di cuenta de que era porque ya no nos seguían. Mi temperamento se mantuvo en su lugar mientras trataba de no pensar en la situación. No quería hacerme ideas. En vez de eso volví para mirar a Maxon.   —¿Me puedes llevar a casa? —le dije tan suavemente como podía. Me miró durante un rato y luego asintió, dándole la orden a chofer/sicario.     No hablamos de nada en el camino, y después de un casto adiós salí de allí para entrar a mi casa.    Aun después de que él no dijo nada más esperaba que me llamara de nuevo, esa Mia Grey no era yo. Yo no era así, esperando que un hombre me llamara, no es que hubiese salido con muchos en mi vida, pero antes de Collin cada que iba a una cita ellos siempre me llamaban al día siguiente. No sabía si era por mi dinero o por que en verdad les gustaba. De todas maneras, ninguno de ellos me gustó en realidad. Hasta él, y entonces el muy idiota tiene que ser tan misterioso y extraño, pero calientemente hermoso y seguro de sí mismo.    Y solo Dios sabe cuánto me gustaban los hombres seguros de sí mismos.    Pero cuando el guardia de seguridad me saludó y me abrió la puerta fue cuando me di cuenta de que nunca le había dicho mi dirección a Maxon.                                                      *  *  *        Cuando entré por fin a mi habitación encontré a Catia limpiando mi habitación. Ella medio una sonrisa amable, era un Venezolana inmigrante, a pesar de que siempre había sido distante con los empleados de mi padre ella siempre ha sido amable y hasta un poco cariñosa conmigo. Pero yo nunca le daba más que una sonrisa o un “por favor” y “gracias” había sido cariñosa una vez y mi padre me había enseñado una cruel pero inteligente lección.    Recuerdo siempre aquel día cada vez que veo a Catia, tal vez porque se parecía mucho a mi niñera. Mi padre ha sido uno de esos hombres duros y calculadores, con los empleados no es distinto.    Cuando uno de sus guardaespaldas vendió información a su competencia de la campaña, él había ido furioso a mi habitación, yo jugaba con Luz en ese entonces, solo tenía seis años, pero recuerdo a mi padre venir y gritarme delante de ella como se había acostado con él unos meses antes, luego me dijo que Luz se iba por que le habían ofrecido un trabajo con una paga mejor, me indicó que lo había hecho solo por el dinero, y que no le importaba que yo quedara sin niñera.    En ese entonces yo no comprendía muy bien el asunto, pero claramente entendí que Luz me había dejado por irse con alguien que le pagaría mejor. Recuerdo haberle llorado y amarrarme a sus piernas para que no se fuera, pero ella aun así lo hizo, se fue dejándome con lo único parecido a una mamá que tenía, y eso fue algo que nunca olvidé.    Mi padre me enseñó a su manera a no confiar en personas como Catia, personas necesitadas, porque cuando necesitan dinero son capaces de venderse al que pague más. Mi padre me hizo fría, me hizo como él porque se dio cuenta de que me estaba pareciendo demasiado a mi madre, y eso lo lastimaba.    Yo nunca la conocí, pero por lo que me dijo mi padre él la amaba más allá de todo, y cuando mi hermano mayor nació mi padre tuvo un parto difícil, pero sobrevivió, luego cuando salió embarazada seis años después el médico le dijo que probablemente tendría que abortar si quería vivir, pero ella se negó y me tuvo, aceptando las consecuencias de mi nacimiento.    Creo que por eso es que mi padre tiene algún tipo de resentimiento hacia mí, en cierta forma yo maté a mi madre, y eso algo con lo que tendría que vivir siempre. Con la culpa de por mi forzoso nacimiento ella no lo soportó.    Ignorando completamente mis recuerdos me metí en el baño y me di una larga ducha. Cuando salí me recosté en la cama, planeando como demonios iba hacer para terminar el proyecto de física, pero entonces cuando fui a buscar mi portátil y me senté en la cama para investigar un poco en la Web mi celular sonó. Cuando miré vi el mismo número privado que había visto cuando Maxon me había llamado, pero esta vez tenía un mensaje.    Maxon: Siento lo de esta tarde. Quiero verte de nuevo, y esta vez sin persecuciones por la interestatal.    Sonreí ante su mensaje como una tonta y le escribí uno de vuelta, poniéndome cómoda en la cama.   Yo:¿Es una propuesta o me lo estas ordenando?    Al instante recibí su respuesta   Maxon: Una propuesta, pero algo me dice que aceptaras.   Yo: ¿A si? ¿Y por qué piensas eso?   Maxon: Porque te gusto. De todas formas ¿puedo invitarte a cenar?   Yo: Puedes hacerlo.   Maxon: ¿Quieres cenar conmigo Mia?   Yo: Lo pensaré.   Maxon: Espero tu respuesta. Pero no demores…. Quiero hablar contigo sobre algo.   Yo: ¿Tiene que ver con lo que pasó esta tarde?   Maxon: Sí, pero no te preocupes.   Cuando bajé esa noche por un vaso de agua casi pego un grito al ver a el ministro en la cocina, estaba tomándose una pastilla blanca, cuando me vio sus ojos resplandecieron y una lenta y morbosa sonrisa se posó en sus labios. Los vellos de mi cuerpo se erizaron, tomé la bata y la apreté más contra mi cuerpo. Este tipo no me gustaba, pero era la última víctima de mi padre y sabía que tenía que comportarme.    Estaba vestido con la misma ropa de esta tarde, impecable como siempre. Cuando lo veía en la televisión él siempre tenía una sonrisa amable y trataba a todos con cariño, eso estaba muy lejos de la realidad. Lo hombres como él y mi padre solo querían hacer ver una pantalla, hacerse ver como los hombres buenos y perfectos. Mi padre no era malo tampoco, pero no el hombre inocente que hacía ver. Yo más que nadie lo sabía.   Y este tipo estoy segura no es la excepción   —¡Oh! Hola querida —dijo con voz dulce y risueña— ¿No puedes dormir?    Esta era la parte en la que yo le decía que no con una sonrisa y la conversación moría, pero no me iba a dejar escapar tan fácilmente.   —Hola señor Simons —le dije tratando de sonar tranquila— Tengo un poco de sed.    —Aquí está el agua.    Señaló la jarra que tenía en las manos, no me la pasó dejando claro que quería que yo me acercara a él.    Con una falsa sonrisa busqué el vaso y me acerqué a él para que "amablemente" me sirviera. Cuando nuestros rostros se acercaron lo vi inhalar ¿estaba oliéndome? Traté de que su comportamiento no me perturbara, ya debería estar acostumbrada,  desde que me vio hace unos meses cuando mi padre y yo llegamos aquí se ha comportado de forma extraña conmigo, nunca ha sido muy notoria, pero yo siempre me he dado cuenta de que él quiere conmigo algo más que una amistad.    Desde aquí olía su aliento, su asqueroso olor a tabaco y alcohol. En otros hombres le quedaría atractivo, pero en este era sumamente desagradable.   —Tú padre me ha dicho que terminaste con ese chico Williams —dijo mirando mis senos— Es una pena, pero siempre supe que él era muy poco para ti.   —Collin es un buen chico —dije defendiéndolo, a pesar de que no debía.   —Cuando murió mi esposa también pensé lo mismo —susurró, como si fuéramos dos cómplices—, pero luego descubrí que me engañaba con chic os sumisos en un club —rió bajito—, no se lo digas a nadie.   —No se preocupe señor Simons.   —Cariño por favor llámame, Peter —dijo, tardándose más de lo normal en llenar el vaso— de todas formas, no la quería. Por eso estoy en busca de una esposa que me quiera.    Su voz se hizo aún más baja, se acercó unos centímetros más a mí invadiendo incluso más mi espacio personal. Quería gritarle que se fuera a la mierda y buscara a alguien de su edad. Pero entonces la puerta trasera se abrió dejando ver a la hija de Catia en pijama y con cara de sueño. Cuando nos vio en esa posición palideció por completo, pero antes de que pudiera parpadear me alejé de Peter y le sonreí por primera vez a la chica. Agradecida de que viniera.   —Perdón. Yo vine por…   —¿Agua? —pregunté, sonriéndole para que se calmara.   —Sí —respondió ella devolviéndome la sonrisa— Lamento si interrumpí.   —No hay problema    Peter le dio la jarra con mala cara, el viejo morboso solo quería estar a solas conmigo, pero por nada del mundo dejaría que me tocara indebidamente. La chica tomo la jarra con manos temblorosas, obviamente nerviosa de que le gritara que se largara de aquí en cualquier momento.    Ella tenía alrededor de quince y dieciocho años, era muy linda, de ese tipo de belleza latina que tanto llama la atención. Morena, ojos verdes, aunque no tan cautivadores como los de Maxon, el cabello n***o y largo, envuelto en rulos que yo siempre quise tener. Se parecía mucho a Catia, la chica se quedaba en la habitación de servicio con su madre, ella estudiaba por lo que había escuchado, mi padre le pagaba los estudios a cambio de que ella ayudara a Catia con la cocina.   —Bueno yo iré a dormir —dije dándome la vuelta y dejando a Peter con la chica, suspiré de alivio cando no me detuvo, pero me tensé de nuevo con vi a mi padre salir de su despacho con una chica a su lado.    Él siempre le gustaban las chicas jóvenes, y ellas parecían amarlo, esta en cambio me dio una mirada suplicante como si quisiera que yo hiciera algo. Tal vez era una de esas prostitutas que mi padre siempre contrataba, lo sabía por que en su agenda siempre estaban sus nombres. En realidad, había muchos nombres, pero ellas resaltaban.    Ignorando su mirada le di las buenas noches a mi padre y me devolví a mi habitación Si no quería estar con mi padre no debió aceptar el trabajo, si lo hacía por necesidad uno siempre tenía que asumir las consecuencias. Tal vez cuando viera la chequera de mi padre cambiaria de opinión.    Esa noche dormí inquieta, soñé con gritos y la cara de mi madre apareció en mi cabeza, no la había conocido, pero tenía las suficientes fotos de ella como para saber muy bien como era. Como se veía y lo mucho que me parecía a ella.      
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