Todos estamos hartos, cansados y rotos. La vida misma nos agota y muchas de las veces ni siquiera entendemos la razón de esto. Queremos detenernos y descansar un poco, pero no podemos o no sabemos cómo hacerlo. Vivimos llenos de trabajo, problemas y estrés. Agobiados con cientos de cosas que, en ocasiones, no llegan siquiera a ser imprescindibles. ¿Por qué lo hacemos? ¿Es acaso que no tenemos otra opción? ¿o simplemente esto es lo que significa convertirse en adulto? Porque si de verdad es así, a muchos nos mintieron cuando éramos pequeños y nos deben la vida que nos prometieron.
Hemos llegado a un punto en el que dormir una noche completa o poder descansar unas cuantas horas, se vuelve un lujo que no cualquiera puede darse. Estudiantes pasando noches en vela tratando de comprender los temas de sus clases. Padres de familia alterados por las cuentas que hay que pagar. Profesionistas estresados por los problemas del trabajo que pareciera que no tienen una solución cercana. Y en la lista, entran también aquellas personas que simplemente son victimas de sus propios pensamientos. Esas que, aun si tratan de sobreponerse, no logran hacerlo. Esas cuyos sentimientos llegan a traicionarlos hasta volverse en su contra.
La depresión es una enfermedad silenciosa, que ataca poco a poco y que en ocasiones termina por acabar con la vida de quien la padece y aquellos que son cercanos a este. Hablamos mucho de ello, pero no de las causas y es que, no nos damos cuenta, pero muchas de las veces somos nosotros mismos quienes dañamos a los demás al grado de llegar a hundirlos en este maldito mal. Hablamos sin pensar y juzgamos sin detenernos a considerar los sentimientos de otros. ¡Ah! ¡Pero hablamos de responsabilidad afectiva como si de verdad la aplicáramos en nuestro vivir diario! Somos hipócritas y lo sabemos, pero fingimos, como siempre lo hacemos.
El físico de una persona no es nuestro problema. La forma de su cuerpo no es nuestro problema. La forma como habla, como viste o como piensa, no tiene nada que ver con nosotros. Si algo no te afecta directamente a ti o a algún ser querido, no tiene por qué preocuparte, ¿cierto? Entonces, dime, ¿Por qué demonios nos enfocamos en los defectos de otros?
Tus palabras tienen un peso importante. Tienen la habilidad de transformarse en lo que sea que decidas. Pueden ser un arma afilada que provoca dolor, o bien, pueden ser la sanación de aquellos que te rodean. Pueden ser verdad o pueden ser mentira. Pero no nos damos cuenta de ello. Hablamos sin pensar y no nos preocupamos en detenernos para ver el daño que hemos provocado. Nos dicen desde siempre ──Las palabras se las lleva el viento──, ¡pero que error tan estúpido es pensar de esa forma! Las palabras no se pierden en el viento, se quedan gravadas en las personas que las escuchan. Permanecen por mucho tiempo generando heridas difíciles de cicatrizar, provocando desvelos y noches de llanto. Las palabras no se pierden con facilidad y eso es lo que aun no entendemos del todo, pese a que la gran mayoría de nosotros, lo ha vivido en carne propia.
Somos diferentes y eso no es malo. Sentimos y pensamos de formas distintas y eso tampoco es malo. Pero juzgamos a quien no piensa o actúa de la forma que nosotros lo hacemos. Criticamos a las personas que no tienen los mismos gustos que nosotros, ya sea en música, películas o cualquier otro tipo de arte, así como la forma de vestir, pensar o hablar. Olvidamos que a veces, esa clase de cosas son el refugio de muchas mentes atormentadas que lo unico que esperan es poder encontrar consuelo ya sea en una canción, en un libro o en una escena cinematográfica que refleje su sentir. Olvidamos eso y nos burlamos de aquellos cuyos gustos son todo lo contrario a lo que nosotros consideramos “arte”.
¿Tienes idea de lo que significa el arte? Deja que una pequeña artista novata te de una gran lección sobre el tema.
El arte tiene fundamentos importantes e invaluables en los que destacan el sentimiento y la transmisión. El arte implica poder usar estos fundamentos para que el espectador, oyente o cualquier otra persona cercana que lo aprecie, se identifique con ello. El arte en palabras simples es el medio en el que puedes expresarte e identificar los sentimientos que muchas de las veces, no compartes con otros. Es por ello por lo que todos encontramos consuelo en una canción, en un libro, una serie o incluso en un baile o una pintura. Pues casi puedo asegurarte de que existe una canción que te hace llorar, una que te hace querer bailar o una serie o película que te hace sentir que tu vida puede cambiar de alguna manera. También estoy segura de que existe alguna frase de algún libro que llegó a cambiar la perspectiva que tenías de algún tema o incluso de la vida misma. El artista tiene esa hermosa facultad. Una cualidad increíblemente útil y poco valorada, pues muchos no le dan el valor que realmente se merece. Imagina, ¿Cómo seria tu vida sin música? ¿Cómo seria tu vida sin libros o sin pinturas? ¿Cómo seria tu vida sin ningún tipo de arte? Dolería. Sería solitario y patético vivir en un mundo como ese. El arte es el refugio que mas cuidamos y al cual protegemos, y eso es válido. Sin embargo, no tenemos derecho que juzgar a otros por el refugio que han decidido usar. Somos diferentes y por ello, nuestros refugios lo son también. Ese simple hecho, es más que suficiente para que cerremos la maldita boca y respetemos los gustos de otros. ¿A caso es tan difícil de comprender?
Hacemos sentir mal a otros al burlarnos de las cosas que aman. Hacemos que se oculten para hacer lo que aman. Hacemos que se sientan incomprendidos y despreciados. Los hacemos creer que sobran, cuando no es así.
Eres un ser hermoso y valiente. Eres unico e invaluable. Eres especial e imparable. Simplemente eres tú y ese hecho por si solo, ya es maravilloso.
Nos cuesta trabajo a veces darnos cuenta de ello. Sin embargo, el peso de las palabras es algo que debemos de tener en cuenta siempre. Cuidar lo que decimos y darle el valor que se merece a aquello que escuchamos. Porque, no todas las palabras que recibimos merecen nuestro interés. Hay palabras dañinas que simplemente debemos ignorar y hay palabras milagrosas que nunca debemos olvidar. Pero siempre recuerda que de la misma manera que dichas palabras llegan a ti, tú también tienes el poder se llevar palabras a los demás y esta en ti el decidir si son sanadoras o dañinas.
Desde luego, esta no es la única forma en la que llegamos a causar dolor o felicidad a otros. Nuestras acciones también tienen mucho que ver y cuando se contradicen con nuestras palabras, el resultado termina siendo desastroso.
──No hagas cosas buenas que parezcan malas──. Un sabio consejo que ignoramos la mayor parte del tiempo, pero que, sin dudas, nos ahorraría decenas de problemas.
Nuestras palabras deben de ir de la mano de nuestras acciones, de lo contrario no seria nada mas que hipocresía. Sé que suena fácil, pero en la práctica, no lo es tanto. Nos cuesta trabajo, pero creo no es algo que llegue a ser imposible, después de todo, en la vida la practica siempre hace al maestro.
Nuestros errores nos ayudan a crecer, aunque tristemente, algunas veces esos errores recaen en personas que no lo merecen.
Al terminar las practicas, tome mis cosas y Sali dispuesta a encontrarme con Nina. Sin embargo, pareciera que el alumnado de aquel colegio tuviera alguna clase de obsesión con mi persona, pues al salir del salón, un gran numero de alumnos esperaban por mi en el patio central. Claudia y su sequito esperaban recargadas en el que alguna vez fue el famoso “muro de la fama” me observaron de arriba abajo y me cerraron el paso.
──¡Pero miren nada más a quien tenemos aquí! ──comentó casi gritando para llamar la atención de todos. Yo me detuve en seco y la observé sin ninguna expresión en el rostro. Estaba fatigada y lo que menos quería en ese momento era discutir con esa testaruda chica──. Dime rarita ¿con quien tuviste que acostarte para conseguir el lugar en ese colegio? ──las burlas no se hicieron esperar por parte de todos los alumnos quienes ya nos tenían rodeadas. Yo torcí los ojos fastidiada.
──¡Con tu padre, querida! ──le respondí en el mismo tono de voz que uso ella. Todo mundo quedo en silencio, mientras la chica solo abrió los ojos de golpe y me observó más que molesta── ¡Oh! ¿no te lo dijo? ¡Ay, que pena! ──. Traté de continuar con mi camino, pero entonces la chica me sujetó del cabello hecha una furia.
──¿Cómo te atreves a hablar esa mierda de mi padre? ──me dijo mientras intentaba tirarme al suelo. Yo quise defenderme, pero mi cuerpo estaba exhausto y no tenía la fuerza suficiente como para hacerlo. Fue entonces cuando caí al suelo de forma brusca, mientras aquella chica caía encima de mi pierna derecha. Cerré los ojos y pude escuchar el sonido de mi pierna emitiendo un ligero c***k, el cual fue audible para todos los presentes porque de pronto todo quedo en silencio y lo unico que podía escucharse eran mis quejidos. Sostuve mi tobillo con ambas manos, tratando de hacer que el dolor disminuyera, pero era en vano. Poco a poco este comenzó a hincharse y a pulsar de forma extraña. El grosor era tal, que incluso los zapatos me lastimaban. Claudia se puso de pie y me observó asustada, mientras su sequito poco a poco huía del lugar dejándonos solas.
──¿Qué demonios esta ocurriendo aquí? ──intervino Miss Laury, quien llegó corriendo acompañada por otras maestras de otros salones. Yo continuaba en el suelo sujetando fuertemente mi abultado tobillo, mientras Claudia balbuceaba nerviosa. En ese momento apareció Nina corriendo. Se acercó y me vio alterada.
──¡MEY! ¿PERO QUE HA PASADO?
Traté de ponerme en pie, pero me fue imposible. Tuvieron que cargarme para poder entrar al auto de Nina y de inmediato avanzamos hasta el hospital. No supe con exactitud que ocurrió después de eso, pues el dolor que en ese momento sentía me obligaba a mantener los ojos cerrados, como si de alguna manera, eso pudiera llegar a ayudarme.
Tuvieron que sedarme para que el dolor disminuyera. Me llevaron a rayos X, donde me encontré con Pedro, quien me recibió y trato de hacer que me calmará, lo cual no era nada fácil de lograr pues me encontraba llorando y suplicando porque mi pie no estuviera roto.
Estaba tan cerca de la audición y sabia que si mi pie se había fracturado seria imposible que pudiera cumplir con la audición de baile, la cual era imprescindible para mi admisión.
Peter se mantuvo a mi lado en todo momento e incluso me tomo de la mano para que pudiera calmarme. Cuando los resultados estuvieron listos, el medico me recibió en su consultorio. Afortunadamente, mi tobillo no estaba fracturado, pero había tenido un esguince de primer grado que me impediría poder continuar con mis prácticas. Me dijo que tendría que guardar reposo por lo menos dos semanas para la recuperación de mi tobillo y que ello, no aseguraba que regresaría a la normalidad del todo. Yo me encontraba sentada en una vieja y lujosa silla, justo frente a él, con el tobillo vendado y puesto en alto sobre un pequeño banco que estaba en la sala. Al escuchar la noticia, no pude ser capaz de tomarla de buena forma. Mis sueños e ilusiones se desmoronaron en un abrir y cerrar de ojos.
──¡¡¡¿CÓMO DEMONIOS PUEDE DECIR SEMEJANTE TONTERÍA?!!! ──. Estallé tratando de ponerme, inútilmente de pie──. ¡Tengo que presentar una coreografía en un mes! No puedo quedarme en reposo, ¡TENGO QUE ESTAR PRACTICANDO! ──Pedro y Nina se acercaron de inmediato hacia mí para tratar de calmarme, pero yo era un manojo de nervios. Me encontraba llorando y forcejeando de forma exagerada──. ¿Dónde esta esa maldita? ¡voy a sacarle los ojos! ¡TODO ESTO ES SU CULPA!
Me encontraba realmente mal, no solo físicamente, sino también emocionalmente. La felicidad me había durado tan poco que casi parecía falsa. En el estado en el que me encontraba era realmente difícil que pudiera logra pasar la audición. Para la anterior, practiqué diariamente por casi más de un mes y aun así sentí que me había faltado algo para sentirme satisfecha con mi desempeño. Sin embargo, esta vez, mi puesto en aquella escuela estaba cada vez mas lejos de volverse realidad. sentí demasiada frustración, tristeza, decepción y, sobre todo, odio. Quería golpear a Claudia. Quería sacarle los ojos y romperle las piernas. Quería hacerle el mayor daño posible, después de todo, se lo merecía, ¿cierto?
Al llegar a casa, las cosas siguieron en verdad deprimentes. En el transcurso del camino, Nina no pudo ser capaz de decirme ni una sola palabra y yo lo preferí así. No obstante, al llegar a casa, lo primero que pasó fue que mi familia me recibió con el terror reflejado en sus rostros. Mi prima se había encargado de informarles sobre lo ocurrido y era evidente que mi estado los alteró. El medico me presto un par de muletas que me servirían para moverme en el transcurso del mes, aunque me advirtió que solo debería de usarlas en casos de emergencia pues lo preferible era que tratara de no exigirle mucho a mi cuerpo. Sé que mi familia trataba de hablar, pero no encontraron las palabras exactas para poder ayudarme, de modo que optaron por tratar de ayudarme a entrar a la casa y ser lo más condescendientes que pudieron conmigo. Acondicionaron tanto la sala, así como mi habitación para que pudiera sentirme cómoda y me dijeron que no dudara en pedir lo que sea ya que ellos se encargarían de cumplir con ello. Sin embargo, mis ánimos estaban por los suelos. ¿Qué caso tenía? Ya sentía que todo estaba perdido.
La felicidad solo jugaba conmigo. Se acercaba a mi de forma intermitente, pero no tenía deseos de ser permanente en mi vida. Me resigne a ello, pues las experiencias que había vivido hasta ese entonces me habían hecho perder la fe en todo.
Es que simplemente no era justo. ¿Por qué tenia que ser yo quien se esforzara siempre el doble? ¿Por qué para los demás era tan fácil? ¿Por qué? No me merecía eso. La vida me debe cientos de buenas noticias. Me debe cientos de oportunidades y no tiene derecho a reclamarme nada. No puede decir que no me esforcé. No puede decir que no di todo de mi e incluso más que eso. ¡NO PUEDE! ¡NADIE PUEDE! Porque desde el momento en que nací, no he hecho otra cosa más que luchar. Luchar por mantenerme con vida, luchar por salir adelante y demostrarme que no sobro. Porque escuche demasiadas veces a los demás decir que yo sobraba o que no era necesaria y llego un punto en mi vida en el que me harte de ello. Decidí no volver a llorar y darles la satisfacción de decir que tenían razón respecto a quien soy las cosas que puedo lograr. ¡Me puse de pie yo sola! Y avancé por el camino sin ninguna clase de brújula. Cometí mis propios errores y aprendí de ellos por mi cuenta.
Las personas me ven como una chica ruda que hace todo sola. Creen que no me gusta pedir ayuda y que puedo hacer cientos de cosas a la vez. Lo que ninguno de ellos sabe, es que estoy cansada de pedir ayuda y no recibirla. Estoy cansada de gritar para suplicar por un poco de atención y ver como simplemente soy ignorada. Me tratan como a una inútil y no deberían, pues hasta ahora, no hay un solo problema que no haya sido capaz de resolver yo sola, ya sea mío… o incluso suyo.
Les consta, lo saben, pero fingen no hacerlo. Me tratan como si fuera su maldito payaso y mis problemas para ellos no son más que chistes. Restriegan sus triunfos en mi cara y resaltan mis fracasos. Y eso duele. Duele mucho pero ya no me detiene, a estas alturas, ya no hay nada que lo haga.