Capítulo 4 — Pensamientos dolorosos.

1170 Words
Piper: Una semana entera castigada y desde ahí no había vuelto a hablar con Rakish. El único que había estado cerca de mí era Blake. —Rakish me ha hecho polvo. Maldito lobo, me odia por lo que pasó contigo. Cada vez que venía de entrenamiento sus palabras me hacían sentir muy mal pero luego él hacía que lo olvidara haciéndome reír. No sé porqué Rakish no había ido a mi habitación sabiendo que yo estoy castigada. —¿Será que no me hecha de menos? —¿De quién estás hablando? La voz de Blake me hizo dar un respingo. Estaba tan sumergida en mis pensamientos que ni siquiera noté que él se acercaba. —Yo… hablaba de mi madre y mis hermanos. Ya pasaron muchos días en España —mentí descaradamente sintiendo como mis mejillas se ruborizaban. Sentí que Blake se quedaba en silencio mirándome como si sospechara de mi mentira. —Todos te echan de menos, no debes ni siquiera dudarlo. Yo asentí volviendo a distraer mi cabeza con pensamientos sobre Rakish. Puede que me tenga lástima y el pensamiento me hace estremecer de inmediato. Sin embargo no hay nada que me indique que siente eso por mí. Quizás lo esté exagerando todo. —¿Estás lista para empezar la escuela? Definitivamente es el peor castigo que pudo darte tu padre. Yo estudiaba en casa. Mi madre es mi profesora. Se instruyó con el Braille para darme la mejor educación que pudo a medida de que crecía pero mi padre decidió ahora que debía ir a una escuela de verdad a graduarme. No sé dónde consiguió esta escuela especial para personas invidentes cerca del pueblo pero lo hizo. —No creo que sea un castigo. Creo que papá quiere que socialice un poco. Estoy algo nerviosa pero emocionada. Siempre quise ir a estudiar a una escuela. —Mira que eres rara —se burló Blake y yo golpeé su brazo haciendo que los dos riéramos. Las personas nunca aprecian lo que tienen y es por eso que las cosas más sencillas, como ir a la escuela, para otros como yo eran muy importantes. Además cumpliré mis dieciocho años y no puedo dejar de pensar en mi compañero. ¿Y si está cerca? ¿Me rechazará en cuanto sepa que soy invidente? El dolor me quema pero apartó esa idea y una nueva se cuela enseguida. Solo que esta es más peligrosa que la anterior. No puedo evitarlo. ¿Y si Rakish es mi compañero? ¿Cuán estúpido es eso? Aunque ciertamente estoy segura que él no reaccionaría bien. Nadie lo haría. No se trata solo de la diferencia de edad entre nosotros, ni que Rakish sea el Gamma de mi padre, sino que además es su mejor amigo. Además, estoy segura de que si eso llegara a ocurrir, Rakish me rechazaría sin pensarlo. El pensamiento es doloroso, no puedo negarlo pero yo misma sé que es verdad. —Venga, no te aflijas. Yo voy a ayudarte en lo que pueda. Además, estoy seguro que tu madre en cuento se entere pegará el grito al cielo. –Lo sé Blake, sé que tú me ayudarás, pero también sé que mamá apoyará a mi padre. Mi amigo me abrazó y yo difuminé todos esos pensamientos impertinentes de mi cabeza. * Mordisqueé mi labio inferior levantándome de la banca donde había estado para ir al árbol de manzanas más alejado de la casa. Gracias a Dios las frutas siempre están tan bajas que podía alcanzarlas sin ayuda y enseguida tomé una y tiré de esta para arrancarla del árbol, eso hice con unas cinco más y pronto sonreí por mi adquisición. Haría un pay de manzanas, el que tanto le gustaba a mi padre. El mismo que siempre enloquece al verme cocinar, nunca estoy sola pero él parece no entenderlo. Escapé de mi encierro porque estaba nerviosa, mañana iría por primera vez a una escuela al fin. —Le pediré a Christie que me ayude y que además grabe un video para que mi padre de una vez por todas me crea —murmuré para mí misma. Una vez que las guardé todas en la bolsa que había traído conmigo comencé a escuchar un par de voces venir hacia aquí. Por alguna razón me escondí detrás del tronco grueso del árbol el cual estaba segura que cubriría todo mi cuerpo. Instantáneamente supe a quien pertenecía la voz más cuando él volvió a hablar, esta vez peligrosamente cerca. —No. El gruñido me hizo dar un salto enseguida y fruncí el ceño al escuchar ese tono de voz por parte de Rakish. Un tono que jamás lo había escuchado usar cerca de mí. De hecho, aunque su voz es meramente masculina, aterciopelada y peligrosa, a mí siempre me hace sentir tan bien. — ¡¿Por qué Rakish?! ¡Ya es hora de que te establezcas! ¡Tú compañera no va a aparecer por ahí de la nada! ¡Llevas siglos esperando! Escuché como ella dio un paso en su dirección y probablemente lo tocó. No sé por qué me molesta tanto el pensamiento. Los lobos son muy sexuales y cuando no tienen a sus compañeras simplemente están con las lobas que estén disponibles y quieran aparearse o eso había escuchado de las chicas del servicio más jóvenes. Apreté mi mandíbula además de que sentí el escozor en mis ojos de manera repentina. Normalmente los lobos solo tienen hijos con sus compañeras pero no en todos los casos sucede, como por ejemplo el caso de mis abuelos. Ellos tuvieron a mi padre sin embargo cuando mi abuela encontró a su compañero dejó a mi padre con mi abuelo Nicholas. Esa era otra característica lobuna que nunca entenderé. Yo jamás tendría corazón para dejar a mi cría por un hombre, eso sería como si me arrancaran el corazón. La manzana se clavó en mi pecho cuando la apreté contra este sin embargo no le presté demasiada atención, me centré en lo que esa mujer estaba diciéndole a Rakish. —Hemos estado juntos por un tiempo, sabes que nos complementamos. He venido a esta manada por ti, estamos hechos el uno para el otro, eres mío y yo tuya —susurró la loba y una lágrima furtiva escapó de mis ojos. No pude soportarlo por más tiempo. Gracias a Dios el viento soplaba en contra y eso sumado al aroma del manzano había bloqueado mi aroma para no ser descubierta. Trato de ser sigilosa. Y lo soy, afortunadamente. Me escabullí entre la maleza sin ser vista ni por Rakish, ni por esa loba. No obstante el dolor en mi interior no desapareció, lejos de eso, se hizo más fuerte. —No sé qué me está pasando, pero no voy a permitir que me duela. Es absurdo. Apreté mis labios y dejé tirada las manzanas en la cocina, de todas maneras, ya no tenía ganas de cocinar nada. En cuanto a Rakish... —¿Qué puedo hacer yo? Absolutamente nada, que tonta he sido.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD