Capítulo 4 "No lo recuerdo"

1648 Words
Un fuerte dolor de cabeza se hizo presente cuando entorne los ojos, me tomé con ambas manos la cabeza y solté un quejido mientras hacía un poco de presión. Menuda noche de mierda, debo de admitir que fue divertido, bastante divertido una vez que aparecieron aquellas chicas, pude ver a Peter por primera vez en su vida tratando de ser el ligón del grupo y a Bruce impactado por una nerd que no solamente hablaba de matemáticas. Me pude dar cuenta de que esa chica, a la que le había lanzado el café encima, es fabulosa. Con unas copas más encima no dejaba de reírse con sus mejores amigas y el recuerdo de su sonrisa por alguna extraña razón me provoca algo que no sé como debería de explicar, es la sonrisa más hermosa que nunca antes había visto, una sonrisa que ilumina todo a tu alrededor, pero que está llena de tristeza. Bebimos tanto que en algún momento mientras bailábamos en la pista empecé a sentirme mareado, recuerdo que ella me acompañó fuera a tomar un poco de aire, pero si me preguntan que fue lo que pasó después no puedo dar una explicación. Me siento sobre la cama, me froto los ojos y trato de adaptarme a la poca luz que entra por la ventana, el puto dolor de cabeza no deja de recordarme que me excedí en todos los sentidos. Entonces escucho un quejido a mi lado, mis ojos se abren por completo y al darme la vuelta me encuentro con esa chica, la misma a la que le había lanzado el café. Me doy cuenta de que no lleva ropa puesta, miro mi cuerpo y tampoco la llevo, no necesito ni siquiera preguntarme que fue lo que hice, porque tengo en claro que había cometido el peor error de mi vida. Con prisa tomo la ropa en el suelo, me coloco el bóxer y busco en los bolsillos del pantalón mi celular. Una vez que lo encuentro me encierro en el baño, no solamente es que es tarde para ir a la oficina, sino que también tengo llamadas perdidas de Melián, seguramente esta sería otra razón para que se moleste conmigo, pero luego de lo que hice ni siquiera debería de pensar en ello. Escucho otros quejidos, respiro profundamente y me armo de valor para salir de la habitación, cuando lo hago me encuentro con el rostro de esa chica que me mira como si hubiera visto un fantasma aparecer por la puerta. —Esto no puede ser posible —dice en un susurro que alcanzo a escuchar, la veo arrugar el rostro y relame sus labios. Me mantengo en silencio por qué la verdad no tengo la menor idea de que debería de decirle, además me encuentro mentalmente en un conflicto, solamente puedo pensar en Melián, que no sé como le explicaré el hecho de que acabo de amanecer con otra mujer en la cama. Ella se envuelve en la sabana, la veo que recoge del suelo su ropa y sin siquiera pedirme autorización pasa a mi lado para entrar al baño. Me vuelvo a sentar en la cama, nuevamente mi celular comienza a sonar, veo el nombre de ella en la pantalla, pero ahora mismo hasta que no me libre de esta chica no puedo atenderla. Tomo ropa limpia del armario, aunque sea quiero ponerme ropa limpia, no podría ponerme la ropa que huele a alcohol una vez más. Cuando esta chica sale del baño se ve un tanto más diferente, con el cabello arreglado, sin una gota de maquillaje y lista para lo que parece ser irse. —Mira, no sé como le hiciste para convencerme de traerme a este sitio, no recuerdo que fue lo que sucedió, pero esto definitivamente fue un completo error —asegura de brazos cruzados— No sé qué pienses al respecto y tampoco me importa en lo más mínimo, si en alguna otra ocasión volvemos a cruzarnos puedes fingir que nunca me has visto en tu vida. Nunca había visto a una mujer en una postura tan fría, pero sobre todo me parece una maleducada, no puede ir diciéndole a la gente algo como “Me importa una mierda lo que pienses o sientas” Que es básicamente lo que quiso decirme. Estaba a punto de abrir la boca para decirle que se puede ir cuando guste, que no tengo intenciones de volver a hablar con alguien como ella, cuando tocan a la puerta, escucho del otro lado a Melián, que dice mi nombre e intenta abrir la puerta que al parecer yo le había pasado el seguro. La chica cruza miradas conmigo, alza una ceja con un gesto de inconformidad, como si supiera exactamente lo que está sucediendo y no dudo ni un momento, le cubro la boca para que no pronuncie ni una palabra. Ella intenta zafarse, la pego contra la pared para que no pueda hacerlo y mientras pienso en que puedo hacer le susurro. —Quédate callada, por favor, tampoco recuerdo lo que pasó, pero necesito que te escondas, esto puede arruinar lo más importante de mi vida —digo mirándola directo a los ojos, a lo que ella asiente. Aun cubriéndola de la boca la dirijo al baño, ella entra y a mí me toca improvisar, me quito la ropa que llevo puesta rápidamente, me aloco el cabello. Entonces coloco mi cara de dormido lo más creíble posible, camino a la puerta y abro para toparme con el rostro de sorpresa de Melián. —¿¡Por qué carajos no me respondes Ezra!? ¿¡Tienes idea de lo preocupada que me encontraba!? —entra a la fuerza a mi habitación. La veo registrarla con la mirada, lo bueno es que se filtra poca luz por las ventanas y que nos encontramos en penumbras, al menos así no se dará cuenta de algún detalle que se me haya escapado. —Así que apenas te estás despertando, aún no puedo creer que te hayas ido de fiesta con tus amigos el día que debía de ser especial para ambos —dice en un tono de voz lleno de tristeza dejándose caer sobre los pies de la cama— Me decepciona. —Ni siquiera me quisiste escuchar, estuve tratando de decirte que tenía algo preparado para ambos, pero te cegaste tanto en lo mismo de siempre Melián, no puedo estar todo el tiempo cumpliendo tus caprichos —suelto un gran suspiro. —¿Entonces crees que son caprichos? —pregunta con sus ojos acuosos— Ezra desde que comenzaste a trabajar con tu padre no podemos vernos prácticamente, eres el heredero de esa empresa, el CEO, alguien puede hacer parte de tu trabajo y tu tener un poco más de libertad. —Sé que no puedes entenderlo, pero a mí me gusta mi trabajo, me gusta esforzarme y sentir que me lo estoy ganando, que le sirvo de algo a la empresa —digo un tanto triste por sus palabras. Ella jamás lo entiende, no entiende que todo mi esfuerzo no es solamente por mí o por la empresa, sino porque también quiero que nuestro futuro sea bueno, que más adelante podamos vivir cómodamente con cosas que me las haya ganado y pueda sentirse orgullosa del hombre con el que desea casarse. —También es por ti, quiero que te sientas orgullosa de que el hombre que un día será tu esposo consiguió sus cosas por mérito propio y no solamente por una herencia —me paso las manos por el cabello y me siento a su lado— Sé que en estos momentos es difícil, esto apenas está comenzando, pero para eso somos una pareja, se supone que debes de apoyarme en mis sueños y proyectos, puede que ahora no haya tanto tiempo, pero más adelante lo habrá. —Ezra, no es que no te entienda, lucho día a día para ponerme en tu lugar, pero necesito que de vez en cuando te coloques en el mío y que comprendas que también me hace falta, que de vez en cuando me hagas sentir como antes lo hacías, que me des tu atención —se quiebra y las lágrimas empiezan a salir. La rodeo en mis brazos y le acaricio el cabello, entonces de repente toma distancia con el ceño fruncido. Me quedo mirándola sin entender que es lo que le sucede, ella se pone de pie, camina hasta la ventana, abre las cortinas de repente y se vuelve a aproximar. Me pongo nervioso, ella me hace girar el rostro y pasa sus dedos por mi cuello. Luego se aleja un par de pasos, camina por la habitación, huele una de las almohadas y la veo que se queda viendo fijamente la cama. —Estuviste con otra mujer aquí —dice sollozando— Tienes un chupetón en el cuello, la almohada huele al perfume de otra mujer y hay un arete aquí que no me atrevo ni tocar, no puedes negármelo. Me quedo paralizado, presiono mis ojos con fuerza y suelto un suspiro bastante audible. Ahora acababa de perderlo todo, así en cuestión de segundos por no haber escuchado lo que me decía mi corazón ayer, no tendría que haber salido, no tendría que haber ido a aquel club. —¿Quién es? Quiero que me lo digas, que me digas quién es la mujer que ha estado contigo —dice entre lágrimas y se aproxima— ¿¡Es por ella que no has querido verme en este tiempo!? —No, deja de decir tonterías —digo mirándola directo a los ojos— Te juro que solamente fue un error, ni siquiera puedo recordarlo Melián, tienes que creerme. —No me mientas Ezra, me acabas de romper el corazón, espero al menos que puedas ser sincero conmigo, que me digas con quién me has estado engañando, es lo mínimo que merezco.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD