La boda.

770 Words
Nunca imaginé que la voz del sacerdote pronunciando mi nombre —o mejor dicho, el de mi hermana— pudiera sentirse como una sentencia. Estoy casada. Con Marco Beltrán. Y no tengo idea de quién es realmente ese hombre. El vestido blanco ya no me pesa como una condena, sino como una jaula. Me aprieta el pecho, me asfixia. Lo mismo que su mirada: esos ojos grises que, desde que entré a la iglesia, me siguen con una intensidad casi perturbadora. No hay dulzura en él. Solo cálculo. Me besa. Un roce frío, milimétricamente medido. No es ternura. Es control. Y luego, en el auto, el silencio entre nosotros se vuelve insoportable. —No eres Sofía —dice, de pronto. No es una pregunta. Es un veredicto. Me giro lentamente hacia él. —¿Entonces por qué no lo detuviste? —Porque necesitaba una esposa. Y tú apareciste como una solución inesperada. Su tono es casi amable. Casi. —¿No te importa que te hayan mentido? Una sonrisa apenas perceptible curva sus labios. —Me importa más lo útil que puedes ser. Mi estómago se revuelve. —¿Útil? —Eres bioquímica, ¿no? Inteligente. Discreta. Leal, por lo que veo —murmura mientras entrelaza los dedos—. Me vendrás bien en muchos sentidos. —¿Qué estás diciendo? Él se inclina hacia mí. Su voz baja, firme, sus ojos atrapándome como una red. —No me interesa el amor, Anastasia. Me interesan los resultados. Sofía era un adorno bonito, pero tú… tú puedes ser más valiosa. Si sabes obedecer. —¿Obedecer? —No me hagas repetirlo. Aparto la mirada, temblando por dentro. ¿Qué clase de hombre es Marco? ¿Qué se esconde detrás de esa fachada elegante y de su traje a la medida? —¿Y Maximiliano? —me atrevo a decir, sabiendo que debería quedarme callada. Su mirada se endurece como piedra. —Mi hermano es impulsivo. Inmaduro. No te conviene pensar en él. No responde con celos… responde con autoridad. —No tienes derecho a decirme qué pensar. —Ahora soy tu esposo —me interrumpe, sin alzar la voz pero con una amenaza latente—. Tengo más derechos de los que crees. Mi garganta se cierra. Ya no estoy caminando sobre cáscaras de huevo. Estoy parada al borde de un abismo. Llegamos al hotel donde se celebra la recepción. Marco me ofrece su brazo como si todo fuera normal, como si no acabara de declarar su dominio sobre mí. En público, su sonrisa es impecable. El yerno perfecto. El heredero inquebrantable. Todos lo adoran. Pero yo… yo ya vi lo que hay detrás de la máscara. Durante la cena, no me deja sola ni un segundo. Me toma de la cintura con fuerza, susurra cosas al oído que nadie más puede escuchar. —No sonrías tanto, podrías parecer enamorada. —¿Eso sería un problema? —Para ti, sí. No quiero que confundas tus funciones, esposa. Respiro hondo. No voy a llorar. No frente a todos. Cuando al fin termina la farsa, volvemos a la suite. Entro en silencio, esperando que se encierre en el baño, que me deje sola. Pero no. Cierra la puerta tras de sí y se apoya en ella, mirándome fijamente. —¿Sabes qué es lo que más me molesta de todo esto? —pregunta. —¿Qué? —Que no me lo hayas contado tú. Que hayas entrado a esta farsa con los labios sellados y el vestido blanco bien planchado, como si fueras una santa. —No tuve opción —replico, elevando la voz. Él se acerca. No me toca, pero su cercanía basta para helarme. —Tienes opciones ahora. Puedes seguir fingiendo que eres una víctima… o adaptarte y aprender. Yo puedo convertirte en alguien poderosa, Ana. Pero también puedo destruirte si me traicionas. Sus palabras caen como cuchillas. —¿Estás amenazándome? —Estoy diciéndote la verdad. Y te conviene recordarla. Se aleja con paso tranquilo, abre una botella de whisky y sirve dos vasos. Me ofrece uno. —Por nuestra unión —dice. No brindo. No tomo. Solo lo miro. —No me toques esta noche —le advierto. Marco bebe su whisky de un trago. Luego me mira, más serio. —No lo haré. Pero no porque tú me lo ordenes… sino porque hoy no me interesa. Se da media vuelta y entra en la habitación contigua. Cierra la puerta, y me deja sola. Me desplomo en la alfombra, sin aliento, con los dedos aún fríos por el miedo. Estoy casada con un hombre peligroso. Y no tengo escapatoria.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD