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1001 Words
Buscando Orientación La luz tenue del reloj digital marcaba las 02:13 a.m. cuando Nicholas se dejó caer contra el respaldo de la cama, su pecho aún subiendo y bajando de manera errática. El retrato en la repisa, apenas visible en la penumbra, parecía observarlo con una intensidad perturbadora. No podía ignorarlo más. Las pesadillas lo estaban destruyendo. Las imágenes eran cada vez más reales, más brutales, y ahora… ahora había rostros, voces, nombres. Elise. Langley. Cedric Kingsley. Todo era un caos…Langley, como el apellido de su madre… Elise… La mujer de su sueño le gritaba a él, lo llamaba Cedric, a él… No había otro hombre cerca, estaba seguro… Aún podía escuchar su voz llena de dolor y desesperación al llamarlo mientras la alejaban de él. Cedric… Cedric… Su respiración aún temblaba mientras extendía la mano hacia el celular que descansaba en la mesita de noche. Dudó por un instante, observando su reflejo en la pantalla apagada del aparato. Se veía agotado, los ojos hundidos, la mandíbula tensa. ¿Llamarlo era lo correcto? “Henry no se va a sorprender”, se dijo a sí mismo. Había sido su psicólogo durante años. Lo mantuvo estable y conectado a tierra desde que sus padres murieron en un accidente automovilístico cuando él era un niño, el doctor Henry Banks había sido más que un psicólogo: había sido un confidente, un ancla en medio de un océano turbulento. Apretó el botón para desbloquear el teléfono y buscó su número en los contactos. No fue difícil encontrarlo. Lo había marcado tantas veces antes que sus dedos lo seleccionaron automáticamente, como si fueran un reflejo condicionado. El tono comenzó a sonar, grave y pesado, llenando el silencio de la habitación. - Nicholas. - La voz de Henry, profunda y calmada, respondió al segundo tono, como si ya estuviera esperando la llamada. - Lo siento, sé que es tarde. - La voz de Nicholas era baja, casi un murmullo, pero cargada de tensión. - ¿Dormir? ¿A esta hora? No digas tonterías. - El tono de Henry tenía un toque ligero de sarcasmo que logró arrancarle una mínima sonrisa a Nicholas, aunque efímera. - Tengo que hablar contigo. Es... importante. - Claro. Cuéntame, ¿Qué está pasando? Nicholas pasó una mano por su cabello desordenado, intentando ordenar sus pensamientos. No quería sonar como un lunático, pero no podía seguir ignorándolo. - Son pesadillas, Henry. - Se detuvo un momento, tragando saliva antes de continuar - Llevan semanas, meses, volviéndose más intensas. Pero no te lo había dicho antes porque pensé que... no sé, que se irían. Hubo una pausa al otro lado de la línea. No era un silencio incómodo, sino uno calculado, uno que invitaba a seguir hablando. - ¿Y de qué se tratan esas pesadillas? - preguntó finalmente Henry – Son las mismas que me has comentado. Nicholas cerró los ojos. El disparo, la sangre, el grito de Elise. El rostro frío y despiadado de Langley. Todo volvió a él con la fuerza de una ola que lo ahogaba. - Es como... como si no fueran solo sueños. - Sus palabras salieron atropelladas, llenas de confusión- . Es demasiado real. Siento el dolor, el frío, la tierra bajo mí. Veo a esta mujer, escucho su voz... Elise. - ¿Elise? - La voz de Henry era neutral, pero Nicholas podía imaginarlo inclinándose hacia adelante en su sillón de cuero, ese que ocupaba durante las sesiones. - Sí, ese es su nombre. Elise. - Nicholas exhaló con fuerza, su voz cargada de frustración- . Y lo peor es que... está conectado con este proyecto en el que estoy trabajando. Es sobre la familia Kingsley, Henry. Hay un retrato, uno que he visto en mi vida real, pero también en las pesadillas. Es como si... Se detuvo. ¿Cómo podía explicar lo inexplicable sin sonar como un loco? - Como si estuvieras conectado a esa historia de alguna manera. - Henry completó su pensamiento con suavidad. Nicholas dejó escapar una risa seca. - Eso suena ridículo, incluso para mí. - Nicholas, ¿Alguna vez has considerado que tu mente podría estar usando este trabajo como una forma de procesar algo? - Henry hizo una pausa breve, dejando que sus palabras calaran - Has pasado por muchas cosas: la pérdida de tus padres, las expectativas familiares, tu dificultad para conectar con los demás. Quizás estas imágenes, estos sueños, son un reflejo de esas luchas internas. Nicholas negó con la cabeza, aunque Henry no podía verlo. Había algo más. Lo sentía en lo más profundo de sus huesos. Esto no era solo estrés o una respuesta psicológica a sus problemas. - Tal vez tengas razón. - Las palabras salieron como una mentira forzada. - Eso es un avance. - El tono de Henry se suavizó- . Pero necesitamos hablar más sobre esto. Te estoy viendo mañana en mi consultorio, ¿cierto? - Sí. - Nicholas exhaló lentamente, su cuerpo comenzando a relajarse ligeramente al saber que tendría un espacio para desentrañar esto, aunque dudaba que la terapia pudiera darle todas las respuestas que buscaba. - Mientras tanto, intenta descansar. - La voz de Henry tenía un dejo de ternura paternal- . Y, Nicholas... no te castigues por soñar. A veces, incluso las pesadillas pueden mostrarnos algo importante. Nicholas asintió, aunque la duda seguía pesando en su mente. Colgó el teléfono y se dejó caer de nuevo en la cama, su mirada fija en el techo. No podía ignorarlo más. Elise, Cedric, Langley... Todo estaba entrelazado y el retrato era la clave Tenía que saber quien era Elise…Debía haber algún registro, algo que le ayudara a saber su nombre y quien era ella para provocar las emociones que sintió cuando la alejaban de él y el saber que estaba muriendo sin poder protegerla ¿Y Laura? ¿Qué papel jugaba ella en todo esto? Cerró los ojos, sabiendo que no encontraría paz, pero al menos tenía un plan: enfrentarlo, comprenderlo y si era posible, ponerle fin.
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