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1923 Words
Una Razón Recuerdos e Imágenes El aire estaba pesado en la habitación, la calidez de la noche envolvía a los dos en una quietud extraña, mientras el susurro de la respiración compartida llenaba el espacio. Nicholas, ahora sumido en la hipnosis, sintió cómo su cuerpo se relajaba y la mente se sumía en el recuerdo de algo profundo, algo olvidado. En ese trance, la habitación se desvaneció y con ella, la realidad se disolvió. Era otra época, otro momento. Él estaba en su habitación, en su cama, junto a Elise. La joven mujer de cabello claro y ojos llenos de un amor desesperado se encontraba entre sus brazos. A lo lejos, el sonido del viento filtrado a través de las cortinas era lo único que rompía el silencio. La suavidad de su piel, el calor de su cuerpo pegado al suyo, le daban una sensación de pertenencia. Cedric abrazaba a Elise por detrás, las sábanas cubriendo apenas sus cuerpos desnudos. La cercanía era absoluta, sus respiraciones se entrelazaban y, por un momento, no había nada en el mundo más importante que ese contacto. La sintió moverse inquieta y la abrazó contra su cuerpo disfrutando de su aroma y su calor. - Elise… Duérmete… Estoy contigo, Elise. - murmuró él antes de cerrar los ojos y dejarse caer nuevamente en el letargo - Los sirvientes no han llegado. Tenemos tiempo para dormir un poco más. - Cedric… - Shhhh. - le dijo rodeando su cintura para acomodarla junto a él. Pero entonces, algo cambió. Al mover su mano por su vientre, Cedric notó un pequeño bulto. Algo sutil, casi imperceptible, pero suficiente para que su corazón latiera con fuerza. La suave curva de su abdomen era algo nuevo, algo que no había visto antes, algo que había estado ahí siempre, pero él no había reconocido hasta ese instante. Elise respiró hondo y él sintió como su cuerpo se tensaba, una tensión que se transformó en una rara quietud. - Elise… - susurró Cedric, como si estuviera buscando respuestas en el silencio de la habitación. - ¿Qué está pasando? ¿Por qué no me lo dijiste? Elise, con la mirada fija en más allá de la cama, se giró un poco para mirarlo. Sus ojos estaban llenos de una mezcla de tristeza y amor, pero también de una profunda angustia. - Me enteré hace unos días, Cedric. Pedí que el doctor Banks viniera a revisarme. Llegara después de la boda. - Sus palabras fueron suaves, casi una confesión. - Lo sabía, pero no quería que te preocuparas hasta presentar los documentos... Cedric se quedó paralizado por un momento. El peso de sus palabras cayó sobre él como una ola imparable. Su mano descendió lentamente por el vientre de Elise, tocando esa pequeña protuberancia, como si intentara comprender lo que sentía. - Estás embarazada… - dijo con la sorpresa, el miedo y la admiración bailando en su voz. La sorpresa de descubrir algo tan profundo, tan imprevisto, pero también la necesidad de protegerlo. El bebé, el hijo de ellos dos, representaba todo lo que él deseaba. Su futuro. La seguridad de su linaje. Un futuro que necesitaba ser cuidado. Elise asintió lentamente y Cedric, con una mezcla de amor y desesperación, la abrazó más fuerte, como si el simple contacto pudiera proteger a su hijo, a su familia, de los peligros que ya se cernían sobre ellos. - Todo estará bien… - le dijo ella, su voz quebrada. - El futuro de este bebé... era lo único que importa. Cedric, este hijo es nuestra esperanza. En ese instante, la emoción lo sobrecogió. Cedric, quien siempre había sido un hombre de acción, un hombre que se había enfrentado a tantos peligros, ahora se encontraba completamente vulnerado por una sensación que no podía controlar. - Lo protegeré, Elise. Nada ni nadie nos lo podrá arrebatar. Elise se acurrucó más cerca de él, su rostro rozando la suavidad de su pecho. - Promételo… - Te lo prometo… - Cedric murmuró, casi en un suspiro. Su promesa resonó en la habitación, una promesa cargada de amor, pero también de temor. Sabía que la amenaza de Langley siempre había estado presente y ahora, con el bebé, todo tomaba una nueva dimensión. En ese momento, Cedric entendió que no sólo estaba protegiendo a Elise. Estaba protegiendo a su familia, a su futuro y a algo que, aunque pequeño en el vientre de su esposa, sería su salvación. El bebé sería la clave, el único capaz de asegurar que el legado de los Kingsley permaneciera intacto. - El futuro de la casa Kingsley está entre tus brazos. - Elise le dijo, casi como una advertencia. Cedric cerró los ojos y apretó los dientes. No permitiría que nada sucediera a su familia. A su hijo. A Elise. Estaba dispuesto a luchar con todo lo que tenía para asegurarse de que el legado que él había comenzado, el legado que Elise llevaba en su vientre, no cayera en manos equivocadas. Pero entonces, el sonido del viento se detuvo. La imagen se desvaneció lentamente, como si todo se desmoronara a su alrededor. Nicholas, aún envuelto en ese sentimiento, intentó sostener a Elise, pero ella se desvaneció entre sus brazos. La habitación estaba en penumbra. Los ecos del mundo exterior parecían desvanecerse mientras Nicholas acostado en el cómodo sillón de cuero, ignorante de la opresión de la atmósfera a su alrededor y Henry Banks, el psicólogo, que se encontraba frente a él, observando con una mirada tranquila, pero incisiva sus acciones. La lámpara titilaba suavemente, proyectando sombras que danzaban sobre las paredes, mientras el silencio se volvía pesado. - Respira profundamente, Nicholas. Deja que tu cuerpo se relaje. Cierra los ojos, concéntrate en mi voz. Nicholas asintió lentamente, su respiración se volvía más pesada con cada exhalación. - Estoy contigo, solo déjate llevar. - La voz de Banks era suave, pero segura. Nicholas con los ojos cerrados dejó que su conciencia flotara, suspendida en un espacio sin tiempo, hasta que, de repente, su mente se llenó de imágenes: Elise en la mansión, tomando té, hablando con él sobre el futuro. Había una sonrisa en su rostro, pero también una cierta preocupación que había pasado desapercibida para él. Los recuerdos de su vida juntos, aunque breves, comenzaban a entrelazarse con las piezas faltantes de este rompecabezas. Un hijo. El pensamiento resonó en su cabeza como un eco. El hijo de Cedric, su sangre, el futuro de la familia Kingsley. Él había visto el dolor y la incertidumbre en los ojos de Elise, pero nunca entendió completamente la gravedad de la situación. ¿Cómo pudo no haberlo notado? Ahora todo tenía sentido: Elise no solo había estado luchando por su propia vida, sino por la supervivencia de su hijo y Cedric sabía que debía protegerlos. Nicholas respiraba de forma entrecortada, su pecho subía y bajaba mientras sus manos se aferraban a la superficie del sofá. Banks lo observaba con atención, atento a cualquier signo de angustia extrema, pero Nicholas parecía completamente inmerso en la escena, atrapado en el pasado que estaba desentrañando. - Describe lo que ves, Nicholas. Sin apresurarte, dime qué hay a tu alrededor. - Es mi escritorio... el escritorio de Cedric. - Su voz era un murmullo, más grave, más cargada de una emoción densa que parecía arrastrarlo. La Llave El despacho La imagen en su mente se aclaró. Nicholas, ahora Cedric, estaba de pie junto a un amplio escritorio de caoba, la superficie ordenada con una precisión obsesiva. Un tintero de plata y una pluma se encontraban alineados al borde derecho, mientras que un cuaderno de piel descansaba en el centro. La luz del atardecer se filtraba por las ventanas altas, bañando el despacho en un cálido resplandor dorado. Con movimientos rápidos pero cuidadosos, Cedric se inclinó hacia el lateral del escritorio, donde sus dedos buscaron una pequeña protuberancia oculta en la madera. El panel lateral parecía liso, pero sus dedos, acostumbrados al escondite, encontraron la ranura que buscaban. Presionó con precisión, y un suave clic resonó en la habitación. Un cajón secreto se deslizó hacia afuera, apenas visible, disimulado entre las finas líneas de la madera. Cedric miró a su alrededor, sus ojos oscuros y alertas, como si temiera ser descubierto. Dentro del compartimiento había una llave pequeña, de diseño intrincado, claramente hecha a medida. Cedric la sostuvo entre sus dedos, girándola una vez bajo la tenue luz. Era ligera, pero su peso simbólico era abrumador. Esta llave no solo abría una cerradura; era la entrada a un secreto que protegía con su vida. Bajo la llave había un paquete de documentos cuidadosamente atados con un lazo de cuero. Cedric tomó los papeles y los extendió sobre el escritorio. Nicholas podía ver los bordes amarillentos y el texto escrito con una letra firme, aunque apresurada. - Desfalco… - susurró Nicholas en voz alta, su voz tensa mientras describía las imágenes fragmentadas que surgían en su mente. Cedric revisaba los documentos uno por uno, su ceño fruncido y sus ojos ardiendo con una mezcla de rabia y desesperación. Los papeles contenían listas de bienes transferidos ilegalmente, propiedades que habían sido usurpadas, firmas falsificadas de Cedric autorizando transacciones inexistentes. Cada página era un testimonio del alcance de la traición de Langley. Uno de los documentos resaltaba entre los demás: un mapa de las propiedades de Kingsley, con marcas rojas indicando aquellas que Langley ya había tomado bajo su control. Cedric pasó un dedo sobre una de las marcas, un gesto inconsciente de impotencia. - Esto... esto es la evidencia. - Nicholas hablaba como si estuviera allí, como si sintiera el mismo peso aplastante que Cedric soportaba. La visión cambió, un destello de Cedric caminando hacia un mueble pesado al otro lado del despacho. Un gran mueble con libros armario de madera oscura. Estaba frente a una caja fuerte, con la llave en la mano y el relicario. El relicario de Cedric. ¿La pequeña llave...? Nicholas se vio abriendo la caja fuerte, pero en su interior, no había solo documentos o cartas. Había algo más. Algo que hacía que todo lo demás se desvaneciera. Algo relacionado con el hijo de Elise, algo que él debía proteger a toda costa. Recordó lo que había dicho Patrick, sobre los documentos que podrían destruir todo lo que quedaba de la familia Kingsley si cayeran en las manos equivocadas. El morral… en el morral llevaba esos documentos cuando Langley los atrapó. - La caja... contiene todo. - Nicholas tragó saliva, su rostro reflejando la intensidad del momento. Banksintervino. - Nicholas, vuelve a concentrarte en el escritorio ¿Qué más recuerdas? Nicholas respiró profundamente, sus manos apretadas hasta que sus nudillos se pusieron blancos. - Guardaba todo ahí. Era mi única esperanza para salvar a mi familia... proteger a Elise. - Su voz era apenas un murmullo, cargada de dolor. La visión de Cedric cerrando la caja fuerte, asegurando nuevamente el cajón secreto y dejando todo en su lugar, se desvaneció poco a poco. Cedric sabía que lo que escondía podría salvarlos... o condenarlos si caía en las manos equivocadas. La imagen de él cerrando el escritorio, con la mandíbula apretada y los ojos llenos de una determinación feroz, quedó grabada en la mente de Nicholas - Elise... Está esperando un hijo, - murmuró Nicholas en voz baja, sin darse cuenta de que hablaba en voz alta – Debo protegerlos. En el trance, no había una distinción clara entre el pasado y el presente. Estaba ahí, en el despacho, viendo todo como si el tiempo no hubiera pasado.
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