Lady Kingsley
Nicholas salió del pequeño espacio de lectura con el corazón aún martillando en su pecho. Guardó las cosas en sus cajas y se masajeó las sienes en un intento de tranquilizarse.
El matrimonio secreto entre Cedric y Elise era un descubrimiento que lo agitaba de maneras que no podía explicar. Cedric había amado a Elise, lo suficiente como para casarse en secreto antes de la fecha oficial. Pero entonces, ¿Por qué desaparecer con una amante después de la boda oficial, según los periódicos? Nada encajaba.
Nicholas cruzó el pasillo hacia la oficina de la encargada del archivo histórico, su mente arremolinada con pensamientos. Necesitaba algo más, un dato, un registro, cualquier cosa que le ayudara a llenar los vacíos en esa historia fragmentada.
La mujer, una archivista mayor con gafas de montura fina y un aire de paciencia infinita, levantó la vista cuando Nicholas llegó al mostrador. Su expresión se suavizó al reconocerlo. Había visto pasar a muchas personas por el archivo, pero pocos con la intensidad y la determinación de aquel hombre.
- Señor Kentwood, ¿Necesita algo más? - preguntó con cortesía.
Nicholas respiró hondo antes de hablar. El peso de la curiosidad y la ansiedad lo obligaba a ser preciso.
- Sí, necesito saber si hay información sobre el fallecimiento de Elise Fairchild… o cualquier cosa que registre su paradero después del 14 de junio de 1867.
La archivista frunció el ceño ligeramente y comenzó a teclear en la computadora frente a ella.
- Fairchild… - repitió mientras sus dedos recorrían el teclado - Revisaré en nuestra base de datos o del gobierno y luego buscaré en los registros físicos. Por favor, espere un momento.
Nicholas observó cada uno de sus movimientos como si el destino dependiera de ello. Su respiración era superficial y sus manos se cerraban y abrían involuntariamente mientras contenía la necesidad de apurarla. El tiempo parecía alargarse.
- Aquí hay algo… - dijo finalmente la mujer, inclinándose hacia la pantalla - Elise Fairchild desapareció oficialmente el 14 de junio de 1867, hay un registro de persona desaparecida hecho por Owen Turner. La investigación se cerró después de seis meses. No hay registros de su muerte ni evidencia de su paradero después de esa fecha.
Nicholas sintió un nudo en el estómago. Sabía que no habría respuestas fáciles, pero escuchar aquellas palabras fue como un golpe. Owen era el mayordomo de Kingsley Hall ¿Por que lo hizo él y no su suegra, la madre de Cedric?
- Entonces… - murmuró - no era otra mujer. Era Elise. Desaparecieron juntos.
La archivista levantó la mirada, sorprendida por el tono en su voz.
La mente de Nicholas bullía. Elise no había sido abandonada; ella y Cedric habían estado juntos esa noche. La narrativa oficial del escándalo estaba mal, pero ¿Por qué? ¿Qué querían encubrir con esa mentira?
Antes de que pudiera hundirse demasiado en sus pensamientos, la archivista continuó:
- Es curioso que mencione esto. Aquí no tenemos más detalles sobre Elise después de esa fecha, pero puedo revisar en otros archivos relacionados con propiedades, herencias o títulos nobiliarios. A veces, los nombres aparecen en documentos inesperados. ¿Le gustaría que lo hiciera?
Nicholas se enderezó, como si una chispa de esperanza lo empujara hacia adelante.
- Sí. Por favor, revise si hay algo registrado alrededor del 10 de mayo de 1867. Algo relacionado con títulos nobiliarios, transferencias, cambios en las propiedades de Kingsley Hall… lo que sea.
La mujer lo miró con curiosidad antes de volver a concentrarse en la búsqueda.
- ¿Por qué esa fecha en particular, señor Kentwood?
Nicholas tragó saliva, sus palabras cargadas de una convicción que ni siquiera él entendía del todo.
- Es una corazonada.
El clic constante del teclado llenó el silencio. Nicholas tamborileaba los dedos sobre el mostrador mientras su mente corría. Algo importante había sucedido ese día, estaba seguro. La fecha lo perseguía, como si estuviera grabada en los huesos de Kingsley Hall.
Finalmente, la archivista levantó la mirada, su expresión entre asombro y curiosidad.
- Esto es… peculiar.
El corazón de Nicholas dio un vuelco.
- ¿Qué encontró?
Ella ajustó sus gafas y señaló la pantalla.
- El 10 de junio de 1867, Cedric Kingsley firmó un documento oficial transfiriendo la totalidad de su título nobiliario y sus propiedades a un fideicomiso. No parece algo común.
Nicholas se inclinó hacia el monitor, su mente tratando de procesar lo que escuchaba.
- ¿A un fideicomiso? ¿Por qué haría algo así?
- No estoy segura, señor. Pero los documentos mencionan una cláusula adicional:
“En caso de fallecimiento o desaparición del titular, las propiedades y el título quedarán en espera hasta que un heredero legítimo pueda ser identificado.”
La sangre de Nicholas pareció helarse.
- ¿Un heredero legítimo?
La archivista asintió, su voz tranquila mientras seguía explicando.
- Exactamente. Parece que Lord Kingsley estaba protegiendo el legado de Kingsley Hall, asegurándose de que no cayera en manos equivocadas… o quizás previendo algún problema inminente. Es extraño, pero no imposible para la época.
Nicholas se quedó en silencio, su mente entrelazando piezas del rompecabezas. Cedric había preparado Kingsley Hall para protegerlo, incluso de sí mismo. ¿Pero qué había sucedido el 14 de junio que lo había llevado a desaparecer junto a Elise?
- ¿Puedo obtener una copia de ese documento? - preguntó finalmente, su voz baja, pero firme.
- Por supuesto, señor Kentwood. Le prepararé una copia.
Mientras la archivista imprimía el documento, Nicholas se quedó mirando la pantalla, su mente atrapada en un torbellino de pensamientos y emociones. Elise y Cedric habían sido más que víctimas de un escándalo. Habían sido parte de algo mucho más grande, un sacrificio o una conspiración que Nicholas apenas comenzaba a entender.
“No era otra mujer. Era Elise…” Las palabras resonaron en su cabeza mientras tomaba la copia del documento. Había encontrado una pista importante, pero todavía estaba lejos de descubrir la verdad. Y ahora, más que nunca, necesitaba saber qué le había sucedido a ellos… y por qué Kingsley Hall parecía guardar tantos secretos.