Enfrentando La Verdad
Una vez que Laura fue acostada y atendida por Sonia en la habitación. Nicholas fue al estudio y se sentó frente al escritorio observando el relicario que tenía entre las manos. Sus manos se estremecían al verlo y sentirlo de forma tan real. Cerró los ojos y las lágrimas brotaron sin poder contenerlas. Esto lo estaba sobrepasando. La angustia por la seguridad de Laura, la preocupación por Elise y su destino lo tenía en vilo.
Ya no había duda de que Laura era Elise y que sus recuerdos estaban luchando por salir...
Nicholas miró el relicario en sus manos, los bordes dorados y desgastados brillaban bajo la tenue luz del estudio. Su pecho se oprimía cada vez más al sostenerlo, como si una parte de sí mismo estuviera atrapada en ese pequeño objeto, reclamando ser liberada. Las lágrimas caían silenciosas por su rostro; no las apartó, no podía. Esto lo estaba consumiendo.
El relicario lo llamaba. Podía imaginarlo colgando del cuello de Elise, su risa suave mientras sus dedos rozaban la pequeña joya. Y ahora estaba aquí, tangible, como si el tiempo se hubiera plegado sobre sí mismo para devolvérselo. Laura… Elise… eran la misma persona. No había escapatoria a esa verdad.
El sonido de pasos ligeros lo arrancó de sus pensamientos. Sonia apareció en el umbral, con su rostro normalmente sereno marcado por la urgencia.
- Maestro… - su voz era baja, ansiosa - Lamento molestarlo, pero creo que debe ver esto.
Nicholas levantó la mirada, todavía perdido entre el pasado y el presente y vio cómo Sonia extendía una pequeña libreta de dibujo. Su encuadernación era sencilla, con esquinas desgastadas, pero había algo en su apariencia que lo hizo detenerse.
- Cayó de sus ropas cuando la cambié. - explicó Sonia, un leve temblor en su voz - No quise ser entrometida, pero creo que debe verlo.
Nicholas tomó la libreta con manos temblorosas, dejando el relicario sobre el escritorio con cuidado. Al abrirla, sus ojos se encontraron con líneas y trazos que se convertían en imágenes perfectamente delineadas: bocetos de Kingsley Hall. Había dibujos del invernadero, del estudio, del jardín principal. Detalles precisos, capturados con una exactitud inquietante. El relicario, una habitación antigua...
Su respiración se detuvo cuando pasó la página y encontró un retrato. El rostro de un hombre. Él. O más bien, Cedric. Era su rostro, con la misma mirada intensa, los mismos mechones de cabello oscuro cayendo sobre la frente. Los trazos eran firmes, cargados de una emoción palpable. Dibujado hace un año.
- ¿Esto… esto lo dibujó Laura? - preguntó en un susurro, incapaz de apartar la mirada del retrato.
Sonia asintió con un leve movimiento.
- Sí, maestro. Pero las fechas… Son de años atrás…
Nicholas pasó las páginas con rapidez, buscando más. Encontró bocetos de una mujer, con un vestido que correspondía claramente al siglo XIX. Elise. Laura había dibujado a Elise como si se estuviera viendo en un espejo al dibujar. Había algo desgarrador en la manera en que cada línea parecía una súplica, como si estuviera luchando por capturar algo que se desvanecía constantemente.
En la última página, el dibujo cambió. Era más caótico, con trazos más oscuros y menos definidos, pero aún reconocibles. El invernadero. Y algo más: un morral vacío, inclinado sobre el suelo, con un borde de pergamino sobresaliendo apenas por el costado.
Nicholas sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
- El relicario… el morral… - susurró para sí mismo, conectando las piezas - Ella murió ahí...
Laura lo había encontrado. En trance, sin saberlo, había llegado al lugar donde Elise había muerto. El relicario, el morral vacío que alguna vez cargó las pruebas que Cedric llevaba para desenmascarar a Langley, estaban allí como restos de una tragedia nunca resuelta.
- ¿Qué significa esto, Sonia? - preguntó, su voz cargada de desesperación.
- Significa, maestro, - dijo ella con calma, aunque había un brillo de tristeza en sus ojos - que el tiempo no olvida. La mansión no olvida. Y ni usted ni ella pueden escapar de lo que ocurrió. Por eso han regresado.
Nicholas cerró la libreta, incapaz de mirar más. Se levantó de golpe y comenzó a caminar por el estudio, pasando una mano temblorosa por su cabello. Todo estaba regresando. Todo lo que había negado, ignorado, estaba frente a él ahora.
- ¿Crees que soy Cedric? - preguntó incrédulo.
- Creemos que lo fue, maestro y usted también lo sabe... La mansión reaccionó a su maestro.
- ¿Por qué ahora? ¿Para qué? No puedo hacer nada. Kingsley Hall ha desaparecido... No me pertenece...
- No ha desaparecido... Lo ha estado esperando desde aquella noche... Tiene que descubrir lo que le pasó y a la señora...
- No tengo poder... La fundación...
- Es el maestro... El señor de Kingsley Hall y nuestro señor. - dijo decidida mirando a su esposo quien se quedaba de pie a su lado.
- La señora regresó a ayudarle, está decidida a protegerlo como lo hizo antes...
- ¿De qué hablas? No puedo perderla. - murmuró, con la voz quebrada - No de nuevo.
- Entonces no lo haga. - respondió ella, con suavidad - Pero para salvarla, debe aceptar quién es, maestro.
Nicholas se detuvo. Sus ojos recorrieron el relicario sobre el escritorio, la libreta en sus manos y finalmente se posaron en Sonia.
- Ella es Elise. - les dijo, como si al verbalizarlo finalmente pudiera aceptar la verdad.
- Sí, maestro. - confirmó Sonia, con una pequeña sonrisa que no ocultaba la tristeza en su rostro - Y usted es el maestro Cedric.
Las palabras golpearon a Nicholas con la fuerza de un vendaval. Era lo que había sospechado, lo que había temido, lo que había sentido en lo más profundo de su alma. Pero reconocerlo lo aterraba. Si él era Cedric, ¿entonces había fallado? ¿Había condenado a Elise a su trágico destino? ¿Y ahora estaba condenado a repetirlo con Laura?
- Tengo que encontrar lo que hizo que nos mataran. - dijo de repente, con una urgencia que brotó desde lo más hondo de su ser- Si aún existe alguna manera de salvarla… de salvarnos… estaban allí, en el morral. Alguien las tiene.
Sonia lo miró en silencio por un momento y luego asintió.
- Entonces debe volver a la mansión, maestro. Allí comenzó todo. Allí encontrará lo que necesita.
Nicholas tomó el relicario, la libreta y su determinación. Si el pasado se negaba a quedarse enterrado, entonces tendría que enfrentarlo. Pero esta vez, no permitiría que Elise- que Laura- pagara el precio.