Nueva Asignación
El jefe de la joven la observó ansioso.
- Blackwood, ¿Crees que podrás con esto? El museo de Kingsley nos lo ha confiado, pero insistieron en que lo devolviéramos en perfectas condiciones después de la muestra.
Laura no apartó la mirada del retrato mientras respondía, con la seguridad de alguien acostumbrada a retos de esa magnitud.
- He trabajado con piezas en peores condiciones, señor Bradley. Esto será un desafío, pero también una oportunidad única.
Laura acarició suavemente el marco del retrato, sintiendo una conexión inexplicable. Algo en los ojos de Cedric la inquietaba. Era como si reconociera algo en ellos, aunque no supiera exactamente qué.
- Perfecto. - Bradley asintió satisfecho, sacándola de su ensimismamiento - El cuadro estará bajo su cuidado a partir de mañana ¿Algo más que necesite?
Ella negó con la cabeza, aunque su mente ya se estaba llenando de ideas sobre cómo abordar la restauración.
- Solo acceso al archivo histórico del museo, si es posible. Quiero saber todo lo que podamos sobre Cedric Kingsley y la historia de este retrato.
Bradley frunció el ceño ligeramente, pero asintió.
- Por supuesto. Aunque debo advertirle que el archivo sobre los Kingsley es... limitado. Gran parte de su historia se perdió en un incendio hace décadas.
Laura arqueó una ceja, intrigada.
- Eso hace que sea aún más interesante.
- Le pediré al dueño de la Fundación Kingsley que hable contigo. Tal vez en la fundación tengan más información.
- Gracias… Lo necesito para entender el contexto…
- Lo sé, lo sé… - dijo con un suspiro – “Necesitas conocerlo para poder ayudarlo”
Era la frase que la joven siempre usaba cuando comenzaba a trabajar en una nueva pieza. Era como si necesitara conocer su historia para poder recuperar la pieza. Al principio se había burlado, pero al verla trabajar como si estuviese en el momento en que la pieza fue creada o al entender quien era la persona del retrato, las obras parecían irradiar vida propia y eso era lo que le daba éxito al trabajo de Laura y al museo.
Cuando el director se marchó, Laura se quedó sola frente al retrato, sintiendo que había algo más allá del deterioro físico que esperaba ser desvelado.
- Cedric Kingsley... - susurró, inclinándose hacia el cuadro con una sonrisa curiosa - Supongo que tú y yo pasaremos mucho tiempo juntos.
En lo profundo de su pecho, un leve escalofrío la recorrió, cuando los ojos del joven en el retrato y los suyos se encontraron, pero no era miedo. Era una sensación que no podía explicar, como si algo se estuviera despertando dentro de ella. Como si aquel cuadro estuviera llamándola por algo más que su trabajo.
- ¿Quién eres Cedric? – preguntó en voz alta - ¿Por qué dejaste todo lo que amabas por una amante? O ¿Eso es sólo la versión para la gente? ¿Qué pasó contigo?...
La joven se mantuvo embelesada en el retrato perdida en sus pensamientos.
Oficina de Victor Langley, Fundación Kingsley
La oficina era un ejemplo de opulencia discreta. Una alfombra persa cubría el suelo de madera oscura, y las estanterías de caoba estaban repletas de volúmenes antiguos perfectamente alineados. Un enorme escritorio de vidrio y acero ocupaba el centro, con documentos y un vaso de whisky cuidadosamente colocado a un lado. Las cortinas pesadas de terciopelo rojo bloqueaban la luz del exterior, dejando que solo las lámparas de diseño moderno iluminaran la estancia con un resplandor cálido.
Victor Langley se recostaba en su silla de cuero, su impecable traje gris oscuro ajustándose perfectamente a su delgada figura. Sus dedos tamborileaban sobre el escritorio mientras su otra mano sostenía el teléfono, escuchando la voz del director del museo con atención.
- Señor Langley, la restauradora principal, Laura Blackwood, ha solicitado acceso a los archivos históricos relacionados con la pieza que nos envió debido a que los nuestros son limitados. Parece particularmente interesada en el retrato de Cedric Kingsley que nos cedió temporalmente.
Victor levantó una ceja, sus labios curvándose en una leve sonrisa que no alcanzó sus ojos.
- ¿Acceso a los archivos? - repitió, su tono tan suave que resultaba casi inquietante - Qué interesante.
- Sí, bueno, ella tiene una manera peculiar de trabajar, pero le aseguro que vale la pena. Quería informarle como cortesía, dado que es usted quien nos confió la pieza. - continuó el director del museo, sin notar el tono calculador en la voz de Langley - Por supuesto, sé que puede restringir el acceso si lo considera necesario.
Victor se inclinó hacia adelante, su reflejo distorsionado en la superficie del escritorio de vidrio.
- No, no, en absoluto. Déjela trabajar. Estoy seguro de que la señorita Blackwood hará un trabajo admirable.
- ¿Deberíamos informarle algo más? - preguntó el director, ligeramente titubeante.
Victor jugueteó con el vaso de whisky antes de tomar un sorbo.
- Solo asegúrese de que el retrato reciba el cuidado que merece. Oh, y dígale a la señorita Blackwood que estaré encantado de visitar el museo mañana. Me gustaría conocerla en persona y saber si requiere más información.
- Por supuesto, señor Langley. Se lo haré saber.
Victor colgó el teléfono con calma, pero sus ojos se oscurecieron mientras contemplaba la pantalla vacía de su computadora. Durante años había mantenido control absoluto sobre el legado de los Kingsley, cuidando de que ningún detalle comprometedor saliera a la luz. Ahora, una restauradora curiosa se había convertido en una posible amenaza para el trabajo que su bisabuelo, llamado como él, había realizado para asegurar los bienes de esa familia caída en desgracia.
Se levantó de su silla, caminando hacia una de las estanterías. Sacó un libro antiguo con cubiertas de cuero desgastado, que ocultaba un compartimento secreto. De allí, extrajo una carpeta con documentos que parecían llevar décadas escondidos.
- Laura Blackwood... - murmuró para sí mismo, abriendo la carpeta y observando los registros que había recopilado su bisabuelo sobre la familia Kingsley y el misterioso retrato - Espero que sepas dónde estás metiendo las manos.
Su sonrisa volvió, helada y calculadora, mientras cerraba la carpeta y la guardaba nuevamente.
Al día siguiente, Laura Blackwood recibiría a Victor Langley, pero él se aseguraría de que ella supiera exactamente con quién estaba tratando.