Eco De Un Pensamiento Ajeno
El museo estaba comenzando a llenarse del movimiento habitual de la mañana. La luz del sol atravesaba los grandes ventanales, proyectando reflejos dorados sobre las superficies pulidas. Nicholas avanzaba por los pasillos con paso decidido, saludando de manera breve, pero cortés a los empleados que encontraba en el camino. Algunos lo observaban con curiosidad; su rostro mostraba una expresión tensa y distraída, como si estuviera demasiado perdido en sus pensamientos para ser el hombre seguro que todos conocían.
Cuando llegó al corredor que conducía a la oficina de restauración de Laura, el silencio se hizo más denso. Sus pasos resonaban ligeramente en el suelo de mármol y su mente, tan inquieta como su corazón, regresó inevitablemente a los acontecimientos del día anterior.
Elise Kingsley.
La secretaria la había llamado así. No Laura, no señorita Blackwood, sino Elise. Era un nombre que no debería significar nada para él, pero lo hacía. Lo hacía de una forma que no podía explicar, como si un hilo invisible lo uniera a ese nombre, tirando de él con fuerza.
Murmuró en voz baja, casi sin darse cuenta:
- Elise Kingsley. Ese es su nombre de casada. Siempre me gustó como suena.
La frase flotó en el aire, cargada de una extraña melancolía que lo hizo detenerse frunciendo el ceño al escucharse.
El pensamiento lo golpeó como un relámpago. ¿Qué demonios estaba pensando?
Se detuvo en seco en medio del pasillo, su respiración acelerándose mientras sus ojos se fijaban en el suelo sin verlo realmente. ¿Siempre me gustó como suena? ¿Por qué pensé eso? ¿Por qué sonó tan natural? Como si no fuese yo quien lo dijera… como si fuese…”
Cedric.
El nombre atravesó su mente con la fuerza de un trueno. La posibilidad era absurda, imposible, pero al mismo tiempo se sentía tan real que le hacía estremecerse. Cerró los ojos con fuerza, como si eso pudiera ahuyentar las imágenes de la noche anterior: la voz de Laura, su rostro confundido, la manera en que lo había confrontado con una intensidad que le resultaba inquietantemente familiar.
¿Siempre había sido tan decidida? Durante el tiempo que había compartido con ella, había descubierto que Laura era apasionada por su trabajo, con un profundo respeto por la historia y los objetos que restaurar. Era meticulosa y perfeccionista, lo que a veces la hacía perderse en los detalles, pero también demostraba una mente aguda y curiosa. Tenía un carácter independiente, pero detrás de su determinación había una fragilidad emocional que oculta a los demás: como si algo en su vida está incompleto, como si buscara una pieza perdida de sí misma. Tal como él mismo.
Nicholas llevó una mano a su sien, masajeándola mientras trataba de calmarse. Su corazón latía con violencia y un sudor frío empezaba a formarse en su nuca.
- ¿Qué mierda está pasando? - susurró entre dientes, apretando el puño que ahora colgaba a su costado.
Era como si algo dentro de él, una parte que no reconocía estuviera despertando. Cedric no era solo un nombre o un personaje histórico. De alguna manera, era una presencia, un eco persistente en su mente que no podía ignorar.
Inspiró profundamente y reanudó su camino, sus pasos ahora más lentos y medidos. No podía entrar en la oficina de Laura en este estado. Tenía que calmarse, centrarse. No después de lo que pasó ayer en el consultorio de Banks. Ella seguramente estaría esperando respuestas sobre el retrato y los documentos. No podía añadir a su confusión con sus propias inseguridades y pensamientos irracionales.
Pero a medida que se acercaba a la puerta, una idea seguía rondando en su mente, implacable:
Si Cedric era real… y si Elise también lo era… ¿Qué significaba para ellos ahora?
Nicholas se quedó de pie frente a la puerta del estudio de Laura. Su mano se alzó, dudosa, para tocarla, pero se detuvo a medio camino. Un susurro persistente en el fondo de su mente se hacía más fuerte.
Elise.
Apretó los labios, su mandíbula tensa mientras cerraba los ojos por un instante. Necesitaba saber quién era ella. No solo en el contexto histórico, no solo como la mujer que parecía estar ligada al cuadro y a Cedric. Necesitaba saber qué había pasado con ella.
Un torbellino de pensamientos lo asaltó. Había pasado toda la noche intentando convencerse de que los sueños, los recuerdos fragmentados y las sensaciones eran producto de su cansancio, tal vez un síntoma de estrés acumulado o de alguna enfermedad que no había considerado. Pero la forma en que su cuerpo reaccionaba al nombre de Elise… al retrato… incluso a la presencia de Laura… era algo que no podía descartar como una simple coincidencia.
¿Por qué la historia de Cedric y Elise lo afectaba tan profundamente? ¿Por qué sentía que había algo más, algo que estaba fuera del alcance de su comprensión racional?
La necesidad de respuestas lo estaba carcomiendo. Si Cedric era él, de alguna forma inexplicable, entonces ¿Quién era Elise? ¿Era Laura la misma mujer que aparecía en sus sueños? ¿Era acaso Elise alguien que había amado y perdido? Y si eso era cierto, ¿Qué había pasado con ella? ¿Por qué no había dejado rastro, más allá de su nombre y un puñado de documentos?
Inspiró profundamente, intentando calmar el ritmo errático de su respiración. No podía entrar allí sin un plan claro. Necesitaba centrarse, asegurarse de no proyectar sus propias dudas en Laura, quien ya parecía bastante atrapada en sus propios pensamientos respecto al retrato y la historia de los Kingsley.
Aun así, la urgencia en su pecho era abrumadora. Elise no era solo un nombre para él. Era un eco de algo perdido, de algo que debía recuperar.
Nicholas se giró sobre sus talones decidido a encontrar respuestas sobre la mujer que estaba llenando su mente. Había estado muchas veces en ese museo tanto por su trabajo académico como por su trabajo en la Fundación por lo que sabía la ubicación de la oficina de archivos históricos.