Aquella mujer de vistosidad forzada me había incomodado de manera abismal. Sus insinuaciones descaradas y groseras eran mucho más vulgares que las insinuaciones inteligentes y comedidas de Carol, sin embargo no dejaban de ser intentos que lejos de atraerme en lo absoluto, al contrario me ocasionaban cierto rechazo. No sé si mi mente de hombre chapado a la antigua salía a relucir en ese momento, pero la noción de tener la oportunidad de conquistar el corazón de una mujer por mis propios medios me resultaba más tentador que las provocaciones indecentes de una chica. Por eso aquel beso de Susan me tomó por sorpresa. Llevaba no más de dos encuentros con ella y un par de conversaciones muy escuetas, sin embargo estaba completamente seguro de que ese no era ni de lejos un comportamiento típico

