Katherine Manejar siempre fue terapéutico para mí, jamás lo fue lavar los platos. Con el tiempo dejé de ser una conductora pacífica y controlada, cada vez sentía más seguridad de mis reflejos y más ánimos para gritarle a otros imprudentes. Esa tarde no solo me hizo analizar que estuve a punto de atropellar a Devora en un indebido ataque de celos, sino que también me hizo comprender que iba demasiado lento en mi superación, en especial considerando que Devora ya estaba revolcándose con otra. Debía recuperarme de esa caída y retomar mi camino con mayor convicción. —Bueno, te diré esto sin anestesia: debes quitártelo solo con el cierre en la espalda, no intentes sacártelo de una vez sin bajar e

