Encontré las dos cuerdas y le hice un lazo. Los lazos de la parte de abajo seguían intactos, y ella se metió por las aberturas de las piernas mientras yo se las abría. Le subí los pantalones hasta las caderas. Se giró para mirarme. No entendía por qué tenía que vestirla, pues con la leche aún fluyendo, la parte de arriba empapada y las bragas empapadas con mi jugo s****l que le salía. Dirk interrumpió a Steve y señaló la señal de parada que marcaba los ciento cincuenta kilómetros. —Tenemos como una hora y media.— Miró el indicador de combustible. —Deberíamos llegar con combustible. — Steve recuperó algunos bocadillos y le ofreció a Dirk una barra de chocolate que él aceptó agradecido. Después de un rato, Steve continuó. —En fin, dijo que quería volver a verme. — Le dije que no era una

