Días después, Amaya ajustó el delantal y dejó escapar un suspiro mientras revisaba la hora en el reloj de la pared. Había conseguido empleo en un pequeño almacén, los dueños no hicieron muchas preguntas y para ella eso fue bueno, además así no pensaba en Álvaro. Todavía no se sentía lista para decirle de su embarazo. Su turno en el almacén terminaba tarde, pero siempre se aseguraba de dejar todo listo para Lucas antes de irse. Aquella mañana, como de costumbre, había preparado el almuerzo para su hermano, dejando las instrucciones claras antes de salir. —Lucas, ya tienes todo listo en la nevera. Solo tienes que calentarlo en el microondas cuando tengas hambre —le dijo antes de salir esa mañana—. Y no salgas del apartamento, ¿de acuerdo? Lucas había asentido obedientemente, pero después d

