Ya había pasado más de una semana desde lo ocurrido con Enzo, y aún no había logrado quitar el asunto de mi cabeza. De hecho, allí me encontraba nuevamente distraída ante mis propios pensamientos durante alguna clase a la cual debería estar, sin duda alguna, prestando atención. Y aunque el tema era recurrente en mi mente, aún no estaba segura de cuál era la respuesta más adecuada que darle a ello. Sólo sabía que debería posponer temporalmente todo el drama romántico hasta nuevo aviso, o en mejores palabras, hasta que pudiera ponerme al día completamente con las cosas de la universidad que había dejado vagamente tiradas en una esquina de mi escritorio, como si encontrarme confundida sentimentalmente me dejara una completa excepción sobre mis responsabilidades estudiantiles.
Solté un suspiro, mientras apoyaba mi cabeza entre mis manos, prestándole atención a la clase y tomando los apuntes correspondientes, por más de que no se encontrara en el podio de mis actividades favoritas que realizar. Pero al menos me encontraba tranquila, sabiendo que el año terminaría pronto y tendría las tan esperadas y anheladas vacaciones esperando por mi.
Luego de tanto esfuerzo académico, no veía la hora de poder sentirme en paz y libre de cualquier tipo de responsabilidad con respecto a mis asignaturas. Pero antes de ello, necesitaba asegurarme el terminar con un buen promedio para no terminar como el año anterior, en el cuál mi mejor regalo de navidad fue el sermón más grande y moralista que mi mamá me había dado en mis veinte años.
Arrugué mi ceño para mi misma en cuánto traje ese-sin dudas traumático- recuerdo a mi mente nuevamente sin querer. Negué con mi cabeza intentando sacar aquella mirada juiciosa de mi mente, mientras oía a lo lejos el timbre que indicaba que la clase había llegado ya a su fin. Tomé todas mis cosas en mis brazos y las comencé a guardar dentro de mi mochila, mientras observaba como todos se agolpaban ansiosamente para luego desaparecer por la puerta de salida. Sin embargo, me distraje de aquello en cuánto sentí como alguien tocó mi hombro y por alguna razón, al no esperarme aquél repentino contacto, salté asustada dejando caer algunos de mis libros al suelo. Ésto provocó el suficiente ruido para que los que aún seguían allí dentro, se giraran a verme. Por mi parte, me giré rápidamente sobre mis talones, encontrándome con unos ojos verdes que llevaba un buen tiempo sin ver. Él esbozó una pequeña sonrisa tímida hacia mi, como si se encontrara temeroso de como sería mi reacción.
Mientras yo intentaba recuperar el aliento con el susto dado, él se inclinó en cuclillas para recoger todos los libros que habían quedado esparcidos en el suelo. A esas alturas, ya nos encontrábamos solos en el salón debido a que nadie tarda más que un par de segundos en salir de allí. Sin embargo, había algo en su propio accionar que me había entrecortado la respiración por un momento, incluso aunque se tratara de tan sutil como aquello.
Pero en el momento en el cuál bajó al suelo, se puso de rodillas para tomar los libros y cuadernos en sus manos.
Y eso no hubiese sido problema de no ser porque en ningún momento quitó el contacto visual conmigo, y se encargó de deslizarse en sus piernas de una forma especial y particularmente lenta.
Ante sus movimientos, no me quedó más que aguardar mi respiración, intentando demostrar que no me afectaba en absoluto. Pero lo cierto es que, obviamente sus acciones llevaron a mi mente a unos intensos recuerdos de los cuáles no me esperaba rememorar, al menos en un contexto como ese. Sentí su pesada respiración rozar suavemente mis piernas desnudas y le vi darle una pequeña mirada rápida hacia ellas de reojo mientras humedecía sus labios de forma disimulada. Como si en cuestión de segundos se escapara de algún tipo de trance, pareció volver en sí rápido, para luego subir a mi altura nuevamente.
Tragué en seco mientras intentaba forzar a mi propia mente a que quizás había sido una mera casualidad y yo me encontraba susceptible a recordar momentos, más aún si me encontraba con el responsable de ellos frente a mi. Pero una pequeña parte de mi sentía que no había manera en la cuál él no supiera lo que estaba haciendo, pues Enzo nunca daba un paso hacia delante de casualidad.
Me entregó los libros con una linea recta formada entre sus labios, pero dándome con sus ojos ese pequeño destello coqueto y juguetón que tanto le caracterizaban y provocaban dentro de mi un eterno suspiro.
_Lo siento, no ha sido mi intención asustarte.-Mencionó por lo bajo, con una pequeña sonrisa.
Tomé los cuadernos entre mis manos mientras cortaba el contacto visual entre ambos para intentar devolver mi cabeza a tierra nuevamente. Negué con mi cabeza mientras aclaraba mi garganta, luchando con aquella parte de mi que había presenciado vívidamente toda la secuencia en mi cabeza de nosotros en aquel armario y él quedándose de rodillas frente a mi, para dar pase luego a todo lo demás ocurrido esa noche.
Sacudí mi cabeza, dándome cuenta que aún no le había respondido y él seguía allí, esperando paciente a que le dijera algo.
_Oh, no te preocupes. Sólo me encontraba distraída, eso es todo.-Comenté, esquivando su mirada que busca la mía incesamente.
_Sí, he notado que te encuentras más distraída de lo normal últimamente.-Soltó en un leve tono divertido.
Era tan extraño volverlo a ver como si nada luego de tanto. Si bien yo había sido la de la idea de quedar en buenos términos amistosamente, aún no lograba acostumbrarme del todo a la situación. Sin embargo, parte de mi sentía que él intentaba hacer lo mejor posible para que aquello no se sintiera incómodo, lo cuál en definitiva me dejaba muy agradecida al respecto.
Sonreí levemente apenada ante su comentario.
_Bueno, para ser justos, ha estado pasando mucho por mi cabeza últimamente.-Mencioné.
Él bajó su vista al suelo mientras asentía con su cabeza, en acuerdo conmigo.
_Sí, no lo dudo.-Dicho esto, aclaró su garganta, volviendo su vista hacia mi.- No quiero quitarte mucho tiempo. Sólo te molestaba para preguntar si acaso piensas asistir a la fiesta de cumpleaños que montará Christopher en la residencia de la fraternidad, este fin de semana.
Solté un soplido, pensativa.
_Uff, bueno...Para ser completamente sincera, entre tantas cosas lo había olvidado completamente.
_Bueno, aún tienes tiempo de decisión.. Es mañana.-Soltó de forma divertida, intentando esconder una sonrisa coqueta y de doble sentido que amenazaba con asomarse a su rostro.
Torcí una pequeña mueca en mi rostro, mientras inclinaba mi cabeza hacia un lado con algo de duda.
_No...no sé si pueda ir, sinceramente.
Su semblante cambió completamente, mientras me observaba con una mezcla de confusión, preocupación y curiosidad.
_¿ Por qué no puedes? -Preguntó casi al instante.
Por un momento, sentí la sensación de que se estaba imaginando algo dentro suyo que no sólo no era el caso, sino que además parecía molestarle levemente aunque lo quisiera intentar disimular.
_Bueno, se viene el final del semestre y sé que debo ponerme al día con mis asignaturas. No quiero cometer el mismo error que el año pasado y terminar teniendo unas notas terriblemente mediocres y desastrosas por no saber organizarme a tiempo.
Rápidamente noté como su rostro drenó toda preocupación, sonriendo incluso divertido ante mis palabras.
_ Oh, hablabas de eso. Claro.
Fruncí el ceño mientras levantaba mis cejas con duda.
_ Claro que es eso. ¿Y qué es lo que pensabas tú?
Él negó con su cabeza, restándole importancia.
_Nada importante, sólo olvídalo.-Dijo mientras realizaba un ademán con una de sus manos, para luego rascar el cabello de su nuca.- Pero bueno, volviendo al tema... si es que acaso lo necesitas , puedo darte una mano con ello.
Levanté ambas cejas mientras le miraba fijamente. Mi expresión de sospecha al escucharle fue inevitable. Él por su parte, soltó una carcajada mientras inclinaba su cabeza hacia atrás. Antes de responder, levantó ambas manos en señal de tregua.
_Lo digo en serio, Emilia. Sin segundas intenciones de por medio.Lo prometo.
No pude evitar sentirme contagiada ante su estado risueño y sonreí levemente, mientras tomaba mi mochila de la mesa.
_Bueno, lo tendré en cuenta entonces.
_Ya tienes mi número, sólo llámame en cuánto lo necesites.
_Ten cuidado con lo que pides...
Comenté, en un tono divertido. Él frunció levemente su ceño, sin entender.
_¿Y eso por qué?
_¿Y qué si te necesito durante una noche de estudio en medio de la madrugada?
Rápidamente le vi como su rostro esbozó una amplia sonrisa hacia mi, mientras sus pestañas revoloteaban coquetamente hacia mi.
_Bueno, si se trata de usted señorita...-Comentó sentándose sobre uno de los pupitres.- Sólo debe marcarme y me encontraré en donde estés en un rango de cinco minutos.
Su respuesta, claramente tan propia de él provocaron un cosquilleo dentro de mi estómago al escucharle. Sabía que no tenía remedio en cuánto él usaba su manera coqueta y seductora de hablarme.
Si bien la propuesta del estudio no había sonado para nada como algo de segundas intenciones, aquél último comentario sí. De hecho, había un leve tono coqueto en él que me hacían saber que sí, definitivamente lo había soltado en doble sentido. No me sorprendía de su parte, pero realmente me encontraba entre curiosa y fascinada ante el hecho de que seducir le saliera de una forma tan natural.
O bueno, aún también entraba la posibilidad de que yo simplemente estuviera susceptible a esas cosas, porque se trataba de él en específico. Pero no quería ahondar en ese tipo de reflexiones, al menos en ese momento.
Sonreí, finalmente asintiendo ante su comentario y le saludé con una mano, mientras me despedía de él para dirigirme a la salida.
Él me otorgó una sonrisa, dejando ver aquella perforación en su lengua brillando por momentos debido a los destellos de luz sobre el metal de la perforación. Me sacudió una mano de igual manera y sin más, cada uno tomó su camino hacia sus respectivas clases.