Fuerte demostración de poder mágico desbordante.

2231 Words
Antes de terminar el día, los jóvenes contactaron a Bathin y Mikael Abrahams. Querían practicar algo para estar preparados de ser atacados nuevamente por La Orden del Fuego Infernal. Cabía destacar que Eván no había practicado aún siquiera el primer hechizo. Al día siguiente, el modelo y policía decidieron llevar a Asmodeo y Eván a un lugar más apartado, un lugar donde ningún ser humano pudiera verlos o molestarlos. El lugar secreto de ambos. Usaron la teletransportación hasta un hermoso bosque con un inmenso lago, que recorría varios kilómetros. A lo lejos se podían ver inmensas montañas nevadas y como era temprano y estaban en una zona alta, el frío era más intenso que en la ciudad de Londres. Todos llevaban ropas abrigadas para no sucumbir ante el frío y por otro lado, Mikael y Bathin, habían llevado sillas plegables para disfrutar del paisaje y por supuesto, de la práctica que tendrían Asmodeo y Eván. El joven brujo tenía aquel libro n***o, con cadenas que le adornaban y le abrió con su llave para leer su contenido. Empezaría con piromancia, pues le sería útil a la hora de luchar, ya que era magia ofensiva. Jacob Hoffmann mantenía la distancia con grandes expectativas de lo que podía hacer Eván. Para el primer conjuro de piromancia, Eván ya había realizado algunas traducciones del libro de magia negra escrito en latín. Así que tenía idea de lo que podían hacer algunos conjuros de piromancia: “Piromancia ofensiva para principiantes. Conjuro número uno: Ignis: Incaendium. Fuego Fatuo: Consta de una o mas flamas levitarías capaces de iluminar en cuevas, zonas oscuras o provocar quemaduras al objetivo deseado. Modo de uso: El usuario debe permanecer estático y concentrado durante unos segundos, mientras se prepara el conjuro. Advertencia: Mantenerse alejado de vegetación seca, arboles y cualquier liquido u objeto inflamable.” Eván siguió las instrucciones del libro, la tranquilidad del bosque le ayudaba a concentrarse, el sonido del viento y los árboles era relajante para él. Inhaló aire y luego exhaló. Levanto su mano, elevando el libro que portaba en ella y acto seguido murmuró las palabras que estaban escritas en la antigua escritura. —Ignis: Incaendium —En su mano izquierda de formó una bola de fuego, la cual podía moverse a voluntad de Eván. El joven estaba feliz, para ser su primera vez había logrado dominar el primer conjuro de piromancia. —Ahora intenta golpearme con ella —Hablo Asmodeo, Eván se sorprendió por el pedido, sin embargo tenía razón. Si Eván Harvey deseaba mejorar en la magia negra ofensiva debía luchar. Con su mano lanzo la bola de fuego, está comenzó a moverse a la dirección exacta a la cual el brujo de magia negra deseaba fuera, para Asmodeo fue fácil esquivar el ataque. No obstante Eván hizo la bola de fuego regresar desde atrás para golpear al demonio. Este hizo salir garras de sus manos y de un simple golpe con ellas. Hizo el fuego fatuo desaparecer. Eván se desilusión un poco a ver qué su ataque había sido neutralizado con tanta facilidad. —No tienes porque sentirte mal —le hablo su novio Jacob Hoffmann (Asmodeo). —Recuerda que acabas de utilizar un conjuro de principiante —Suspiro el demonio, pero motivo a Eván a continuar con el entrenamiento. —Esta vez, trata de materializar un segundo fuego fatuo. —Eván asentó con su cabeza y suspiro, cerrando sus ojos, y concentrándose. Esta vez pensando en dos esferas de fuego, las cuales se materializaron al lado de su cabeza. Estás eran un poco más pequeñas que el primer fuego fatuo. Pero había logrado crear dos en su segunda oportunidad. —¿Lo estoy haciendo bien? —inquirió Eván sonrojado a Asmodeo. —¡Por supuesto que sí! —. Respondió el demonio alentando al brujo a seguir adelante. —Ahora intenta atacarme con ambos fuegos fatuos —. Aunque Eván deseaba complacer a Asmodeo, temía lastimarlo con la práctica de piromancia. Pero luego de unos segundos enfoco su mente en lo que realmente debía hacer, no obstante Jacob Hoffmann era un demonio y también sabía combatir. Eván centro su mente en las dos bolas de fuego, para que se movieran en la dirección que el deseaba. estás ahora eran mucho más rápidas que la bola de fuego anterior. Estás se movían a los laterales del ser infernal mientras trataba de esquivarlas dando pequeños saltos hacia atrás. —¡Ya le vas agarrando experiencia! Exclamó el demonio ferviente, mientras que Eván Harvey se sonrojaba y perdía así el control de dichas bolas de fuego. Acto seguido el demonio con sus garras neutralizó la magia de fuego del brujo. —Me distraje por un momento, lo lamento —explicó Eván, por otro lado Mikael y Bathin disfrutaban del espectáculo que tenían al frente. —Te apuesto 20€ a que Eván no logra atinarle con el fuego fatuo. —aposto Bathin a Mikael, mientras continuaban observando la práctica un tanto alejados, pero sentados relajantemente y con el bello paisaje del frente. —Bien Eván, lo estás haciendo muy bien. Ahora quiero que trates de poner en práctica lo aprendido en un combate real contra mi —Eván Harvey abrió sus ojos de par en par, pensaba que Asmodeo se precipitaba. Tan solo llevaban algunos minutos, pero cuando el brujo de disponía a responder fue interrumpido por el demonio. —Recuerda que tenemos poco tiempo, no sabemos cuándo seremos atacados nuevamente por La Orden del Fuego Infernal —Eván exhaló aire y con su mano, le dio la señal al demonio que estaba listo para la pelea. Jacob Hoffmann a gran velocidad corrió hasta Eván Harvey que a duras penas pudo lograr evitar que le tomara con sus garras. —Ignis: Incaendium —susurró el brujo, logrando materializar dos fuegos fatuos, los cuales giraban a su alrededor. Mientras que él creaba distancia entre ambos dando saltos hasta atrás. Para el brujo de magia negra se sentía extraño luchar contra su propio novio y demonio. Pero que mejor práctica que luchar contra un ser con habilidades sobrehumanas. —Muy bien Eván, lograste evadir ese ataque. Quiero que sepas que me contuve, pero no será así siempre —el brujo asentó con su cabeza. Ahora Asmodeo de un solo brinco llegó hasta Eván con gran velocidad, mientras apuntaba con sus garras a su garganta. Eván agachó su cuerpo, haciendo que el demonio de la lujuria pasará de largo. El brujo volteó a sus espaldas para lanzar uno de sus fuegos fatuos. Los que notaba a medida más tiempo los mantenía, más fácil le resultaba utilizarlos, no solo eso, también eran más rápidos. Cuando la bola de fuego estuvo por impactar en él, de un rápido giro golpeó con sus garras esta, haciéndola desaparecer. Eván jadeaba no por el combate en si, sino por el consumo de energía que conllevaba mantener dichas flamas flotantes. Hasta el momento solo había probado el primer conjuro básico. «¿Qué sucedería si probaba con otro?» Preguntó a sus adentros. Había un segundo conjuro que también deseaba probar. —Ignis: Fatuus Denuo. “Piromancia ofensiva para principiantes: Conjuro número dos. Ignis: Fatuos Denuo. Fuego: Crecimiento Fatuo: Consiste en concentrar energía en alguna llama creada con anterioridad, también puede usarse para avivar el fuego de alguna fogata e incluso puede ser usado para encender fuego en un área deseada. Modo de uso: El usuario debe concentrarse en un punto específico, y desear que dicha zona encienda en llamas. Advertencia: Mantenerse alejado de vegetación seca, arboles y cualquier liquido u objeto inflamable.” Eván había dicho las palabras y enfocaba su mirada en la pequeña bola de fuego que levitaba cerca de él, está comenzó a crecer de manera descontrolada. Como si el brujo no pudiera tener control absoluto de ella. Tanta energía desbordada solo logro que el fuego pronto se pagará y así, que Eván Harvey se desmayara. —¡Eván! ¡Eván! —. Eran las palabras que escuchaba el joven Harvey, pronto la oscuridad en la que se encontraba inmerso volvió como una luz al final del túnel. Al abrir sus ojos solo podía ver la preocupación de su novio y compañeros. Asmodeo cambio su semblante de preocupación a uno de alivio al ver que su pareja recobraba el conocimiento. —¿Qué paso? ¿Por qué están preocupados? —Inquirió el joven, que no entendía lo que ocurría. —Te desmayaste ¿No lo recuerdas? —respondió Bathin. —No, realmente no recuerdo nada ¿Pueden explicarme? —Asmodeo le explicó a su pareja lo ocurrido, era normal que no recordara nada, pues al perder el conocimiento era normal que no pudiera recordar. —Me alegra saber que estás bien —El demonio abrazo con fuerza a Eván Harvey y dio por terminada la sesión de entrenamiento por ese día. Lo que había ocurrido era una simple baja de energía, al utilizar un conjuro desconocido y no saber controlarlo correctamente. Dicha magia ofensiva había absorbido mucha energía, ya que el brujo había concentrado demasiada en ella. Pero, al menos no había matado a Harvey. Eván se acostó en una de las sillas plegables. Bathin y Mikael también tratarían de practicar un poco de magia negra, para que su amigo pudiera detallar mejor un combate real. Ellos ya habían tenido encuentros, según sus propias palabras hace un tiempo, que Emily había tratado de asesinar a Mikael. Por lo que Mikael ya debía tener un mayor conocimiento de la magia negra. Bathin y Mikael se colocaron en sus posiciones, mientras que Asmodeo sería algo así como un “referí”. Asmodeo, que se encontraba entre ellos, mantenía su brazo elevado, cual luego de unos segundos bajo dando comienzo al combate de práctica. —Aeromancia básica: conjuro número uno, Ventus: Volant —A diferencia del elemento que portaba Eván Harvey, el libro de Mikael Abrahams portaba la Aeromancia, que le permitía volar. Con mucha velocidad de movió contra Bathin, quien en un abrir y cerrar de ojos desapareció y apareció detrás de Mikael. Bathin, podía teletransportar su persona a voluntad, pero para lograr teletransportar a alguien más, debía existir contacto físico. Por lo tanto no podía usar la teletransportación con Mikael. Bathin, a diferencia de Asmodeo, no poseía una fuerza descomunal, pero si podía correr a gran velocidad como él. Cuando estaba apunto de tocar a Mikael con la palma de su mano, este desapareció transformándose en simple briza. —Aeromancia básica: hechizo de escape número dos. Ventus: Evanescet. — mencionó, dando a entender así, que clase de magia había utilizado mientras aparecía a una distancia considerable del demonio. —¿Qué tal si les enseñas un poco de magia ofensiva? —. Preguntó Bathin mientras con velocidad corría tras Mikael, quien había aumentado considerablemente su velocidad de vuelo y se movía sobre el lago, mientras que el demonio era capaz de seguirlo, corriendo incluso por el agua del mismo. —Aeromancia básica: conjuro número tres. Ventus: Aer Iecit. Abrahams apunto con sus dedos índice a Bathin, disparando de estos pequeñas balas de aire, que eran evadidas por el demonio, haciendo estas impactar en el agua. —¡Eso es increíble! —Gritó Eván Harvey, quien observaba la excelente demostración de habilidades de Mikael y el hombre infernal. —¡¿Les enseño el conjuro que aún no se dominar?! —Exclamó Abrahams a su demonio. —¡¿Estás seguro de eso?! —respondió Bathin. Pero simplemente no respondió, Mikael se elevó a una distancia considerable y junto sus manos. —Aeromancia superior. Conjuro número uno. Ventus: Impetus Tempestatis –Pronto, el viento comenzó a girar alrededor de Mikaél, mientras que el agua del lago comenzaba a subir fusionándose con el viento. Rápidamente, el demonio acompañante de Mikaél se teletransporto hasta Asmodeo y Eván, con intensión de sacarlos del lugar. Ya alejados a muchos metros, sobre una montaña pudieron ver cómo se creaba un tornado que con el agua del lago parecía imponente y de varios metros de largo y alto. —Ese es el conjuro más fuerte que conoce, pero es el que menos sabe dominar —explicó Bathin, mientras que Eván observaba asombrado. Claramente el debía aprender mucho más, si deseaba al menos estar al nivel de Abrahams. Luego de un par de segundos. Aquel tornado comenzó a desvanecerse. —Ya el tornado se está desvaneciendo. Quiere decir que se ha quedado sin energía. — en un abrir y cerrar de ojos Bathin, desapareció y reapareció con Mikael, quien había quedado agotado con ese conjuro. Se encontraba mojado por el agua del lago, y necesitaba ir a un lugar cálido para no sufrir de hipotermia por el frío. —¿Vieron eso? Espero en algún momento poder dominar ese conjuro. —Dijo el brujo mientras sus labios temblaban del frío. Asmodeo no parecía impresionado, pero estaba desilusionado al conocer el nivel de Mikaél y lo inexperto que era aún Eván, que no podía dominar bien siquiera los conjuros básicos. —Eván, hay mucho que entrenar —. Suspiro el demonio. —¿Podemos entrenar con ustedes en este lugar más seguido? —. Preguntó Asmodeo. —Por supuesto, Mikael y yo siempre venimos a este lugar a practicar —le respondió Bathin con una sonrisa. Como era el momento de marcharse, todos posicionaron sus manos sobre Bathin y desaparecieron del lugar, dirigiéndose a un lugar cálido para Mikael Abrahams.
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