Harvey se encontraba en el hospital con Asmodeo, su herida sanaba a gran velocidad. Tanto que en algunos minutos pudo recobrar el conocimiento.
—¿Qué sucedió? —. Preguntó Jacob, al notar que tenía unos vendajes por su abdomen, y una intravenosa que le suministraba medicación. Eván Harvey cambio su semblante inmediatamente al ver como su bella pareja infernal recobraba el reconocimiento. El demonio miro la alegría de su brujo de magia negra, pero sin comprender bien lo que sucedía, una sonrisa se escapó de su rostro.
—Casi mueres enfrentando a un demonio de la Orden del Fuego Infernal. —respondió Harvey.
El demonio observó todo lo que le rodeaba, y arranco la intravenosa que le suministraba la medicación.
—¿Qué haces? ¡Aún no estás del todo curado!
—Debo vengarme de Caacrinolas. —la furia de Asmodeo era desbordante, caminaba por el pasillo iluminado por las luces blancas, aún con sus heridas y su torpe caminar, deseaba venganza por un ser desconocido por Eván Harvey. Pero por su forma de referirse a esa persona y las heridas ocasionadas en su abdomen. Seguramente se trataba de algún demonio de la ya mencionada alianza.
El barista sostuvo la mano de su amada pareja del infierno, y él detuvo su andar durante ese mismo instante, girando su mirada al rubio de ojos celeste. Quien propinó un beso en sus labios al instante en que éste volteo a mirarlo.
—Jacob, lo que ellos te hicieron. Se lo regresaremos con el doble de intensidad. Cuando menos lo esperen, recibirán una dosis de su propia medicina. —Eván Harvey abrazo prontamente a Jacob Hoffmann, quien rápidamente correspondió dicha acción.
Una lágrima rozo las mejillas de Hoffmann quien se avergonzaba de su derrota y casi muerte. Como uno de los príncipes infernales tenía mucho que demostrar, no solo así mismo, sino también al resto de demonios del infierno y sobretodo al resto de los príncipes y pecados capitales.
El príncipe de la lujuria aún llevaba puesta una bata, pero al cambiarse y con intención de largarse del lugar, en aquel hospital de la ciudad de Londres llovía como si el cielo fuera a caer sobre ellos en cualquier momento. Al pasar algunos minutos, a las afueras del mismo hospital. Regresaron Mikael Abrahams y Cédric Griffin, quienes estaban empapados pero por la lluvia en el Highgate Golf Club.
Sin decir alguna palabra, Bathin con su habilidad más característica tomo a todos y se dirigió a un lugar seguro con ellos, para conversar sobre lo ocurrido durante el combate contra Caacrinolas y Caym.
Al llegar tanto Harvey como Hoffmann estaban confundidos, no entendían el porque de dicha acción de Cédric, pero el lo explicaría sin muchos tapujos.
Un gigante depósito abandonado fue elegido por el duque del infierno Bathin, allí nadie podía molestarlos y no tendrían la presión de hacer silencio en sus conversaciones. No deseaba llevar a nadie a sus hogares por el peligro de saber que La Orden de Fuego Infernal podía atacar nuevamente.
—¿Qué sucedió en Highgate Golf Club? —Inquirió Eván con preocupación, aunque pudo notar que ninguno de ellos estaba mal herido.
—Lo logramos —respondió el demonio de nombre Cédric Griffin. Quien rápidamente recibió un abrazo de Eván Harvey.
—¿Me he perdido de algo? —Jacob Hoffmann aún no conocía los detalles, pero Eván lo había ocultado por miedo a que él deseara regresar a pelear.
—Nos enfrentamos a Caym, y lo derrotamos. —Para Asmodeo era una buena noticia saber que tendrían un problema menos, pero su cólera aún no mermaba, por dentro su endemoniado ser deseaba venganza, quería acabar con Caacrinolas y demostrarle su poderío. Pero, ni siquiera conocían la ubicación de ninguno de sus enemigos. Ellos tenían la ventaja al conocer cada uno de los posibles futuros, la ubicación de los hogares de cada uno de ellos, sus lugares de trabajo. El enemigo tenía cada uno de esos detalles.
La Orden del Fuego Infernal estaba un paso más adelante que ellos. Pero, aún así. El equipo del príncipe de la lujuria sentía la satisfacción y el placer de saber que ellos habían perdido otro aliado. Que a pesar de sus burlas y el ego con el que tanto se jactaban lentamente se disiparía al notar que no enfrentaban a un grupo de brujos patéticos y demonios inferiores en poder.
Tanto Hoffmann, como Griffin pensaban únicamente en la gloria, y perfeccionarían cada una de sus habilidades y tratarían de corregir sus debilidades.
Comenzarían por reclutar a alguien a su alianza, alguien que a pesar de ser un demonio sin habilidades de combate podía ayudarlos.
—Gusion dijo una vez, que estaba sin brujo de magia negra —mencionó Asmodeo.
—¿Lo crees capaz de traicionar a su alianza? —Inquirió Bathin.
—Por como actuó aquella vez en el hospital, parecía ser tratado como una simple herramienta por ellos —Supuso el modelo, Mikael Abrahams.
—Sabemos donde trabaja ¿Creen sea seguro ir allí? —las dudas los invadieron. No sabían realmente si era sensato buscar su ayuda para derrotar a su propia alianza, pero Gusion, mejor conocido como Emory Winchester era tratado por ellos como un simple peón, una simple herramienta cual seguramente podían desechar en cualquier momento. O al menos eso creían ellos.
Por el momento deseaban descansar, llevaban varias horas seguidas luchando, y utilizando excesivamente su magia. Necesitaban recobrar su energía. Pero algo era seguro para ellos. Debían recurrir al único demonio pacifico que conocían de la Orden del Fuego Infernal.
Como no podían regresar a sus hogares, buscaron un hostal fuera de la ciudad de Londres. Al ver las noticias en la TV solo se hablaba de la muerte del magnate Morgan Lloyd producto de un ataque al corazón. Aunque también se hacía énfasis a la extraña escena en la que autobuses rojos estaban en el campo de golf Highgate Club destruidos completamente.
Los entrevistados hablaban de fuerzas de otro planeta, como extraterrestres. Para alivio de los demonios y sus brujos. Esa noche descansarían todo lo que pudieran, el hostal en el que descansarían era uno barato, por lo tanto no tenía muy buen aspecto. Las camas no eran las mejores, el servicio tampoco y no hablar de la comida, pero al menos podían decir que vivirían un día más y continuarían con los juegos infernales.