Asmodeo, el príncipe infernal de la lujuria.

1634 Words
Eván se encontraba dormido, los efectos de aquellos adormecedores tardarían en pasar. Jacob había llevado a Eván a un hospital debido a la gran cantidad de adormecedores consumidos por él, pero ahora ambos tenían problemas. Eván seguramente sería despedido de Book's and Coffee por haberse retirado de su lugar de trabajo sin previo aviso. El otro problema era Emily, aunque ella los había seguido no había pruebas de que Jacob la había asesinado. Pero de igual forma, sabía que tendría problemas, aunque él era un demonio y no sentiría ningún remordimiento por haber matado a Emily. Pronto la policía de Londres llegó al hospital en busca de Jacob Hoffmann y Eván Harvey. No podían llevarse a Eván por su estado de salud, pero si a Jacob. El fue arrestado y sería interrogado por la muerte de Emily. Al llegar a la comisaría era intimidado por los oficiales quienes lo veían como un asesino sin siquiera conocer la realidad del asunto. rápidamente fue llevado a la sala de interrogación, donde tratarían de aclarar lo sucedido en el local de café y libros o alguna posible confesión del por qué el asesinato de Emily. Lo que no sabían es que Jacob Hoffmann era un demonio. Él haría lo posible para que aquello no quedará como un asesinato en defensa propia. —¿Qué ocurrió en Book's and Coffee? —preguntó el oficial, quien poseía una taza de café a su lado, y la bebía con moderación. —Estaba con mi novio, y la psicópata de Emily intento asesinarlo con adormecedores. —contestó Jacob. El investigador coloco sus manos en la mesa y acercó su rostro al rostro del demonio. Mirando fijamente a los ojos de Hoffmann, quien se mantenía muy tranquilo. Él era un ser infernal y no tenía remordimiento alguno por haber asesinado a Emily, mucho menos sabiendo que ella en realidad era una bruja de magia negra. —¿Por qué Emily trataría de asesinarlos? —preguntó el policía mientras se levantaba de su asiento y caminaba de lado a lado. —No lo sé, soy cliente de Book's and Coffee. No entiendo por qué ella tomó esa decisión. —¿Hicieron algo que ella tomará como amenaza? —preguntó el policía mirando fijamente al demonio. Jacob Hoffmann frunció el ceño y se dedicó a responder de mala gana. —Simplemente fui a visitar a mi novio y pedí chocolate caliente para ambos, nunca imaginé que su forma tan dulce y amable de tratar a las personas, ocultaba una personalidad psicópata —. El policía se detuvo dando la espalda a Jacob, para girar su cuerpo en dirección al demonio y continuar con el interrogatorio. —¿Crees que haya tomado esa decisión por celos de su relación? –inquirió el policía. —Es posible, Eván y yo hemos comenzado a salir desde ayer —. Respondió Hoffmann, mientras miraba aún lado. El policía cerro sus ojos y mantuvo sus brazos en su espalda. —Emily fue encontrada muerta ¿tienen algo que ver con eso? —preguntó el policía. —¡¿Emily está muerta?! ¡No lo puedo creer! —emitió Jacob sorprendido, aún sabiendo que había sido él mismo quien había sido el responsable. —¿Tienes alguna idea de quién pudo haber sido? —preguntó el policía, mientras observaba al demonio con una mirada desafiante. —No lo sé, yo salí corriendo en dirección al hospital, la vida de mi novio corría peligro —explicó. —Emily corrió tras ustedes luego de lo ocurrido, ¿Tendrán algún posible sospechoso? —Ni la menor idea oficial —. El policía cerro sus ojos unos segundos y le indico a Jacob Hoffmann que podía retirarse. Jacob salió de la comisaría y sería llevado al hospital por el oficial de policía, quien se había ofrecido amablemente a llevarlo. Como favor por haberlo separado de Eván en un momento tan difícil para él. El oficial también acompaño a Hoffmann hasta la habitación en la que mantenían al rubio. —Eván —mencionó el muchacho de ojos negros tomando la mano de su novio. —¿Cómo te sientes? —Mejor, ¿Qué ocurrió? – pregunto Eván, quien no recordaba nada de lo ocurrido. —Emily trato de asesinarnos con una sobredosis de adormecedores. Eván se sorprendió por aquello, Emily era una de las empleadas más dulces. Pero Jacob Hoffmann no podía aún decirle que ella tenía un pacto con un demonio y había tratado de asesinarlos porque estaba el oficial de policía junto a ellos. —Emily era la más dulce de todas las empleadas ¿Por qué haría algo así? —Harvey cambio su semblante a uno triste y lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. —Aún no lo sabemos —respondió Hoffmann. —Continuaremos con las investigaciones correspondientes para dar con el motivo de dicha acción —mencionó el oficial, luego de un suspiro. —Si me permiten, me retiro —. El señor oficial debía seguir con su trabajo, y aunque deseaba quedarse un poco más, su servicio como policía era demandante. —Que mejores, Eván —acto seguido el hombre se retiró de la habitación y por luego también del hospital. —¿Puedes decirme qué ocurrió realmente? —preguntó el rubio, mientras secaba sus lágrimas con sus propias manos. —Emily tenia un pacto con un demonio e intento asesinarnos —le explicó, para acto seguido besar la mano de Eván. Luego se dirigió a los labios del rubio, y también propinó un beso en ellos. —Aún no puedo creer que Emily tuviera un pacto con un demonio —. Para Harvey, era una lección de que no importaba que tan buena podía parecer una persona, nunca se sabía realmente que llevaban en sus almas. Pasaron algunas horas y Eván Harvey fue dado de alta, pero en esta oportunidad no irían al espacio que el rubio tenía alquilado. Irían a casa de Hoffmann. Caminaron hasta un callejón y el rubio se sujeto de la espalda del demonio que se dirigió a su hogar dando saltos largos de edificio en edificio. Jacob Hoffmann, al igual que Harvey también tenía un espacio alquilado. Al llegar a su hogar, Eván lo primero que hizo fue recostarse de la cama, está tenía una funda negra, contraria a las fundas blancas de la cama de la habitación de Eván, era muy cómoda. En la habitación del demonio habían afiches de bandas de rock, punk y metal. Próximamente el demonio empujó al rubio para que esté terminará completamente acostado en su cama y dio apasionado beso en sus labios. —Jacob –Dijo Harvey. —¿Qué sucede? —respondió el demonio. Eván miro a un lado, y una lágrima cayó de su ojo, pero pronto esas pequeñas lágrimas comenzaron a brotar a mares. —Aún no puedo creer que Emily tratara de asesinarnos ¿Por qué ella hizo eso? Ella no era así —Jacob aún no le había explicado a Eván las razones del contrato maligno que tenían ambos, así que decidió decirle a su novio y brujo, de que trataba el pacto de sangre que ambos mantenían. —Eván, hay algo que aún no te he dicho —Un suspiro se escapó de los labios del demonio, y su mirada se dirigió directamente aún lado. —¿Qué no me has dicho? —. Inquirió el joven de cabellos rubios. —¿Recuerdas que te dije… que ese libro de magia negra era para defenderte de otros brujos? —. Contestó el demonio. —¿Emily era una bruja? —Así es —afirmó el demonio. —Pero no entiendo ¿Por qué trataría de asesinarnos? ¿Por cual motivo? —Jacob hizo silencio durante unos segundos, inhaló aire y luego exhaló. Eván tendría mucho que asimilar, después de lo que tendría que escuchar decir por el mismo demonio. —Eván, nuestro pacto del mal. Es para la participación de los grandes juegos infernales —Hoffmann mordió su labio inferior y dirigió su mirada a Harvey, que no comprendía a que sucedía con los llamados juegos infernales. —¿Qué? ¿Qué es eso? —Es… para decidir quién será el nuevo rey absoluto del infierno. —¿Qué? ¿Entonces?... —Jacob no era experto en el tema, pero sabía que había más de un solo demonio, por ende… —Deberemos enfrentar muchos demonios, Evan. —el joven de cabellos rubios, sorprendido se levantó de la cama de Jacob, y dio unos pasos hasta la ventana, dando la espalda al demonio. Mientras que trataba de asimilar el hecho de que tendría que luchar y posiblemente asesinar a otros como Emily o él. —¿Por qué esperaste hasta este momento para decirme? —Jacob cerro sus ojos durante unos segundos, no quería seguir hablando del tema, pero debía darle todos los detalles a Eván si él quería ser el rey absoluto del infiero. —Verás Eván, si te decía la verdad no había certeza de que quisieras realizar el pacto. Por eso no te lo dije —Jacob observó aún lado, mientras con su mano derecha tocaba su hombro izquierdo de arriba abajo. El joven de cabellos rubios podía asimilar que Jacob deseara ser el rey absoluto del infierno, lo que no podía asimilar era la idea de tener que enfrentar a otros brujos y demonios. Su vida corría peligro cada segundo que pasaba, ¿Cuánto tardarían en ser atacados nuevamente? —Si debemos enfrentar varios demonios ¿Qué clase de demonio eres tú? —preguntó el rubio. —Soy Asmodeo, Eván. Soy uno de los 7 principes del infierno, pecado capital de la lujuria… Eván tendría mucho que asimilar, más el hecho de que tenía un pacto con uno de los siete pecados capitales.
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