Mientras conducía recordé el impase que tuve en el aeropuerto, el quemón en mi pecho con ese café caliente, me reí, pobre mujer, era una pila de nervios, su cabello n***o era precioso, demasiado brillante, era esa clase de pelo el cual te incitan a tocarlo. En fin, entré a la propiedad, por fin en casa.
No alcancé a tomar el primer vuelo, por eso no llegué a la iglesia. Me quité la chaqueta al entrar, al verme Inés puso sus manos en la cintura, no será una mancha fácil para sacar, aunque ella no era quien se encarga de hacerlo, pero si supervisa. No debería hacer nada, Roland y yo nos cansamos de decírselo, solo que era una señora terca, de la cocina nadie la saca.
—¡¿Eso es café?! —afirmé.
—En mi defensa no se me regó a mí. —Se acercó, extendió la mano para que le entregara la ropa, le pasé la chaqueta y la camisa—. ¿Cebolla, los muchachos, la Señora, Diana y el niño?
—Rasca culo en cama, se le reventó uno de los puntos y lo tengo castigado, Cereza en su casa, lo vimos en la misa, Churrusco haciendo diligencias al igual que el descarriado de Mojón, no más lo estoy esperando que llegue para jalarle las orejas.
» El pobre de Cebolla no ha dormido, no hace mucho llegamos de la iglesia, ahora se encuentra en el sótano haciendo lo que ustedes hacen en ese lugar, la señora Verónica desde su llegada no ha dejado de llorar, el padre le entregó los papeles de las organizaciones de beneficencia creadas por mi niño Roland.
» Le sorprendió que fueran tantas, volverá a ser la misma, al menos ahora si llora, eso sana el alma. La joven Diana y mi bebé en su recámara, debe estar dormidito mi príncipe, su madre no hace mucho, lo alimentó.
—Qué buena eres para hacer resumen. —hizo un gesto con su mano.
—Ve a ponerte algo de ropa.
—Como mandes.
Después de cambiarme llegué al sótano, Cebolla miraba a la nada, no se percató de mi presencia hasta que hablé.
—¿Algo nuevo?
—Aparte de la muerte de Jaime Jaramillo por tus justicieras manos y las coincidencias que tenemos con esas dos mujeres. Nada más.
—Bien.
—Rata… Si el patrón te deja como su sucesor ante el cartel. ¿Lo aceptarás?
—Esperemos a ver qué pasa, a finales de la otra semana es la famosa reunión.
—¡Rata!
Llamó Inés, ella nunca ha bajado a este lugar. Subí las escaleras y tenía un celular en las manos.
» Estaba en tu chaqueta. —arrugué mi frente, ese celular no era mío…
—¡Mierda! —Le arrebaté el aparato y corrí hasta llegar donde estaba sentado Cebolla—. Descarga la información de este celular.
No preguntó, comenzó a descargar la información mientras que yo me infiltraba a las grabaciones de las cámaras de seguridad del aeropuerto, para la búsqueda sea rápida, pedí buscar mi rostro el día de hoy.
Debía buscar a esa linda pelinegra, al ver las imágenes la muy inteligente se ubicó en un ángulo donde no se le ve el rostro, «maldita sea», la seguí e ingresó al baño y no volvió a salir.
» ¡No me jodan! Eres buena preciosa pelinegra, pero voy a cazarte. —dije llamando la atención de Cebolla.
—¿Qué pasa?
Una extraña adrenalina se instaló en mi pecho, el recuerdo de la imagen de la mujer que se tropezó conmigo y no era más que una treta para meter el celular y apuesto mis bolas, ese debe ser el cuarto celular del Patrón, el mismo comentado por la señora Verónica.
Se ocultó el rostro en unas enormes gafas con el cabello n***o ocultando casi sus facciones, la voz y su aroma, ese sutil aroma a perfume de vainilla y la segregación de los nervios, porque de algo si estaba seguro, se encontraba nerviosa.
—Tengo un nuevo reto.
Le mostré la imagen capturada de quien se acercó, esperaba que la información bajada se cruzara con la que ya teníamos.
» Esa pelinegra fue quien tuvo contacto conmigo, te aseguro, fue ella quien metió el celular de Roland en mi bolsillo. Analicemos el video con detenimiento.
—No se le ve muy bien la cara.
—Es buena, la muy astuta se metió en los baños y no volvió a salir.
—Eso quiere decir que tiene conexiones para infiltrarse, salió por el área de servicios de los trabajadores.
—Exacto, o volvió a transformarse y puede ser cualquier otra mujer. —suspiré—. Trata de buscar su mejor ángulo para sacarle una copia, muéstrasela a Inés para ver si le parece conocida, aunque te juro, es la misma y esto se conecta con la muerte de Roland. —Uno de los computadores emitió un sonido.
—Bueno, miremos que nos dice esto.
Nos quedamos con la mirada fija, me acerqué y trasladé esa imagen a la gigante pantalla que teníamos al frente. En el cruce de información solicitamos el reporte de los teléfonos a los que ese número llamó y si coincidían con algún conocido.
Las fotos que veíamos nos dejó con un extraño sin sabor… ante nosotros veíamos el rostro de la señora Verónica, por obvias razones, ya eso lo sabíamos dado que fue ella misma quien nos suministró la información, también la del doctor Mendoza.
Puedo justificar esa imagen; fue el médico de la señora después de su secuestro y puede ser que quería llamarlo para algo relacionado con el medicamento a suministrarle, teníamos las imágenes de uno de los asesinos de Roland, y había un número desconocido, no había más llamadas, solo cuatro números.
—Rata…
—Recibo sugerencias, ahora no tengo claro mis pensamientos. —dije.
—Hay cien llamadas al número desconocido, dos a la rata que mató al Patrón, cuarenta al doctor Mendoza y diez a la señora Verónica. No hay más registros, ni más números. ¿Qué piensas al respecto?
—Que Roland planeó su asesinato, pero algo le salió mal. Yo vi que no respiraba, nadie aguanta tanto la respiración, pasó muchos minutos ante mis ojos. —Me sobé la cara—. Tenemos tres escenarios con una mujer y me atrevo a decir, es la misma con una gran habilidad para transformarse, ella ha continuado con el plan del Patrón. ¿Quién es ella?, si ya Roland murió, ¿por qué sigue en escena? —volví a suspirar—. Rastrea ese número desconocido Cebolla, yo debo hacerle una visita al doctor Mendoza.
—Si el Patrón planeó fingir su muerte, ¿por qué nos excluyó de sus planes?
—Por la simple razón que él necesitaba dejarnos desconcertados y dolidos para que el cartel lo creyera. Si yo lo hubiera ayudado, no hubiese podido llorar como lo hice, ni tú, el problema es que sí lo mataron y la incógnita es, ¿por qué esa pelinegra sigue en el juego? —miré a Cebolla quien miraba la pantalla—. Necesito saber quién es ella. Tenemos un lugar a donde Roland viajó en dos ocasiones.
—Hablando de eso.
Ayer recibí una llamada de un ingeniero donde informaba que la casa ya está terminada.
—¿Te refieres a los otros negocios de Roland?
—Pensé que era eso, cuando le dije que me diera la dirección para ir a verla me dijo que era en Blanco, Texas.
—Esto no es coincidencia, consigue dos tiquetes para viajar a ese lugar después de la lectura del testamento. El martes o miércoles siguiente del bautizo de Isaac.
—Vamos juntos o quién de los dos viaja.
—Yo lo hago con Mojón, sabes que no podemos dejar a la señora sola, tú te quedas con Rasca culo. Cereza y Churrusco deben hacer sondeos de los negocios.
—Bien.
—¡Rata y Cebolla! —escuchamos el grito de Inés.
—Créeme, es peor que una madre. —reímos.
—Esa vieja, así nos saque de quicio, es nuestra madre. —suspiramos y salimos del sótano.
—Después seguimos investigando, vamos a almorzar, nos deben de llamar para eso y de paso saludo a la señora y cargo a Isaac. —Vi la sonrisa en el rostro de Cebolla—. ¿Algo que quieras decirme?
—No jodas, es solo que ese bebé ha hecho que me plantee el tener hijos.
—¿Con su madre?
—Diana no es mi tipo, ¡es una niña por el Creador!, además por ahora solo quiero estar seguro de dejar el resentimiento y no tomar malas decisiones. Cuando eso pasa me hacen sentir despreciable y mal conmigo mismo, créeme me arrepiento mucho de haberlas hecho.
—Miguel. —dejó de caminar, en contadas ocasiones lo he llamado por su nombre—. Sabes que soy tu amigo por si quieres hablar algún día y… el que seas bisexual…
—Rata, solo te diré, tengo demasiados demonios en mi cabeza, te agradezco por todo lo que has hecho desde hace más de diecisiete años, por aceptarme como uno de ustedes, pero no te metas en mi vida privada, no hasta que yo te lo permita. ¿Lo puedes respetar? —afirmé—. Gracias y solo he estado con hombres por rabia en las ocasiones en que la cabeza se desestabiliza, yo nunca… —mierda, la vaina se ve más complicada.
—Cebolla…
—Ya soy un monstruo como para convertirme en una pesadilla más para Diana, ella es una increíble chica, pero es muy niña, le llevo ¡¿Qué?! Trece años.
—Viejo cálmate, entendí.
—Sí, gracias.
—A mí no me agradezcas, la llegada de la señora Verónica ha hecho estragos en todos nosotros.
—Y las oraciones de Inés.