—Maldito, ¿qué me hiciste? Juro que te voy a matar como lo hice con tu mujer.
Eso casi me hace perder el control.
—Él perdió el color cuando recordé a su mujer. Ja, ja, ja… ¿Estás dolido? ¿La extrañas mucho?
—Cállate si no quieres que te arranque la lengua.
—No me arrepiento de haber matado a la zorra de tu novia.
Escupí con todo el odio del mundo mientras sentí cómo perdía mis fuerzas y comprendí que había sido ingenua; el maldito había venido por todos al mismo tiempo.
—Cuando la vi quieta, reí a carcajadas. La perra no puede defenderse. Es una lástima que esté indefensa.
—Juro que te mataré como lo hice con Vera.
Quería gritar, pero no tenía fuerzas. Podía hablar, lo cual me indica que usó poca cantidad, pero era frustrante verlo encima de mí sonriendo. Así que pensé: si no puedo usar mis manos para desestabilizarlo, sí puedo usar mis palabras para dañar su mente. Y es que verlo sufrir era de las cosas que más disfrutaba en este mundo.
—¿Qué se siente ser viudo? —dije, observándolo a los ojos.
Sabía muy bien que mi pregunta lo había puesto furioso, pero también lo había descolocado, así que no le di tiempo de responder cuando lancé mi segundo ataque.
—Ups, me equivoqué, no eres viudo porque no lograste casarte. Ja, ja, ja…
Mi voz disminuía, me costaba hablar fuerte; no obstante, usaría hasta mi último aliento para hacerlo revivir cada maldito segundo de ese día.
—Aunque me preparé con tiempo para este momento, la verdad es que no pude evitar perderme en los recuerdos cuando esta maldita mujer mencionó a mi ex. Entonces comprendí que no había olvidado ni superado su muerte. Me concentré tanto en la venganza que no me tomé el tiempo para sanar, y ahora Alexandra estaba usando eso para desestabilizarme, y lo estaba logrando.
Flashback
Estaba en la entrada del salón de fiestas recibiendo a los invitados y esperando a mi novia, Vera Smirnov. La mujer con la que he decidido pasar el resto de mi vida es a quien sorprenderé hoy con la propuesta.
Ella se baja de la limusina luciendo un hermoso vestido rojo que se pega a su cuerpo como una segunda piel. No pude evitar perderme en el escote profundo que tiene, hasta que ella sonríe y salgo de la ensoñación para acercarme; tomo su mano y la atraigo hacia mí en un solo movimiento que la hace chocar con mi pecho.
—Buenas noches, hermosa, bienvenida.
—Buenas noches, Ivanov. A mí también me alegra verte.
No pierdo tiempo y uno nuestros labios en un beso bastante brusco, uno que le demuestra la urgencia que siento por ella. Ella me sigue el beso con la misma intensidad, hasta que yo decido separarnos por el bien de la sorpresa. La observo fijamente y le guiño un ojo.
—Vamos adentro, hermosa, que esta noche promete.
La tomo de la mano y nos adentramos en el salón. Decido acercarme a los presentes y saludarlos para ganar tiempo, ya que no quiero iniciar la sorpresa sin que se encuentren todos los invitados de esta noche. Los cuales se morirán al saber que el gran Maxim Ivanov, uno de los capos más grandes de Rusia, el amo y señor de San Petersburgo, comenzará a buscar herederos o a procrear a quienes serán sus próximos enemigos. No hay nada mejor que eso para mover el tablero. Y es que si esa no fuera una razón suficiente, yo jamás me hubiera casado.
De reojo observo a mis padres y puedo notar lo orgullosos que se sienten de que esté organizando mi vida. Después de terminar con los saludos, me dirijo a donde está la familia de mi novia para dejarla con ellos mientras yo superviso todo lo demás. Me acerco a mi hombre de confianza.
—¿Cómo van las cosas, Pavel?
—Maxim, no hay nada de qué preocuparse, todo está bajo control. Los únicos que no han llegado son los Kozlov.
Mierda, esos cobardes se atrevieron a rechazar mi invitación. Joder, ¿qué mierda puede ser más importante que acudir a mi evento? Se supone que esto no pasaría. Me averiguas ya mismo dónde se encuentran y, más aún, dónde mierda está metida la perra de Aleksandra, porque así sea a la fuerza, la traes. Quiero que vea en primera fila cuando me comprometa.
—Jefe, disculpe que me entrometa, pero ¿no le parece un suicidio invitar a la señorita Kozlov?
—Ja, ja, ja. No me digas que tú también le tienes miedo a esa maldita mujer.
—No es que le tenga miedo, pero después de ver cómo ha matado a tantos miembros de su familia, podría decirse que le tengo respeto.
—¿Respeto? ¿Me estás diciendo que tú le tienes respeto a esa perra?
Lo tomé del saco.
—No se te olvide para quién trabajas. A la única maldita persona a la que se le debe respeto en toda Rusia es a mí. Nunca lo olvides.
Ofuscado, lo solté con tanta fuerza que casi cae al piso.
—Disculpe, jefe, no lo dije en ese sentido. Usted sabe que soy leal. Ahora mismo me aseguraré de traerla ante usted.
Estaba nervioso, porque Maxim se transforma cuando habla de la señorita Aleksandra, así que aproveché el momento para escabullirme antes de que me matara. Pero gracias a Dios, al rastrear a la familia Kozlov, pude comprobar que se encontraban de camino aquí.
Era la hora de comenzar el espectáculo y es que, cuando me confirmaron que estaban en camino, continué con mis planes. Subí a la tarima y comencé con el discurso.
—Buenas noches, señoras y señores. Estamos aquí reunidos por una ocasión especial, una que sin duda marcará un antes y un después en la vida de todos nosotros.
Le hice señas a Vera para que subiera al escenario, cosa que la dejó impresionada.