Preparando el ataque

1131 Words
Desperté solo en mi cama y eso me hizo maldecir a la persona que está detrás de todo esto. Fue en ese instante que mi mente se iluminó: ¿qué tal si yo no fuera el único al que le arrebataran algo? En este mundo había cosas más preciadas que los seres queridos, y ese pensamiento me hizo sonreír como un idiota. ¿Por qué no lo pensé antes? Y la respuesta era clara. Vera. Es obvio que estuve entretenido estos años con estupideces. Por Dios, ¿cómo no fui capaz de pensar en eso antes? Aunque la verdad es que quizás en el pasado no hubiera sido posible vengarse de esta manera, pero ahora que él se había encargado de despejar el camino, era más que obvio que su plan daría resultado. Y con los ánimos renovados me levanté de la cama, fui a la ducha y disfruté mi baño pensando en la satisfacción que sentiré cuando obtenga mi nuevo objetivo. Al salir, le envié un mensaje a mi única persona de confianza, Pavel, mi mano derecha y mejor amigo de la infancia. Le pedí que viniera a mi habitación porque era el lugar más discreto. —Cuando llegué a la habitación de Maxim, nunca esperé verlo tan repuesto, como si ayer no hubiera enterrado a su prometida, así que lo observé con sospecha. ¿Me puedes explicar a qué se debe el cambio? La mirada de confusión de mi amigo me hizo soltar una carcajada tan fuerte que tuve que sostener mi abdomen. —¿Te estás burlando de mí, cretino? —No, solo que tu rostro es un poema. He conseguido la solución a todos mis problemas. Comencé a contarle lo que se me ocurrió… —Estás loco, esa más que una solución es un suicidio. ¿Cómo se te ocurre pensar en semejante barbaridad? Yo sabía que la muerte de Vera te había afectado, pero no tenía idea de cuánto. Si lo que quieres es suicidarte, toma mi arma. La colocó cargada en su mesa de noche. —¿Me estás dando permiso para acabar con mi vida? —Sí, es mejor verte morir por tu propia voluntad que acompañarte a la horca, sin contar que no serás el único que sufra las consecuencias de tus malas decisiones, ya que todos moriremos. ¿Eres consciente de eso? —Deja de exagerar, mi plan no puede ser tan malo, y tranquilo, que yo sé lo que hago. —Eso espero, aunque lo dudo. Hablaremos con los chicos. —Sí, pero esto será lo que les diremos. Primero necesito que comiencen a acechar a los Kozlov. Eso los mantendrá alerta hasta el punto de volverse paranoicos, pensando que los atacaré en cualquier momento. —Algo que supongo no sucederá. —Exacto. —Quiero desesperarlos, y mientras eso ocurre, tú y yo planearemos metódicamente cada paso. Fuimos juntos al galpón y reunimos a todo el personal. —Quiero que comiencen a atormentar a los Kozlov en cada instante del día, que su presencia se sienta. Siembren terror e incertidumbre. Síganlos cada vez que salgan, no importa si es a una fiesta o a comer. Quiero que pidan una mesa en el mismo restaurante. —Disculpe que lo interrumpa, jefe, pero no creo que salgamos con vida si hacemos eso. —Tranquilos, ellos no atacarán hasta que ustedes hagan algo, cosa que no sucederá. Mis órdenes son claras: acecharlos, pero no atacarlos, sin importar lo que hagan. No quiero errores. ¿Estamos claros? —Sí, jefe. —Eso es. Cuando pronuncié esas palabras, los hombres que reuní para esa misión se fueron, mientras los otros se encargaban del resto del trabajo. Nosotros dos comenzamos a hacer nuestras investigaciones. Era importante conocer hasta el último detalle de la vida de nuestro adversario. Así fueron pasando los días, y cada vez era más divertido escuchar las anécdotas sobre los Kozlov. Los teníamos asustados, no sabían cuándo atacaríamos, y eso me hacía feliz. Por primera vez en la historia había podido rodear y acorralar a nuestros rivales. Y es que, aunque cada mafioso de esta tierra era mi enemigo, ninguno como ellos, que eran los que controlan Moscú, la ciudad más grande de este país, la cual yo deseaba para mí. Y es que, aunque San Petersburgo era casi tan grande, eso me dejaba siempre en el segundo lugar. Es más, ya esto se había vuelto mi venganza personal. —Cada día veía a mi amigo más comprometido con esta nueva locura, una que yo estaba seguro de que era imposible de lograr. Y es que hasta ahora nadie había podido con los Kozlov, y han sido muchos los intentos de acabarlos. No ha habido ni una sola persona que siga con vida, excepto mi jefe, pero eso era porque la intención de ellos nunca había sido acabarlo, no de forma directa, sino como lo habían hecho con su familia, incluso con Vera, la mujer que pensó que Ivanov amaba hasta que murió. Y no, él lo superó con una velocidad impresionante, o eso aparentaba delante de nosotros. Ya nadie la mencionaba. Él sonreía y trabajaba como si ella nunca hubiera existido, lo cual me lleva a dudar de las intenciones que hay detrás de este supuesto ataque que él pensaba llevar a cabo. Es más, estoy casi seguro de que él cavará su propia tumba, pero como no existe poder humano para hacerlo recapacitar, lo dejaré actuar. —Quiero que preparen el galpón para recibir a la visita; instalen un sistema de guillotina para dos personas. Este lugar debe estar lleno de todas las armas que poseemos; todo eso debe verse a través de la cámara que instalaremos; las grabaciones deben ser en vivo. Mientras eso sucede, dos de ustedes rociarán todo el lugar con combustible; el detonador debe ser inalámbrico y también quiero esas imágenes reproduciéndose en tiempo real. Necesito que habiliten la mansión más grande de esta ciudad; allí será donde viviré después del ataque. Necesito un ejército de hombres que no le teman a nada. La casa debe estar llena de armas, al igual que las dos habitaciones blindadas que están en el sótano. Las mujeres de ustedes serán quienes atiendan la casa; eso evitará que alguno quiera traicionarme porque tome la vida de ellas sin dudarlo. Daremos una gran fiesta en esta ciudad, una que desatará la guerra. Por esa razón les doy la oportunidad de elegir si quieren participar o no. Ya que nunca más podremos vivir en paz. Los que no deseen pueden intercambiar puestos con los escoltas de las rutas de distribución. Terminé de dar las órdenes y me dirigí a casa. Pensando que acabaré de una vez por todas con la fama de esa familia y los tendré a mis pies, cueste lo que cueste.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD