Los tranquilos días transcurrían entre constantes berrinches de Adrián y Julián. Por momentos David quería arrojarlos a ambos por la ventana, no soportaba sus constantes quejas acerca de sus dolores y aburrimientos allí, ambos parecían un par de niños pequeños, un par de niños que quería hacer desaparecer por momentos. Ahora se encontraba junto a Julián, desafortunadamente por ser cuidados intensivos no podía llevarle ningún objeto para que se distrajera, pero tan pronto lo trasladaran a una habitación normal le llevaría todos los libros y juguetes que le pidiera. —Entonces, ¿llevas siete años como enfermera?— Escuchó la voz de Adrián. David estaba harto de escuchar sus conversaciones nada buenas con la maldita enfermera, ¿acaso no podía mantener su polla dentro del pantalón por un tie

