David despertó solo en la habitación del hotel, se sintió aliviado de no ver al otro a su lado. En ese momento no sentía nada en su corazón, era como un papel en blanco listo para ser rayado. Apretaba la sábana entre sus puños, podía sentir en cada rincón de su cuerpo el aroma de Adrián invadiéndolo, se sentía cansado de una manera increíble después de una noche de sexo duro. Se dirigió al baño con dificultad para darse una ducha, no quería rastros de ese hombre en su cuerpo, ni el más mínimo.
Ni siquiera tenía ganas de llorar, no podía recordar con claridad la noche anterior, su mente pareció haber bloqueado esos recuerdos para protegerse, y era mejor de ese modo. Bajo el chorro de agua caliente su cuerpo se estremecía al recordar cómo era recorrido y utilizado, se sintió feliz de saber que pudo aguantar y le dio la guerra al bastardo en la cama.
Salió del hotel apresurado, tomó el autobús y se fue camino a casa de Alex a recoger a Julián, al medio día tendrían la cita con el doctor para iniciar el proceso y de seguro lo esperaría un interrogatorio por parte de su hermano. Respiró hondo antes de tocar la puerta de la casa, se calmó y pensó muy bien lo que iba a decir.
—¡Estaba preocupado por ti!— Lo recibió su hermano un poco molesto— ¿Por qué no llamaste?
— Lo siento, Alex— Sonrió con pesar—. Adrián me dejó esperando en el restaurante y tardamos en llegar a un acuerdo. Era muy tarde para venir por Julián... así que decidí marcharme solo a casa, no te llamé porque pensé que estarías descansando...
—Ya veo— Alzó una ceja— Entonces, ¿por qué traes puesta la ropa del día anterior entonces?— Cortó su hermano.
— ¿Eh?— David se miró la ropa ¡Que idiota!—. Bueno, me cogió la tarde para venir por Julián así que no me fije en lo que me puse.
Alex suspiró poco convencido. David no estaba siendo sincero, algo había ocurrido con el bastardo ese, finalmente era una decisión de él pero eso no significaba que iba a dejar que lo dañaran de nuevo.
—Y bien , ¿qué te dijo el imbécil ese?—Cambió de tema.
—Nada, le expliqué un poco lo del proceso— Jugó con sus manos— Solo me pidió que lo acompañara a realizarse los exámenes ya que no tenía ni idea de eso...
—¿No dijo nada de Julián?—Preguntó preocupado.
—Claro que no—Evadió su mirada—. Mejor así.
— ¿A qué horas es la cita?
— Al mediodía— Miró de reojo hacía adentro—. Vengo por Julián para llevarlo conmigo.
—¿Vas a dejar que conozca a Julián?— Alzó las cejas.
—A Adrián le importa muy poco su hijo y Julián no sabe nada de él. No veo el problema. Yo tampoco pienso hablar, así que serán dos desconocidos—Sonrió triste— Si se van a hacer el trasplante inevitablemente se conocerán.
—Tienes razón— Susurró— ¿Y si Adrián intenta algo?
— No lo hará...— Respiró hondo cruzando sus brazos— Primero, él no quiere a su hijo. Segundo, si lo intenta hablaré con Samuel para que me defienda.
—No quiero que te hiera de nuevo— Fue sincero mientras tomaba una de sus manos entre las suyas—. Ni a ti, ni a Julián.
—No lo hará—Sonrió con ternura— Ya no soy el mismo de hace siete años... sé quién es Adrián y no caeré dos veces.
—Está bien—Dio un ligero apretón a su mano—. Solo espero que todo esto termine rápido para que no tengas que estar mucho tiempo junto a él.
— Yo también, Alex.
—¡Mamá!— Bajó Julián corriendo las escaleras con Daniel detrás— ¿Por qué no viniste por mí?
— Lo siento— Besó su frente—. Se extendió la reunión.
— Te extrañé.
— Yo también— Jaló sus mejillas— . Ahora ve por tus cosas que nos vamos, tenemos que ir a la clínica para tu donante.
— ¿En serio?— abrió los ojos
— Apresúrate—Lo ánimo.
El niño subió por las escaleras y regresó en menos de nada con sus peluches entre los brazos, tomó la mano de su mamá.
—Adiós, tío Alex—Hizo una leve reverencia.
— Adiós, pequeño— Dijo Alex agachándose para quedar a su altura—. Obedece a tu Mamá en la clínica.
— Sí— Contestó enérgico.
—Buena suerte, David— Dijo Daniel— Sabes que cualquier cosa que necesites puedes decirme.
Alex se puso en pie y sonrió a su hermano.
— Buena suerte, me avisas el día de la operación, no quiero dejarte solo.
— Esta bien—Jaló a Julián—. Gracias, Alex, por todo.
— Lo que necesites puedes decirme — Le dio un beso en la mejilla —. Buena suerte con... Ya sabes.
David asintió, salió de la casa con su pequeño de la mano, no iba a negar que sentía miedo, Adrián iba a conocer a Julián, aunque este no supiera la existencia de su padre no podía evitar un sabor amargo en su boca, solo esperaba que las cosas no se complicaran.
Tomó el autobús y fue a casa rápido para cambiarse, alistó a Julián y salieron de nuevo en taxi hacia la clínica. David temía que Adrián no se presentara a la cita, caminaba por los pasillos blancos de la mano de su hijo angustiado hasta llegar a la oficina del doctor Saavedra. Al entrar se sorprendió al ver a Adrián, estaba sentado con sus piernas cruzadas, mantenía su mirada despectiva mientras escuchaba lo que decía el doctor quien se veía guapo como siempre.
El pelinegro los miró con indiferencia y apartó las gafas negras de su rostro. Apenas miró de reojo a Julián, no pudo evitar detenerse en sus tiernas facciones que eran idénticas a las de David, sumado a que sus cabellos y ojos iguales a los de él. Era toda una belleza, un hijo suyo después de todo.
— Hola, David, Julián — Saludó el doctor feliz de verlos — Me alegra mucho verlos.
— Felipe.— Gritó Julián corriendo a sus brazos para abrazarlo.
— Julián no seas tan confianzudo con el doctor—Lo reprendió David.
— No te preocupes, David — Dijo Felipe restándole importancia —. Me alegra que Julián se sienta feliz de verme, cualquier daría media vuelta y se marcharía.
—Debería ser más respetuoso — Miraba a su hijo que ojeaba los papeles de Felipe sobre el escritorio —. Julián no hagas eso.
—Pero, Mamá.
— Tranquilo, David — Lo calmó Felipe.
En ese momento Adrián aclaró la garganta, los miró recordándoles que existía y estaba allí desperdiciando su valioso tiempo.
—Lo siento, señor Velasco — Dijo Felipe, tomó a Julián por los hombros — Ve con tu mamá y tomen asiento.
El chico asintió y se dirigió hacía su madre, tomaron asiento atentos para escuchar las palabras del doctor, mientras Adrián los miraba de reojo.
—Bien — Inició diciendo el doctor— Señor Velasco, el joven David me notificó que usted va a donar parte de su hígado a Julián — Adrián asintió — Antes de proceder a un trasplante se hacen una serie de exámenes para comprobar la compatibilidad y el estado del cuerpo del donante, en el transcurso de esta semana tendrá diversas citas para hacer lo más pronto posible la operación en caso de salir apto — Sacó unos papeles y miró a Julián quien sonreía para luego mirar a Adrián — Vamos a practicarle un examen de sangre, de orina, un electrocardiograma para conocer el estado de sus órganos y de acuerdo a los resultados procedemos a la fase de cirugía, esta dura aproximadamente de ocho a catorce horas de acuerdo a como nos vaya, después va a pasar dos días en cuidados post-anestesia para conocer las reacciones de su cuerpo a causa de la operación, después son quince días en cuidados intensivos y veinte días de hospitalización normal o tal vez menos de acuerdo a su recuperación y se le dará de alta, pero tendrá que llevar unos cuidados especiales por seis meses — Miró a David — En cuanto a Julián tendrá que venir durante seis meses a constantes controles y consumir ciertos medicamentos para que su cuerpo se adapte al órgano recibido.
David asintió.
— ¿Entonces durare un mes hospitalizados? — Dijo Adrián molesto.
— Sí, señor Velasco —Le miró Felipe — No podrá consumir ciertos alimentos por un tiempo al igual que Julián debido a que la operación es en la zona abdominal y el consumo puede generar dolores y daños. Además no sabemos cómo reaccionen sus hígados.
— De acuerdo— Dijo Adrián.
— También tendré que practicarle exámenes odontológicos ¿Usted bebe o fuma?
— No fumo, y si bebo, pero no de manera frecuente—Alzó los hombros.
— Bien, igual le practicaremos los exámenes, para los de sangre necesito que venga en ayunas en horas de la mañana.
Adrián bufó molesto.
— Bien.
Felipe llenó un papel y luego se lo extendió a Adrián.
— Venga al hospital a estas horas para practicar los exámenes...
Adrián lo leyó con el ceño fruncido. Julián lo seguía con la mirada curioso, le agradaba ese aspecto de prepotencia, Juan lo describiría como alguien cool y él quería ser cool para agradarle.
— De acuerdo—Dijo el pelinegro guardando el papel en el bolsillo de su gabardina.
— En cuanto a Julián — Sonrío a David —. Tú lo has cuidado muy bien hasta el día de hoy así que solo espera los resultados.
— Gracias, doctor—Apretó el agarre de su hijo al ver que no apartaba la mirada de Adrián.
— No me digas doctor dime Felipe —Sonrío. David se sonrojó asintiendo. Adrián los miró a ambos de reojo, se puso en pie y salió de allí sin despedirse. David suspiró — La fecha de la cirugía te la daré de acuerdo a los resultados pero si todo sale bien sera en menos de quince días.
— Gracias, Felipe — Le sonrío, en ese momento Julián se puso en pie apresurado y salió corriendo por la puerta con alegría. David se puso en pie molesto por la actitud repentina de su hijo — ¡Julián! No puedes correr.
Se apresuró a seguirlo por los pasillos, el niño corría con una sonrisa detrás de Adrián.
— ¡Señor Velasco! — Gritó con su voz infantil. Adrián no se detuvo y continuó ignorándolo, Julián se acercó y jaló de su gabardina deteniéndolo—Señor Velasco —Dijo agitado.
Eso no era bueno para él.
David se detuvo a la distancia observando la escena, maldita vida, maldito destino. No quería que Adrián hiriera a su hijo, eso nunca.
Adrián se giró mirándolo con severidad, Julián le sonrío.
— Muchas gracias por salvarme la vida — Adrián no dijo nada, se quedó con su expresión perdida — Después de nuestro trasplante podemos ir a jugar fútbol.
Adrián miró a David y luego a su hijo. Su hijo, que gracioso.
— Lo siento, niño —Le dio la espalda y jaló la gabardina apartando la mano de Julián —. No tengo tiempo que perder contigo.
Echó a andar bajo la mirada fulminante de David, Julián por el contrario sonrío de nuevo.
Aquel hombre le agradaba.
Adrián se apeó en su auto y arrancó camino a su oficina, suspiró molesto ¡Nunca debió haber aceptado esa propuesta! ¡Un mes hospitalizado era demasiado! ¿Cómo justificaría su ausencia? Nadie se podía enterar de la existencia de su hijo, sus padres lo colgarían vivo si llegasen a enterarse. Debía ser discreto y pensar bien las cosas.
Manejó camino a su empresa, quería beberse un whisky mientras revisaba el papeleo que lo estaba esperando sobre su escritorio, se bajó del auto colocándose sus gafas negras. Entró imponente como siempre, casi desfilando, sonreía por las miradas que le regalaban sus secretarías, antes de entrar a su oficina guiño un ojo a su secretaría personal y entró con una sonrisa.
Quería desahogarse esa noche.
Tomó asiento y acarició la primera carpeta sobre el montón que lo esperaba, en ese momento apareció su amigo Marc con una gran sonrisa.
—¿Cómo van las cosas Adrián? — Lo miró extrañado tomando asiento — Anoche no fuiste al club y hoy no te apareciste en la mañana. Dime ¿Qué hiciste ahora?
Adrián sonrío, Marc lo conocía muy bien.
— Bueno, digamos que es una larga historia.
— Tengo todo el día — Se puso en pie y fue al mini-bar a servir unas copas, regresó y le extendió una a su amigo — Cuéntame.
— David regresó.
Marc se sorprendió, su mente proceso aquel nombre que pensó nunca más volvería a escuchar. Su pecho amenazó con explotar.
David.
— ¿El chico que se apareció hace poco en tu oficina era él?—Adrián asintió— No me dijiste.
— Lo siento, se me pasó— Se disculpó con poca sinceridad.
— ¿Lee David? —Dijo sin creerlo, Adrián asintió — No jodas, ¿quería sexo?
Adrián negó aguantando la risa.
— No, resulta que tenemos un hijo.
— ¿Tienes un hijo con David? — Dijo asombrado, dio un sobro a su copa — ¡Wao! Eso no me lo esperaba.
— Yo menos — Llevó la copa a su boca —. Tiene siete años, al parecer se enteró poco después de separarnos.
— Bueno...
— Tiene una deficiencia en hígado y lo tienen que operar por su vida... algo así es — Dijo dando un sorbo —Me pidió hacer un trasplante de hígado.
—¿Aceptaste? —Preguntó curioso.
—Sí — Sonrió malvado —, pero con una condición.
Marc se echó para atrás riendo.
— ¡Oh! Adrián.
— Una noche de sexo — Se recostó en el escritorio — Anoche estuve con él.
— ¿Y qué tal?
— No estuvo mal—Sonrió al recordar la noche anterior.
— ¿Y la operación?
— Ummm — Sacó el papel de su gabardina —. Ahí están las fechas de los exámenes, si tenemos suerte será pronto.
— ¿Lo vas a hacer?
— Aún lo pienso — Dijo sincero — Pero, ese niño es mi hijo — Sonrío —. Deberías verlo, tiene los ojos y el cabello igual a mí y ni hablar de su belleza.
— Un hijo tuyo...con David — Dijo lo último para sí. Lo miró — ¿Qué piensas decir para justificar tu ausencia en caso de que te operes?
— Un viaje — Alzó los hombros —. Le diré a mis padres que necesito unas vacaciones, te dejaré la empresa a ti mientras regreso. Después haré como si nada hubiera pasado.
— ¿Un mes?—Dijo asombrado.
— La operación es delicada... — Añadió.
— Le pediste una noche de sexo... ¿cómo te sentiste?
— ¿A qué te refieres? — Lo miró.
— Me refiero a si no despertó nada en ti.
Adrián negó
— Nada, una persona más, eso es todo.
— ¿Y tus padres lo saben?
— No se pueden enterar.
Lo ojos de Marc brillaron.
—¿Por qué?
— Mi padre me tiene amenazado, un escándalo más y todo se va a la mierda.
— Guau — Dejó la copa sobre la mesa — ¿Lo crees capaz?
— No.
—Entonces ¿De qué temes?
— Hay un nieto de por medio, eso sí me asusta.
— No se van a enterar — Dijo Marc como si supiera el futuro.
— Eso espero.
Se quedaron cada uno meditando en sus cosas, planeando los pasos que iban a dar de ahora en adelante.
—Te deseo suerte en tu nueva aventura.— Se puso en pie Marc.
— ¿Vamos a salir esta noche?
—Lo siento, Adrián, esta noche no puedo...—Lo evadió.
— Como quieras— Respondió el pelinegro encendiendo su computadora.
Marc salió de allí casi corriendo a su oficina. Se quedó recostado contra la puerta pensando en la conversación que acababa de tener. David había reaparecido en sus vidas, en su interior se alegraba de saber que estaba bien, aunque ardía de rabia en pensar que tenía un hijo con el cabrón de Adrián.
Hace siete años había cometido un error al creer que llevarlo a los brazos de Adrián correría a los suyos después de saber la apuesta, no contaba con su desaparición. Ahora tenía la oportunidad de enmendar ese error y ocupar un espacio en su vida, debía buscarlo y hablar con él.
Iba a planearlo todo.
Y lo primero que haría sería sacar a Adrián de su camino.