◦✧◦DESAYUNO INTERRUMPIDO◦✧◦

2250 Words
Madison se quedó dormida a altas horas de la madrugada, primero por el cambio de horario y segundo por algunas cosas que el bueno de Chris le había comentado. —Margot Bennett era una guerrera, no era un hueso duro de roer. No se dejaba intimidar por nada, ni nadie. Tal vez eso hizo que molestara a mucha gente cuando comenzó a escalar posición. —Entonces quieres decir que mi abuela tenía enemigos —ella no preguntó, lo afirmó. —¿Qué empresario no los tiene? —Chris se encogió de hombros, chasqueó los dientes—. Y más ella que era joven, hermosa, inteligente y con una audacia increíble que la llevó a ser quien era. «También la ambición desmedida y descontrolada», Madison pensó en ese momento. Se quitó las sábanas y se levantó de la cama, se desperezó y corrió hacia el cuarto de baño. Aunque no tenía ánimos de nada, por el hecho de que la perdida de su abuela dolía como hierro caliente sobre su pecho, se obligó a vestirse presentable. Un vestido n3gr0 sencillo, corte recto y tradicional. Según Chris, quien era el gerente general del hotel, y también uno de los mejores amigos de juventud de su abuela, le advirtió que ese día no sería fácil. La noticia todavía no había circulado en los medios de comunicación, solo pedía que así fuera hasta que pudiera enterarse un poco más de lo sucedido. Cuando estuvo conforme con su atuendo decidió ir al restaurante del hotel para desayunar. El elevador la dejó en la entrada, y en el instante en que cruzó la puerta de vidrio la recibió un ambiente de lujo y refinamiento. Las paredes estaban decoradas con paneles de madera oscura y detalles en dorado que remontaban a los primeros años de construcción, lo que creaba una atmósfera cálida y acogedora. Los grandes ventanales permitían la entrada de luz natural durante el día y ofrecen vistas impresionantes de la ciudad en horas de la noche. La mezcla de lo clásico y lo moderno hacía que los comensales suspiraran. Las mesas tenían un diseño único en mármol con bordes dorados y plateados y que estaban elegantemente dispuestas para ser ocupadas, cada una con sillas tapizadas en cuerina de color azul marino y n3gr0. Aunque tenía luces LED empotradas en el techo, eran los candelabros de cristal los que resaltaban, proporcionando un ambiente suave, romántico y sobre todo íntimo. Como siempre, su abuela contrataba a los mejores diseñadores de interiores de todo el Reino Unido, y por esa razón la decoración era exquisita y muy detallada. Centros de mesa con arreglos con las flores de la temporada y velas perfumadas que añadían un toque de elegancia y sofisticación. No podía faltar obras de arte originales que adornaban las paredes, y que aportaban el toque de cultura y estilo. La manera en que se presentaba la carta era una obra maestra, ya que contaba con la más alta tecnología. Todo el menú fue diseñado por Jules Leroy un chef de renombre internacional que tenía más de cinco años trabajando para la cadena hotelera. El hombre destacaba por sus platos gourmet que combinaban ingredientes locales y exóticos, y los mostraba de manera artística. También presentaba la lista de vino, que eran seleccionados por un sommelier experto. Además de la buena comida, el hotel contaba con un servicio impecable y sobre todo personalizado. Los camareros usaban uniformes elegantes, y siempre estaban atentos a las necesidades de los comensales. En realidad, eso era lo que les había hecho ganar por cuatro años consecutivo el premio como el mejor restaurante de la ciudad. Puesto que sus recomendaciones eran muy acertadas, y eso aseguraba de que cada experiencia en el restaurante fuese memorable. El maître se encarga de recibir no solo a los huéspedes, sino a clientes asiduos. La intención del hotel es que la experiencia en el restaurante del hotel sea inigualable, por eso en las noches se presenta música suave de fondo, interpretada por un pianista en vivo, y otros días de la semana una orquesta. Aquello creaba un ambiente relajante y sofisticado. Todo estaba hecho para alterar los sentidos del visitante. Pero en ese momento apenas eran las ocho y cincuenta de la mañana. Lo único que quería un sandwich de rosbif, jamón de pavo y queso todo gratinado con su café fuerte que era capaz de levantar a un muerto. Lo malo era que ya no la atendían como un comensal más, sino como la dueña de todo el trabajo y el esfuerzo de su abuela. —Aquí está su desayuno, señorita Bennett —dijo uno de los camareros con una fiable sonrisa. —Muchas gracias. No sabía que estaba muerta de hambre hasta que olió la comida, tomó la taza humeante de café con las dos manos. Era algo que le encantaba hacer antes de disfrutar del líquido oscuro. —¿Madi? Ella volteó a ver al gerente del hotel que se veía un tanto nervioso. —¿Sucede algo, Chris? —al preguntar no pudo evitar fruncir el ceño, pues el hombre no estaba solo. —Cariño, espero que hayas dormido bien —le dio la mueca de una sonrisa, era obvio que estaba un poco incómodo con su acompañante. —Buenos días, señorita Bennett —intervino el recién llegado, extendiéndole la mano—. Soy el detective Montgomery. De manera inmediata, Madison cruzó la mirada con Chris. Al ver que los empleados comenzaban a mirarlo, ella dio respiro. —Por favor, detective —dejó la taza de café sobre la mesa y le hizo gesto con la mano—. Tome asiento, ¿ya desayunó? Chris se aclaró la garganta, era obvio que aquel comportamiento era aprendido. —Le aceptaría solo un café, no suelo desayunar —contestó el hombre, acomodando en la silla frente a ella. —Pues, hace usted muy mal —enarcó una cejo—. Saltarse las comidas, y el cigarrillo no son buenos para el organismo. —Tiene mucha razón —el recién llegado hizo una mueca. —Iré a encargarme del café —manifestó Chris antes de dejarlos a solas. Ambos dieron un asentimiento de cabeza. —Dígame que novedades tiene —como siempre, fue directo al grano. —Me imagino que el señor Jones le ha puesto al tanto. —No, apenas llegué anoche de América. Solo me dijo que el cuerpo de mi abuela está bajo custodia policial, y me gustaría que me terminara de explicar el motivo. En ese instante hicieron silencio, puesto que el camarero se acercó hasta la mesa con el café. —Muy amable —dijo él, lo miró detalladamente. —La muerte de la señora Bennett ha ocurrido en situaciones un poco extrañas —inquirió después de saborear su café, y luego la miró fijamente— ¿Sabe si su abuela tenía algún enemigo? Aquella pregunta hizo que el corazón de Madison doliera un poco. —Supongo que sí los tendría —se encogió de hombros—. Recuerde que mi abuela era una empresaria a la cual tener en cuenta —dio una larga respiración—. Hay hombres que no les gusta ser derrotados y menos por una mujer. ¡Bingo! Sonrió para sus adentros, porque vio en su rostro que era uno de esos hombres. —Lamentablemente, eso tendríamos que comprobarlo. Puesto que debemos de esclarecer su fallecimiento. Recuerde que la señora Margot Bennett fue encontrada dieciocho horas después de su deceso. —Entiendo perfectamente… El vago recuerdo de unas palabras de su abuela vinieron a su cabeza. —Debes volver, Madi —la tomó por los hombros—. No sabes todo lo que está en juego. —Señorita Bennett —volvió al presente— ¿Me ha escuchado? —Sí, por supuesto —mintió—. ¿Pero entonces cuando podré hacerle el funeral como Dios manda a mi abuela? —Lo importante es saber que exactamente sucedió con la señora Bennett —la miró con los ojos entrecerrados— ¿O es que usted no lo quiere? —¿Está insinuando que yo estoy muy feliz con la muerte de mi abuela? —Madison dio un golpe en la mesa sin importarle llamar la atención de los comensales que a esa hora de la mañana se encontraban en el restaurante. —Disculpe, no quise ofenderla… —Yo no estoy pidiendo que deje a un lado su investigación —ella hizo una pausa—. Pero… ¿No le parece que es un poco pervertido tenerla en una morgue, para y rebanar su cuerpo? —con voz quebrada, agregó: —¿Tampoco cree que no es doloroso para mí? Cuando apenas hace dos semanas fue a visitarme a América y me pidió que volviera a Londres. El detective parpadeó un par de veces, puesto creyó no haber escuchado bien. —¡Un momento! ¿Ha dicho que su la señora Bennett le pidió que regresara? —¡Sí! —Lo miró con los ojos nublados por las lágrimas, pero dio un sorbo de su bebida para disiparlas un poco—. Usted no tiene una idea de como eso me está quemando por dentro. —De acuerdo, mi intención no fue incomodarla —el hombre bajó la guardia un poco, de su traje sacó una tarjeta y se la entregó—. Esta es mi tarjeta, si por alguna razón usted escucha o ve algo fuera de lugar en lo referente a la muerte de Margot Bennett, por favor no dude en llamarme. —Klaus Montgomery —repitió Madison, y por alguna razón extraña le gustó su nombre. Como todo un caballero al levantarse le extendió la mano. —Fue un gusto conocerla, aunque esta entrevista se haya dado por este motivo tan triste —le dio una sonrisa ladeada, y antes de irse le dijo: —No dude en llamarme si necesita algo, cualquier cosa. Madison no quería ser mal educada, pero no pudo apartar los ojos de su espalda mientras Klaus se marchaba. «Buen tamaño, buen cuerpo, buen rostro, buen trasero. Por los clavos de Cristo, Madison, ¡compórtate!», se regañó negando con la cabeza. Todo aquello le dio mucho que pensar, por el hecho de que Chris le había comentado la noche anterior que el abogado Greg Harper se encargó de retrasar la revisión de la suite de su abuela hasta que ella llegara a Londres. Era obvio que la policía ya sabía que estaba en la ciudad. Cuando terminaba su desayuno, Chris se le acercó para sentarse muy cerca. Su ceño fruncido le hizo saber a Madison que lo que iba a decirle era completamente serio. —La policía puede revisar el cuarto de Margot, pero no sin que tú lo hagas primero, ¿entiendes? La expresión en su rostro que su piel se erizara. —¿Por qué? —quiso saber. —Secretos, tu abuela guardaba demasiados —asintió suavemente—. Montgomery tiene razón, ella tenía muchos enemigos, y cualquiera pudo hacerle daño. —Mi abuela nunca me lo comentó… El hombre que la vio crecer miró a los lados con cautela. —Los enemigos de Margot no son recientes, siempre han existido desde los comienzos de sus negocios —puso una mano sobre la de ella—. Tu abuela tenía el poder de hacer temblar hasta el Emir más poderoso de Arabia Saudita. —¿Sabías que no entiendo un carajo de lo que me estás diciendo, Chris? —Madison se acercó un poco más a él. —Lo entenderás todo, esta noche —resolvió él—. Recuerdo cuando eras niña y sentías una obsesión por la habitación dieciséis doce. El corazón de la joven comenzó a latir rápidamente, puesto que hubo un tiempo en el cual hacía vigilia en el pasillo, mordiéndose las uñas por la curiosidad. Su abuela era muy recelosa con esa habitación, puesto que le parecía muy extraño que estuviera en el piso personal, y que algunos huéspedes la reservaran. Cada vez que le preguntaba con una sonrisa y tocando la punta de su nariz le decía que en ahí se encontraba la mina de oro del hotel, con su respuesta siempre pensó que se trataba de alguna suite para clientes exclusivos que necesitaban atención privilegiada. Aquella era su oportunidad de describir que era lo que había detrás de aquella puerta. Chris le dio una sonrisa ladeada, porque ella no ocultó la curiosidad sentía. —¡Oh, por Dios! —exclamó apretando los dientes—. Creo que acerca un vendaval de problemas… —¿Por qué lo dices? —frunció el ceño. Al amigo de su abuela no le dio tiempo de contestar, porque justo en ese momento, un hombre de gran tamaño, y con aura de arrogancia cubrió la claridad. —¡Por fin tengo el honor de conocerla en persona! —expresó una voz ronca, y luego se giró al gerente—. Es bueno verte, Chris. —Yo no podría decir lo mismo —manifestó el hombre con piel chocolate, esbozando una falsa sonrisa. Lo miró con el ceño fruncido, puesto que hizo que su pulso se le acelerara, aunque ya lo había escuchado antes. Sin embargo, no recordaba exactamente. —Es usted muy amable —Madison se relamió los labios—. Disculpe, no quiero ser mal educada, pero… ¿Nos conocemos? —Hablé usted por teléfono, pero no se preocupe, me presentaré de nuevo —extendió la mano con mucha caballerosidad—. Mi nombre es Cameron King.
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