Capítulo 16 Conflictos o acuerdos

1439 Words
Brent Después de una hora logro llegar al club, dejé todo listo con mi superior dándome la respuesta del porque su socio se encuentra aquí y solo viene por droga cincuenta paquetes exactos ni más ni menos, eso me agradó solo espero que el idiota lo entienda, no me importará pasar por encima de sus tres guardaespaldas que los custodian como abejas en la miel. Por su parte; llegó al centro del club donde se encuentra y lo veo relajado en una de las mesas con muebles oscuros como modos para los clientes distinguidos bebiendo su licor importado que realizan su país, niego y respiró hondo para salir de este asunto cuánto antes, enseguida comienzo a dar mis pasos con total seguridad de la que soy caracterizado, para así quedar delante de la mesa y él verme sonriendo mientras consume su licor con total gustó; mientras mantengo una mirada imperturbable. El hombre pálido de cabello rubio me ve y se coloca de pie, para así estar a la par, solo elevo una ceja para romper este silencio, aunque un sonido de balada al fondo se oye para aminorar el ambiente. — Me dijeron que me buscas. — hablé directo, lo que hizo que sonriera de lado. — Exacto Brent; así que vengo por mi mercancía; Marco hablo conmigo y no quiero quejas. — suelta de forma irritante, que sólo me tocó el puente de la nariz, para disipar la molestia. — Fui informado Ruso; así que vamos para darte la entrega y también seré claro con contigo, el jefe dio una cantidad y no puedes salirte de ese acuerdo. ¡ Has entendido! — informé tajante, cosa que trago en seco, quedándose serio en su lugar. — No recibo órdenes de ti imbécil, solo tengo el acuerdo con tu jefe; así que espero ver mi mercancía completa. — contraatacó mordaz, pero no me contuve y me fui acercando a estar cerca de su persona. — Me importa una mierda lo que digas Ruso; solo cumplo lo que dicen así que no pienso perder mi tiempo discutiendo. — lo desafíe mostrando mi carácter y ganas de romperle la cara para volverlo nada. Enseguida se río de mí, que sólo lo fulmine con la mirada, pero los guardaespaldas estaban ahí alertas negué está situación, me di media vuelta para ir al sótano interno obviamente el ruso con su gente me siguieron durante el trayecto, Gustavo llegó y se puso a la par conmigo, para abrir las puertas de metal coloque la clave en la pantalla dando libre acceso para mostrar lo que adentro contenía el gran tesoro de muchos, pero es la peor basura para otros, mire de reojo al rubio y solo estaba feliz por ver semejante mercancía bufé por lo bajo recordando en mi mente que esto es poco a comparación de la reserva que tiene Marco en su lugar más importante que poco conocen y mi caso tuve el placer de ver una sola vez, cuando me saco de las calles. En eso noto como une sus palmas dando un ruido efímero que capta la atención de sus guardias, sin embargo Gustavo y yo nos damos una mirada entre nosotros reconociendo que debemos comenzar, así que me gustaría darle la carpeta que me entrego hace poco mi colega; dónde específica por mi jefe la cantidad que le entregan al estar cerca del imbécil que no deje de ver el almacén, lo hago que me miré al extender el documento que no duda en comenzar a leer. — Allí estipula lo que te llevarás y son cincuenta nada más. — dije con certeza lo que mando el jefe, cosa que eleva la mirada hacia mí con molestia evidente. — Esa no es la cantidad Brent; Marco me dijo que son cien. — confirma, cosa que niego al recibir la carpeta estando inconforme el socio de mi jefe. — Pues entonces llámalo ruso; sabemos ambos que el jefe te dirá lo mismo que yo. — finalice al retirarme y ver a mis guardias marcando su distancia, ya que los del ruso están cerca de su dueño por así decirlo. — Eso lo veremos imbécil. — comienza a ofender; pero no me inmutó lo miro de forma amenazante dejando una distancia prudente entre nosotros. No pierde tiempo y saca su teléfono para hacer la llamada, esto siempre me agrada ya que como mi jefe, no lo tiene en el mejor concepto el trato puede disminuir si se queja, fue una de las cosas que me dijo al estar hablando hace como dos horas. No obstante; Gustavo se acerca y me habla cosa que le prestó atención, sin dejar de vigilar la zona estando de brazos cruzados. — Eso no te angustia ¿Brent? — me dice, algo preocupado en eso lo miró rápidamente. — Para nada Gustavo, no tengo porque además el Ruso no le gustará la respuesta de mi jefe. — respondí al ver la reacción negativa del socio que al verme frunció el ceño más. — Ya viene para acá, espero tu orden para comenzar a cargar Brent. — comenta y asiento para verlo irse. Le toma al menos unos minutos llegar y quedarse molesto sus facciones tensas así como sus ojos querer clavarse en mi, pero no me interesa al colocar mis manos en el bolsillo de mi pantalón. — ¿Entonces que te dijo el jefe? — pregunto sonriendo de lado, conociendo la respuesta. — Dame los documentos no pienso discutir mi conversación contigo, así que terminemos con esto. — zanjo al elevar su mano y hacer que sus guardias estén listo para sacar su mercancía. — No hay problema ruso. — le tendí los documentos firmando en el acto, para después entregármelo. No podía dejar de sentirme pleno por como todo; cae por su propio peso, hoy es buen día y la noche lo será más al cerrarlo con un buen acoston con cierta pelirroja, que no olvide de guardar su número en mi celular, sé que no dudará en darme lo que quiero. Conforme estaba meditando comenzó la entrega tanto la gente del ruso como la mía ayudo, a qué sus cincuenta paquetes fueran colocados en su camión grande de color n***o; sin nada que lo identifique, Gustavo hizo lo propio mientras yo contaba cada pieza que salía cuando término alrededor de dos horas tome foto del cargamento pedido como entregado a mi jefe, después el ruso se fue sin decir nada eso me agradó más, cosa que Gustavo no paraba de reír al saber que todo salió mejor de lo que piensan. (…) Por consiguiente; estaba en el despacho haciendo ajustes y arreglos de cada balance de cuentas, mientras terminaba de alistar para la remodelación de las paredes de enfrente del negocio los obreros fueron elegidos como también uno de mis guardias de confianza los vigila para que todo salga sin nada de detalles, eso me dejó más tranquilo que al mirar la hora era de noche respire hondo para mover mi cuello sonando en el proceso me coloque de pie busque una copa de brandy para saciar mi sed y tranquilidad, todo esto era una larga carga pesada que deseo dejar de lado. En eso suena la puerta del despacho, doy el pase viendo aparecer a una de las mujeres que me complace en la cama, usando un pantalón jeans pegado al cuerpo, junto a una blusa de tirantes en morado cabello recogido en una coleta alta sin faltar el maquillaje que la hace lucir perfecta, pero demasiado para mí gustó dejo de beber al verla cerrar la puerta y pestañar acercándose a mí. — ¿ A qué vienes? — pregunto. — Te deseo cariño y sabes que contigo me relajo más. — contesta de forma atrevida que ruedo los ojos por eso. — Pues… yo no querida, así que vete por dónde viniste, tengo trabajo y tú me estorbas aquí. — zanje sin importarme nada, cosa que amplió sus ojos por mis palabras. — Brent… — Señor Anker para ti niña, así que largo. — me di a entender, cosa que piso el suelo con sus tacones llena de molestia. — Te odió. — El odio es mutuo querida. — dije sonriendo a la vez que se fue dejándome solo en mi despacho. Al estar nuevamente sólo vislumbre la ventana que da a la calle de Tegucigalpa evidenciando como las luces son iluminadas para cada habitante solté un suspiro este fin de semana será largo, pero el lunes traerá consigo la mejor diversión que tendré en el club conociendo que esa chiquilla hará lo que yo mandé, sonríe victorioso.
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