Jana
El día inició y más al sentir una almohada en mi cara, que hace levantarme de golpe; viendo a mi Madre de brazos cruzados y con la ceja elevada eso me indica aún en mi momento de sueño que estoy algo retrasada bufé por lo bajo saliendo de las sábanas para colocarme de pie.
— Mamá ¿ Porque haces eso siempre? — me quejo al estrujar mis ojos sacando todo sueño.
— Sabes que eres dormilona y además tienes solo quince minutos para estar abajo comer e irnos, debo hacer compras hoy es mi día libre; pero te dejare en el instituto. — asentí y luego la vi irse dejándome sola en mi cuarto.
Negué por como siempre hace eso para levantarme, me estiró un poco los brazos y cuello haciendo que cada uno suene, luego me aproximó al baño para asearme cepillo mis dientes con tranquilidad, para después ir por una ducha caliente eso me tomo unos minutos, hasta que salí para ir al armario me puse a detallar un poco mi ropa, más bien debo regalar algunas, no me quedan por qué he crecido, eso es algo que debo hacer apenas llegué de mi instituto.
Descartando eso me dispongo a ponerme un shorts n***o y blusa en color naranja con diseño resaltando París, botas de cuero altas sin nada de chaqueta, me veo en el pequeño espejo detrás de la puerta contenta con lo que uso detallo mi cabello es un desastre, me doy la vuelta para tomar de la cómoda mi cepillo para comenzar a desenredar, antes me coloque crema para suavizarlo, otros minutos me llevas y logro obtener mis rulos en mejor forma sacó de un cajón un cintillo de tela en naranja detallo el espacio necesito un gran espejo para verme al arreglarme.
Me colocó de pie estando conforme con mi vestimenta y cabello me pongo maquillaje algo suave, como polvo, rubor y lápiz de ojos negros sencilla, pero bien dejo brillo en mis labios sin tanto color tomo mi bolso n***o con todo lo que necesitó y tomo mi teléfono del suelo, lo detalló y no hay mucha batería me llevo el cargador para así en su momento dejarlo enchufado. Seguidamente; salgo de mi cuarto me toma un minuto estar en el comedor pequeño viendo el platillo de desayuno, cosa que mi estómago rugió por atención.
— Por fin bajas Jana. — Comento, al estar sentada degustando la comida.
— Lo siento Madre. — me disculpé; para así sentarme a su lado.
— Te quedan tres minutos, no podemos llegar tarde, espero no inventes más, como lo de ayer Jana. — advierte y la observó para así darle la razón, aunque no fue mi culpa.
— Así será Madre; solo por favor escúchame, antes de juzgar a la ligera, gracias a Dios no paso a mayores y salimos de allí. — indiqué, cosa que ella elevo una ceja inquisitiva.
— De hablar eso siempre lo tengo presente Jana, solo no mientas sabes que odio eso. — aseveró, dónde seguí comiendo.
No era fácil convencer a Charlotte Montgomery, pero mi castigo fue inofensivo a Perla seguro su madre la enjuagó por como la miraba ese día que desayunamos, no me quiero ni imaginar el castigo despejo mi mente al comer mis huevos fritos con pan tostado y ensaladas de frutas a parte con el humeante café que destila, nada puedo dejar en ese plato la comida lo es todo para mí en eso me parezco a mi Padre según dice mi Madre; hoy estará conmigo y no trabajará hasta tarde eso por un lado es bueno.
Ya pasado los tres minutos, retiramos la mesa y mi Madre me pide salir para llegar al garaje para esperarla, lo cual hago me colocó mis audífonos blancos para reproducir mis canciones de baladas de todos los tiempos eso me calma y me enamora más de ellas, que al durar unos segundos la veo llegar para así con su cartera en mano ingresar al área del piloto, la imitó sentándome de copiloto le toma otros minutos y salimos del garaje que abrí antes, salgo al estar afuera y cierro todo con llave para así volver emprendiendo la marcha.
Poco más de una hora llegué a mi instituto, salgo del auto y le doy un beso en el aire a mi Madre; que sólo atina a despedirse para dejarme en claro que le avisé de mi llegada a casa, asiento para así emprender mi caminata, muchos alumnos de todas las edades entran; para así oír la campana me sentí conforme por llegar a tiempo, siempre me pasa que no llego exactamente a la hora y me sancionan por eso.
Al estar en mi salón, veo a perla sentada en la parte de atrás me aproximó entre los alumnos para sentarme a su lado su cara dice que está molesta y me preparo para los cuentos o rabieta que vaya a decirme, al sentarme en el puesto siente el sonido que hago cosa que me ve; para luego girarse a la ventana a su lado, eso me hace fruncir el ceño.
— Perla ¿Te sucede algo? — suelto la pregunta; viendo a todos sentados esperando al profesor de matemáticas, como odio esa materia.
— Nada. —
— Oh vamos no debes estar molesta conmigo Perla, más bien cuéntame. — le digo de forma amable, pero ella niega recostando su cabeza en la mesa de su escritorio.
— ¿Para que? Jana mi Madre me prohibió el teléfono, por tres meses y sin salidas de igual forma. — pausa, tocando su frente una y otra vez. — Sabes que no me gusta estar encerrada. — me mira y la entendí completamente.
Bufo por lo bajo, tocando mi barbilla para ver al profesor ingresar y dar su clase.
— Al receso hablamos mejor, de todas formas todo tiene solución. — Comenta y Perla la mira extrañada.
(…)
Cuando finaliza la clase, dejo los apuntes anotados con buen ánimo a pesar que odio está asignatura, al salir cada estudiante miro a Perla ponerse de pie hago lo mismo y me colocó al lado de ella para salir por fin del salón mi estómago ruge, dejando que la pelinegra sonría por primera vez en el día.
— No puedo con tu estómago Jana. — niega y mira a todos para saludar.
— Oh vamos Perla; el siente y pide lo que quiere. — respondí con una sonrisa genuina.
— Si claro vamos reina amargada. — la empujó levemente y comenzamos a reírnos para ir directo a la cafetería.
En el trascurso del camino escogemos el lugar y tomamos los alimentos que ofrecen en este caso; opte por pasta con carne asada, mi amiga ensalada con panes para acompañar niego por su actuar mi gusto es comer no negarme ese no es mi estilo, además mi cuerpo se mantiene firme y en forma; muchos preguntan la receta y solo digo que coman sin detenerse, algunos me tachan de loca pero soy sincera. Por su parte, nos sentamos en el jardín en unas mesas al aire libre, la grama bien posada una fuente con todo lo que se requiere sin faltar los caminos que te llevan a los múltiples pasillos del mismo instituto no por nada es pago, vaya… mi Madre hace un gran esfuerzo al tenerme aquí.
De pronto; siento la mano de perla sobre mi cara la apartó para verla mejor y comenzar a comer este es mi momento, tanto mi mente y estómago lo agradecen; por breves segundos hablamos de cosas triviales, de que haremos en el verano y las posibilidades de que pueda estar libre de su castigó al culminar estoy bebiendo mi jugo de mora, sin dejar de hablar un tema que lo dejamos a medias.
— Perla tenemos algo que ¿hablar? — suelto la pregunta y ella me mira optando una mirada seria.
— Pues nada; ya te dije del castigó y mi Madre que es dramática no va retroceder su actuar. — menciona, dejando su mano sobre su mejilla apoyada.
— Si ella suele ser así Perla; pero trata de ganarte su confianza haciendo algo que te quite más tiempo de tu castigó. — propuse y ella sopeso la idea al estar mirando a otra parte.
— No sé ¿que puedo hacer? Jana que sugieres. — dice, mientras pienso al terminar mi bebida, dejándome satisfecha.
Me quedo pensando las posibilidades que le hagan a Perla estar absuelta de su penitencia, para así llegar a la conclusión que no le va agradar en lo absoluto, le tomo las manos y ella me ve algo curiosa.
— Lava el carro de tus Padres los dos, por dos meses y créeme te pondrán menos tiempo de castigo. — comunicó y ella niega en repetidas ocasiones.
— ¡No me niego! Jana, sabes que odio hacer eso; además mi papá es temático con la limpieza del carro. — Se justifica, cosa que niego su actitud.
— Ya basta Perla es eso o nada, así que resignada lo vas hacer y después me darás la razón. — aconsejo y ella bufar por lo bajo asintiendo.
— Lo haré y bueno espero obtener buenos resultados. — aclaró; al mirar al lado derecho para ver su cara de enojo, algo que no dude en mirar hacia esa dirección.
— Mierda…
No podía creer que el ex de mi amiga, ya pronto se está besuqueando con otra chica y en este caso rubia ojos azules una de las rivales de Perla la veo accionar en ir y la detengo por la muñeca, cosa que me mira molesta.
— Suéltame Jana.
— No. Y no pienso soltarte Perla; date cuenta que ya cortaron él fue imbécil por perderte y tú vas a estar tranquila y no buscarás armar un escándalo. ¡ Has entendido! — puntualice con seriedad y ella quejarse como niña infantil.
La suelto para verla pasarse su rabia; niega varias veces y me mira para añadir.
— Vámonos no quiero estar aquí Jana. — pide y le doy la razón para tomar los bolsos e irnos a las siguientes clases por suerte ambas cursamos el mismo año y las mismas materias.
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Brent
Estoy acostado en una gran habitación y miro a la pelirroja a mi lado durmiendo, niego ante la idiotez de buscar a ese tipo de mujer, pero al estar drogado no pienso solo actúo tanto que veo su espalda marcada por como la azote anoche con un látigo me excedí, pero me siento que disfrute mi cuerpo lo siente, de se modo enseguida me levanto para comenzar a vestirme lo hago con total agilidad dejo dinero sobre la mesa al lado de la cama por los servicios de la chica, luego tomo mis llaves y teléfono para salir de ese sitio.
Conforme voy caminando para r el amplio pasillo, comienza a sonar mi celular con una llamada entrante observó la persona dándome cuenta que es mi jefe ruedo los ojos para atender.
— Bueno jefe.
— Hasta que por fin atiendes Brent; te quiero en la dirección que te envié y no quiero fallas.
Suelto un bufido, para darle mi respuesta.
— Así será jefe, nos veremos en el punto de encuentro.
— Eso espero.
Fin de la llamada.
Niego el proceder de mi jefe, para así tomar el rumbo al estacionamiento; dure al menos unos minutos, para así ver en el capo de mi auto a Gustavo durmiendo eso no me agrado, que sólo me encaminé para tocar con mis puños el mismo metal, dejando que el idiota se sobresalté cayendo al suelo, era increíble cómo lo estúpido no se le quita.
— ¡ Oye! Eres un imbécil por hacer eso. — niego, elevando una ceja por lo que dijo.
— Más bien te desperté idiota, sabes que odio que se acuesten en mi auto; además de rayarlo o maltratarlo. — comunico lo evidente y él otro se coloca de pie tocando su cabeza.
— Bebí mucho anoche y no se que hice después, solo se que me volví mierda; tengo dolor de cabeza y sueño nos podemos ir. — responde mirando el auto y después a mí.
— Claro princesita vamos a llevarte. — digo en son de burla.
— Odio tu sarcasmo. — anuncia, dejando que active la alarma para así ingresar a su puesto.
— Pues… te acostumbrarás.
No dije más yendo al área de piloto para así encender para emprender la marcha, dejaría a Gustavo en su apartamento que vive por el momento y luego iré a la dirección que observé en el GPS, que se activo dejándome solo una hora para llegar, hoy debo terminar un asunto de mi jefe; por eso me quedo mirando la carrera analizando lo que debo hacer.