Golpe

1073 Words
Los días pasaron rápidamente, y aunque seguía trabajando duro, no había forma de que me adelantaran el sueldo. La desesperación comenzaba a acecharme, pero trataba de mantenerme fuerte, al menos por las gemelas. Una tarde llegué a casa después de otro agotador turno en el restaurante. Apenas abrí la puerta, escuché los sollozos de las niñas. Dejé mis cosas a un lado y corrí hacia la sala. —¿Qué pasa, mis amores? —pregunté, agachándome para abrazarlas. Camila me miró con los ojos llenos de lágrimas y señaló el espacio vacío donde solía estar nuestra televisión vieja. —Papi se llevó la televisión... —dijo con la voz temblorosa. —Nos dijo que era para arreglarla, pero no creemos que vuelva —añadió Casandra entre sollozos. Sentí un nudo en la garganta y el calor de la rabia subiendo por mi pecho. Sabía exactamente lo que había pasado: mi padre había vendido la única distracción que teníamos para costear su adicción al alcohol. —Shh, ya pasó, mis pequeñas —les dije, acariciando sus cabecitas—. No necesitan esa televisión; yo estoy aquí con ustedes, ¿de acuerdo? Ellas asintieron con desgano, todavía abrazadas a mí. Por dentro, me hervía la sangre. Cada vez era más difícil mantener esta familia unida, y parecía que a mi padre no le importaba destruir lo poco que teníamos. Pero no podía derrumbarme, no delante de las gemelas. Tenía que encontrar una solución, aunque cada vez me quedaban menos opciones. Le pedí a la vecina que se quedara con las gemelas y me dirigí al bar, que no quedaba demasiado lejos. Caminé con rapidez, mi mente llena de pensamientos confusos. Al llegar, vi a mi papá, como siempre, bebiendo con sus amigos. El ruido de las conversaciones y risas me rodeaba, pero no me importó. Entré al bar y, al instante, la vista de mi padre con una botella en la mano me hizo hervir la sangre. Lo observé por un momento, sin moverme, hasta que finalmente me acerqué. No me contuve. Le lancé una mirada fría y cargada de reproche, llena de años de frustración acumulada. Él levantó la vista y me vio, pero no mostró ni sorpresa ni arrepentimiento. Solo continuó bebiendo como si nada. —¿Qué quieres, Lisa? —me preguntó, su voz arrastrada por el alcohol. Me quedé allí, mirándolo, con la mandíbula apretada. —¿Qué quieres? —repitió, esta vez con una sonrisa burlona—. ¿Reclamarme por la televisión? No la quise vender, pero si no traes dinero, ¿qué otra opción tengo, eh? —Me das asco — Le grité mientras rompí la botella que él estaba bebiendo. En ese momento mi papá me lanzó un golpe. Sentí la sangre emanar de mi labio, pero no me permití llorar. — Eres un pésimo padre... —mi voz tembló con furia y dolor. —Trabajo todo el día para mantener a las gemelas, y tú... tú solo te hundes en el alcohol y las descuidas. Ahora entiendo por qué mamá te abandonó. —¡Cállate, maldita! —gritó, el rostro rojo de ira. Me miró como si fuera la peor de las traiciones. —Eres una zorra como tu madre, siempre buscando culpables. Cállate o te rompo la cara como lo hacia con ella. —¡Maldito miserable! —¡No me hables así! —me empujó, y mi cuerpo retrocedió un poco. —No eres nadie para darme lecciones. —No soy nadie, ¿verdad? —me reí con amargura. —Pero soy la que sale a trabajar, la que cuida de las gemelas... Soy la que tiene que lidiar con tus errores. Y ahora me vienes a decir que yo soy la culpable de tus miserias. ¿Sabes qué? Ya no te voy a aguantar más. —Te has vuelto igual que tu madre, ¿lo sabías? —me miró fijamente, el desprecio en sus ojos. —Siempre echándole la culpa a los demás, nunca viendo lo que realmente eres. —No, no soy como mamá. —me acerqué un paso más hacia él, mis manos temblando, pero mi voz decidida. —Yo, por lo menos, me quedé para cuidar a mis hermanas. Tú te tiraste al alcohol y a la autocompasión. Así que no vengas con ese cuento. Me marché completamente enojada de ese bar. Las personas me miraban como con lástima, pero no me importaba. Cubrí mi labio con un pañuelo y salí de allí. [...] Me desperté temprano, sintiendo el calor de las gemelas abrazadas a mí. Aún me dolía el labio, el golpe de la noche anterior seguía fresco, pero ya no importaba. Ellas estaban bien, y por el momento, eso era lo único que me importaba. Fue entonces cuando escuché la puerta de la habitación abrirse. Damián entró, su rostro serio, como si estuviera cargando una noticia pesada. —Lisa, necesito hablar contigo —dijo con voz grave, apenas alzando la mirada. Me levanté con rapidez, dejando a mis pequeñas dormidas y bien cubiertas. No podía entender qué podría ser tan urgente, pero su tono no dejaba espacio para dudas. —¿Qué pasó, Damián? —pregunté, mi corazón comenzando a latir más rápido. Algo no estaba bien. Él respiró hondo, como si estuviera buscando las palabras adecuadas, pero lo único que salió fue una frase que me heló la sangre. —Papá está muerto. El aire se me escapó de los pulmones. La sensación de vacío me invadió de inmediato, como si el suelo bajo mis pies hubiera desaparecido. No supe qué sentir. Tal vez por un momento, ni siquiera entendí lo que había dicho. No podía creerlo. —¿Qué...? —logré susurrar, mi voz quebrándose. —Lo mataron anoche —continuó, su tono ahora más firme, pero también con una sombra de cansancio y hastío en sus ojos—. Lo encontraron tirado. Al parecer lo torturaron. Yo creo que el viejo se metió con alguien pesado. —No me extraña — Dije — Ese viejo inútil se la pasaba bebiendo. Bueno es un problema menos ¿O te duele, Damián? Él río — ¿Dolerme? Para nada extrañare sus golpes. Tal vez soy un monstruo, pero me da gusto desde que mamá murió nos empezó a golpear a Damián y a mí, jamás llego a tocar a las gemelas porque no lo permitimos, pero él era una basura. Ojalá se esté pudriendo en el infierno.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD