Melek —¡No puedo creerlo!—exclamo sorprendida, con mi cara pegada a la ventana del auto—. Mi amor, nuestro lugar. Mi corazón late deprisa, de todos los lugares que imaginé, este no era uno de ellos, no obstante, me parece el más indicado. Mi esposo se estaciona justo frente a la hermosa cabaña, al verla caigo en cuenta de que aquí concebimos a nuestro pedacito, de solo recordar todo lo que hicimos ahí dentro, mi piel se eriza de pies a cabeza. —¡Whoa! ¿Qué haces?—chillo cuando abre la puerta de golpe, ni siquiera me di cuenta en el momento que bajó del auto. —Seguir con las tradiciones—responde con voz ronca y comienza a caminar conmigo en brazos al estilo nupcial, no me suelta ni siquiera para abrir la puerta. Estando en el interior, no es necesario encender las luces pues, la luz q

