No se trata de mí

1524 Words
Mis manos se aprietan en puños. El miedo me atraviesa brevemente, pero lo empujo lejos. No puedo permitir que me vea así. No voy a ceder a su control. —Jack, por favor, no podemos seguir así —intento mantener la calma, aunque siento mi corazón acelerándose de nuevo—. Podemos continuar mañana. Será mejor si nos damos un descanso. Además, debes aprender a abrirte, a no ser tan cerrado. Me sorprendo de lo firme que suena mi voz. Pero él no responde de inmediato. Me mira durante lo que parecen horas, aunque solo son unos segundos. Finalmente, suspira, sus hombros relajándose un poco mientras avanza hacia el sillón que está en el centro de la habitación. Se deja caer en él con una extraña mezcla de resignación y calma. Me quedo de pie, observando, sin saber si debo acercarme o mantenerme a una distancia prudente. —Lo siento —dice, sus ojos ahora fijos en el suelo—. No quise asustarte. Supongo que a veces... me pierdo en mis propios pensamientos. La disculpa me toma por sorpresa. No esperaba que retrocediera tan fácilmente. Pero no bajo la guardia. Sé que hay algo más aquí, algo que él no está diciendo, y no puedo permitirme bajar las defensas. —Está bien, Jack —digo con suavidad, dando un paso hacia él, intentando retomar el control de la situación—. Empecemos de nuevo. Si realmente quieres que te entienda, necesitas hablarme con claridad. No podemos avanzar si no estás dispuesto a ser honesto. Él levanta la vista, sus ojos oscuros encontrándose con los míos, y por un segundo veo algo diferente en su mirada. No es solo la intensidad habitual. Es vulnerabilidad, mezclada con un leve toque de desesperación. Parece querer decir algo, pero lucha con las palabras. —Es más difícil de lo que crees —admite, recostándose en el sillón—. A veces no sé ni por dónde empezar. —Podemos tomarlo con calma —respondo, acercándome un poco más, pero manteniendo cierta distancia. Todavía no sé hasta dónde estoy dispuesta a llegar—. No tienes que soltarlo todo de golpe. Solo... empieza por lo que sientas que puedes compartir ahora. Se queda en silencio por un momento, y el peso de esa pausa me oprime el pecho. Pero entonces, su expresión cambia, casi imperceptiblemente. Algo en él se relaja y, al mismo tiempo, se tensa de una manera que no puedo explicar del todo. —Está bien —dice, su voz baja, casi en un susurro—. Empecemos de nuevo. Se endereza en el sillón, sus manos descansando en los reposabrazos mientras sus dedos tamborilean con impaciencia. No puedo evitar sentir que estamos entrando en un terreno peligroso, uno en el que el equilibrio de poder está constantemente cambiando. Pero también sé que, de alguna manera, estoy preparada para lo que venga. —¿Por dónde empezamos? —pregunta con una sonrisa ladeada que no llega a sus ojos. Es un gesto que he visto antes, un truco para mantener el control, pero algo me dice que esta vez es diferente. Él está cediendo terreno, aunque de forma cautelosa. Doy un paso más hacia él, obligándome a mantener la calma, aunque mi corazón sigue latiendo con fuerza. —Por lo que sientas que no puedes decirle a nadie más —respondo, mi voz tranquila pero firme—. Empecemos por eso. Jack me mira por un momento, evaluando, como si estuviera decidiendo cuánto está dispuesto a revelar. Luego, sus labios se curvan en una sonrisa, pero no es la misma sonrisa peligrosa de antes. Esta es más suave, más real, y algo en mi interior se agita con la misma intensidad. —Emily... —murmura, y la forma en que pronuncia mi nombre me pone la piel de gallina—. Hay cosas que quiero decirte, pero no sé si estás lista para escucharlas. La frase cuelga en el aire, cargada de implicaciones que no puedo ignorar. Mi mente me grita que mantenga la distancia, que recuerde el papel que debo jugar aquí. Pero mi cuerpo parece tener otras ideas. —¿Por qué no me lo dejas decidir a mí? —le sugiero, intentando que mi tono suene más profesional de lo que realmente me siento. Él asiente lentamente, su mirada oscura profundizándose mientras se inclina hacia adelante en el sillón. La distancia entre nosotros se acorta una vez más, y la tensión en el aire se hace casi insoportable. —De acuerdo —dice, sus ojos clavados en los míos—. Pero recuerda, tú pediste esto. Mi estómago se contrae ante sus palabras. Siento como si hubiéramos cruzado una línea invisible, y sé que no hay vuelta atrás. —Prueba —lo desafío, cruzando los brazos frente a mí—. Hazme entender lo que no puedes decirle a nadie más. Jack se mueve en el sillón, inclinándose hacia adelante, de manera que nuestros cuerpos casi se tocan. Su respiración se ha vuelto más pesada, y siento el calor que emana de él. Está al borde de algo, y yo también. —Está bien —susurra, sus ojos penetrando los míos—. Lo que realmente quiero, Emily, es algo que no puedo tener. Algo que me consume, me controla, pero que también me hace sentir vivo de una manera que no puedo explicar. Y sé que no debería... pero lo hago. Mi corazón late con fuerza. —¿Qué es lo que te consume, Jack? —pregunto en voz baja, sintiendo la tensión en el aire volverse casi tangible. Sus ojos recorren mi cuerpo de una manera que no es solo observadora, es evaluadora, como si estuviera decidiendo cuánto puede permitirse revelar. Y entonces, se inclina más cerca, tan cerca que su aliento caliente roza mi piel. —Relaciones —dice en un susurro grave—. Pero no como lo entienden los demás. No se trata solo de placer, se trata de control, de poder. Quiero sentirlo todo, pero quiero ser quien dirija cada sensación, cada movimiento. Y quiero sentir cómo esa otra persona se rinde completamente. Mis labios se separan, una parte de mí sorprendida por su sinceridad y otra sabiendo perfectamente que esta conversación iba a llegar aquí. Después de todo, soy su terapeuta. Pero escuchar estas palabras de su boca... es diferente. Es como si el aire entre nosotros ardiera con una corriente invisible que lo conecta todo. —¿Y nunca has encontrado a alguien con quien puedas compartir eso? —le pregunto, mi voz baja y controlada. Jack se recuesta un poco, sus dedos tamborileando en el sillón mientras evalúa mi pregunta. Su mirada se suaviza, pero aún arde con un fuego que me deja sin aliento. —No como yo quiero —responde finalmente—. Nunca con alguien que entienda que esto no es solo una fantasía pasajera. Es algo que define quién soy. Y eso es lo que me frustra. No puedo ser completamente yo mismo con nadie. Mi piel se estremece ante sus palabras, y me obligo a mantener la compostura. Es parte de mi trabajo, claro. Pero también es mucho más que eso ahora. —¿Te das cuenta de que ese control que buscas puede ser liberador, pero también puede ser destructivo si no lo manejas bien? —le digo, dando un paso más hacia él, mis rodillas casi rozando las suyas—. El poder y el deseo no son enemigos, pero tienen que aprender a coexistir. Jack me observa con una intensidad que me deja sin aliento. Se inclina hacia mí, esta vez eliminando la poca distancia que nos quedaba. —¿Y tú, Emily? —pregunta, su voz suave pero cargada de una promesa oscura—. ¿Sabes lo que es entregarte por completo a alguien, sin límites, sin miedos? ¿Alguna vez has querido perder el control? Su pregunta me golpea como una ráfaga de aire caliente. Trato de no reaccionar, de no mostrar lo que esas palabras provocan en mi interior, pero la verdad es que está tocando una fibra sensible, algo que no había anticipado. Mi trabajo es guiarlo, no involucrarme. Pero la energía entre nosotros ha cambiado, y ahora lo que está en juego es mucho más que una simple sesión de terapia. —No se trata de mí —respondo, mi voz más firme de lo que esperaba—. Estamos aquí para hablar de ti, Jack. Pero él no retrocede. Sus ojos no me dejan escapar, y en su mirada veo el fuego, el deseo de tener lo que más anhela. —Quizá debería ser sobre los dos —murmura—. ¿Qué pasa si lo que realmente necesito es a alguien como tú, alguien que pueda entender lo que quiero sin juzgarme? Mis labios se separan, y siento el calor subiendo por mi piel. Este es el punto en el que debería alejarme, poner fin a esta conversación antes de que cruce una línea de la que no pueda volver. Pero algo me detiene. Algo en mí está reaccionando a él de una manera que no puedo controlar.
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