El aire entre nosotros se vuelve más denso, como si el mismo espacio que compartimos estuviera cargado de la tensión que ninguno de los dos puede ignorar. Mi mente me grita que ponga fin a esto, que mantenga la distancia y recuerde que soy una profesional. Pero mi cuerpo responde de una manera diferente, más visceral, más profunda. Las palabras de Jack se adhieren a mí, cada sílaba cargada de una promesa que parece mucho más tentadora de lo que debería.
Doy un paso hacia atrás, intentando recomponerme, pero él sigue mi movimiento con la mirada, cada pequeño gesto de su parte, amplificando la presión que siento en mi interior. Sé que estoy entrando en terreno peligroso, pero hay algo en él que me arrastra, como una fuerza gravitatoria que no puedo resistir.
—Jack —digo finalmente, intentando mantener el control de la conversación—. Esto no es sobre mí. Estamos aquí para hablar de tus deseos, tus límites.
Él se levanta del sillón lentamente, sin romper el contacto visual, su cuerpo acercándose al mío de forma calculada. Ahora que está de pie frente a mí, la diferencia de altura se vuelve más evidente, lo que solo intensifica la sensación de vulnerabilidad que había estado reprimiendo.
—¿Límites? —repite, su voz suave pero con un borde afilado—. Eso es lo interesante, Emily. No sé si los tengo cuando estoy cerca de ti.
Su confesión me golpea más fuerte de lo que esperaba, haciéndome retroceder mentalmente. No es la primera vez que un paciente me proyecta sus fantasías o sus deseos, pero algo en Jack es diferente. Su intensidad, su capacidad para manipular el espacio entre nosotros, para crear esta atmósfera cargada de expectativa. Me recuerda que hay una delgada línea entre el poder y la rendición, y en este momento, estamos caminando peligrosamente sobre ella.
—Este no es el momento ni el lugar para esa clase de confesiones —respondo, mi voz firme, aunque el temblor en mis manos delata lo que realmente siento.
Él se detiene, sus ojos oscuros aún fijos en los míos, como si estuviera midiendo mi resistencia, probando cuán lejos puede llevarme antes de que me derrumbe. Es una batalla silenciosa, una danza entre la atracción y el control, y en este momento, no estoy segura de quién tiene la ventaja.
—Deberíamos hablar de lo que realmente quieres, Jack —añado, retomando el hilo de la conversación con la esperanza de desviar el enfoque—. Hablemos de tus fantasías, de esos deseos que mencionaste antes.
Por un momento, parece considerar mi propuesta, sus ojos oscureciéndose aún más mientras evalúa la situación. Luego, un destello de algo más —algo oscuro y seductor— cruza su rostro, y sé que no hemos terminado, ni de cerca.
—Lo que quiero... —empieza, su voz grave y lenta—, no es solo control. Es la rendición total de la otra persona. La conexión más allá del placer físico. Quiero sentir cómo se desmorona ante mí, cómo sus miedos y deseos se entrelazan. Quiero ser la única persona capaz de entender cada uno de sus límites... y empujarlos hasta donde sea posible.
Su confesión me deja sin palabras. Este no es solo un deseo de poder o control. Es una necesidad profunda, casi desesperada, de sentir una conexión más allá de lo físico. Pero la intensidad con la que lo expresa me hace preguntarme cuánto de eso está realmente bajo su control. ¿Qué tanto de este deseo es algo que puede manejar?
—Eso suena como algo que podrías encontrar en una relación consensuada y bien estructurada —le digo, midiendo mis palabras cuidadosamente—. Pero también suena como algo que puede volverse peligroso si no se maneja correctamente.
Jack da un paso hacia mí, y el calor de su cuerpo parece invadir el espacio entre nosotros, envolviéndome en esa energía que no puedo ignorar.
—¿Y si te dijera que lo que quiero encontrar no es solo alguien que me deje explorar eso, sino alguien que me desafíe? —susurra, su voz como una caricia en el aire—. Alguien que pueda comprender lo que necesito sin perderse en el proceso.
Sus palabras son una invitación abierta, y no puedo evitar sentir el impacto que tienen en mí. Mi respiración se acelera, y sé que, aunque debería estar manteniendo el control de esta sesión, estoy fallando en contener la química entre nosotros. Es evidente que esta dinámica ha cambiado de una manera que no puedo revertir tan fácilmente.
—Jack, esto no puede convertirse en algo personal —le advierto, mi voz sonando más suave de lo que pretendía—. Mi trabajo es guiarte, ayudarte a entender tus propios deseos y encontrar maneras seguras y consensuadas de explorarlos.
Pero en lugar de retroceder, Jack se inclina más cerca, sus ojos recorriendo mi rostro como si estuviera leyendo cada pequeño matiz en mi expresión.
—No quiero que sea seguro, Emily —murmura, su aliento rozando mi piel—. Quiero que sea real. Quiero que ambos lo sintamos.
El escalofrío que recorre mi columna es incontrolable. Su cercanía, su intensidad, todo en él me está afectando de una manera que no puedo racionalizar. Sé que esta sesión ha cruzado una línea, y ahora me encuentro atrapada en una conversación que no puedo simplemente dar por terminada.
—Jack... —empiezo, buscando las palabras correctas para distanciarme.
Pero él ya no está esperando. Sus manos, fuertes y seguras, alcanzan las mías, sus dedos apenas rozando mi piel, pero lo suficiente como para que el contacto sea eléctrico, tangible. Mi cuerpo responde antes de que mi mente pueda detenerlo, y en ese instante, todo lo que ha estado sin decirse entre nosotros cobra vida, rompiendo las barreras que tanto he intentado mantener.
—No tienes que decir nada —murmura Jack, inclinándose aún más—. Solo siente, está bien, te veré en la próxima sesión—esas fueron sus últimas palabras para luego alejarse y dejarme como una completa estúpida, temblando como gelatina, por primera vez un paciente toma el dominio de esta sesión, él me ha dominado y maldigo por dejarlo ir.
¿Qué es lo que me está pasando?
¿Quién era ese hombre?