Era tarde y la noche estaba en su mejor apogeo, después de terminar de limpiar los baños en el piso número catorce, rápidamente me apresure para cambiarme mi overol, tenía prisa, ya que era muy tarde y aún tenía que recoger a mi hija en la guardería.
- Rayos, se me fue el tiempo, tengo que apresurarme.
Yo rápidamente abandono el edificio y corro hacia la parada de autobuses, pero mi ingenuidad por ayudar a marta en el turno nocturno, me hizo olvidar que era sábado, y los sábados, los autobuses, no pasaban a altas horas de la noche.
- Mierda, los sábados, los autobuses no cruzan por este sitio.
Estaba acomplejado, no tenía transporte, el autobús era mi única forma de ir y venir, no podía pagar un taxi, no poseía mucho dinero en mi cartera, y caminar me llevaría horas, estaba preocupado ya que quería ir a casa, para ver a mi hija, pero por cuestiones de una mala noche, me veía obligado a caminar, kilómetros hasta la guardería, pero lo peor, no sería en sí, la distancia que debía recorrer, sino más bien el peligro, Bogotá era una ciudad insegura, probablemente me robaría, pero no tenía más opciones, así que.
- A caminar…
Pasado unos veinticinco minutos, una lujosa limosina, con elegantes hombres españoles, se estaciona justo a mi costado, no sabía que sucedía, así que me acerqué, el espejo de una de las puertas, comienza a bajar, revelando el bello rostro de Vanesa.
- ¿Cómo estas José?
Vanesa baja del auto, no sin antes, dar una excusa a sus amigos, españoles.
- No te vayas, tenemos que celebrar el trato.
- Si, no te vayas guapa, la noche aun es joven.
- Si, vamos a divertirnos.
Vanesa baja del auto, y rechaza sus invitaciones de una forma sincera.
- Lo lamento, pero me iré con él, mañana terminaremos el contrato, muchas gracias por su valioso tiempo.
La lujosa y alargada limosina se aleja, dejando a Vanesa junto conmigo, lo cual era confuso.
- Veo que te fue muy bien…
- Si, tenías razón, no hacia falta el maquillaje, supongo que te debo un trago.
- ¿Ahora?
- Si, ¿quieres salir conmigo esta noche?
No recordaba muy bien cuando una linda chica, me pido salir a beber, la verdad era algo muy común en las comunas de Medellín, pero siempre las rechazaba, por compromisos, o solamente porque no me interesaban, y Vanesa no era una excepción.
- Lo lamento, no puedo.
- Oh, ok, que pena, no sabias que tenías algo que hacer.
- Claro que sí, tengo que irme, no puedo quedarme.
Vanesa se dio cuenta que estaba desesperado, por lo que, sin dudarlo.
- Necesitas ayuda, ¿Cuál es el problema?
¿Qué ganaba yo al contarle? Ella no me llevaría hasta Isabela, en cuestión de segundo, pero, aun así, decidí, responderle.
- No tengo transporte, y debo recoger a mi bebé, sé que la guardería en la que esta, se encargara de cuidarla, pero aun así me urge ir por ella.
- ¿Por qué no pides un taxi?
- No tengo mucho dinero, además, a esta hora, no pasan cerca de aquí.
Vanesa me creyó, ella era curiosa, sobre todo conmigo, ya que le intrigaba mi forma de ser, sobre todo, también quería conocer a la única personita a quien yo amaba.
- Comprendo no queda de otra, sígueme.
Vanesa toma dirección hacia la compañía, no sabía porque quería que la siguiera de regreso al trabajo, pero no tenía tiempo.
- No tengo tiempo, tengo que irme. Reclame.
- Tengo un auto aparcado en el estacionamiento, te llevaré, ¿amenos claro, de que quiera caminar?
No quería caminar cinco horas has ta mi casa, sería demasiado tarde, así que acepté su ayuda; cuando llegamos al estacionamiento de la compañía, me impresionó, el vehículo de Vanesa, un auto lujoso, despampánate, un vehiculó que ni con cien años de trabajó, podría comprar.
- ¿Ese es tu auto?
- Si, es algo simple, pero eficaz,
Cuando nos acercamos al auto, una gata negra, tierna y curiosa se acerca, Vanesa culpable por su eterno amor a los animales, se acerca para acariciarla, pero a cambio recibe un pequeño zarpazo, en su mano, por parte de la felina.
- Ay!! Maldita, solo quería acariciarte.
- Haha, por eso odio a los gatos, no se les puede acercar. Dije en burla.
La gata negra, se acerca y de forma cariñosa se restregar en mi pantalón, dando un claro mensaje, de que le había agradado.
- Pero a ti, le caíste bien.
- Solo es una gata, ¿podemos irnos ahora?
- Claro, sube, te llevare con tu hija.
Vanesa y yo nos marchamos del estacionamiento, dejando a la gata sola, en medio de autos caros. Durante todo el viaje, Vanesa no paraba de hacer preguntas, sobre mi y sobre Isabela, no sabía porque tanto interés, así que solo le respondía con verdades a medias, ya que no quería contarle realmente mi pasado. Pasado unos treinta minutos, al fin, habíamos llegado a nuestro destino.
- Llegamos…
Después de reclamar a mi hija, quise darle las gracias a Vanesa por su ayuda, pero esta tenía más planes, en mente.
- Muchas gracias, te lo pagare mañana Vanesa.
- Aww, que linda es tu hija.
- Si, menos mal que ya está dormida, seguramente tubo un día muy duro.
- ¿quieres que te acerque a tu casa?
- Descuida, estoy a dos cuadras, puedes irte ahora.
Vanesa sale del auto, y se pone su abrigo, para después asegurar su auto con el seguro de sus llaves.
- ¿Por qué apagaste el auto? Dije completamente confundido.
- Tranquilo, solo quiero acompañarte hasta tu casa.
Vanesa no solo quería acompañarme, sino que también, quería relacionarse más con mi hija, al parecer, ella se había enamorado de Isabela, su instinto materno quería estar con ella, al menos por un rato. Cuando llegamos a mi casa, ella se sorprende, ante la humildad de mi morada, pero no le importo.
- Puedes sentarte mientras, llevo a mi hija a su cuarto.
- Quiero acompañarte…
Después de que Isabela estuviera en su habitación, decidí hablar con Vanesa, ya que sospechaba, que ella estaba interesada en mí, aunque ella fuera un gran partido y un deseo para cualquier hombre, por ahora no estaba interesado en tener una pareja.
- Vanesa, la verdad no entiendo por qué una chica, tan guapas, atractiva, elegante y rica, se interesaría en un chico como yo, pero quiero decir es que… aunque me alaga que te enamores de mí, por ahora solo quiero concentrarme en mí, y en mi hija.
Vanesa sonríe, y se ganta una carcajada, al parecer, yo era un imbécil, que no entendía bien los acontecimientos.
- Aunque es cierto que eres un chico lindo, tengo novio.
- ¿enserio? Mierda, ¿entonces porque tanta amabilidad?
- Porque se nota que eres un hombre con muchos secretos, me enamore de tu hija, y no sé porque, siento un afán de ser un apoyo más para ti.
Vanesa deseaba, estar con Isabela y conmigo, como un apoyo, como una aliada más en esta lucha, y ella estaba dispuesta a ayudarme, a cambio de algo.
- Quiero apoyarte, pero antes vas a decírmelo todo, como una amiga.
Vanesa era hija de un detective y una psicóloga, por lo cual desarrollo una increíble intuición, para reconocer a un hombre con secretos, una herencia muy valiosa por parte de sus padres, lo cuales ya no estaban este mundo por un accidente automovilístico, uno muy extraño, ya que ni siquiera estaban en movimiento.
- Oye no quiero contarte sobre mi pasado. Dije, para evitar recordarlo.
- Confía en mí, por favor, necesito conocer tu historia, para así saber más de ti.
Vanesa insistía en conocer mi pasado, lo cual no quería, pero al cabo de unos minutos, al final comencé a contarle todo, no sabía si me creía, o no, pero una cosa si era segura, me sentía liberado al contarle mi historia, hablamos casi toda la noche, hasta que amaneció y cuando los primeros rayos de sol, aparecieron por la lúgubre ventana de mi casa, ella termino llorando. Mi historia la impacto, y lo creyó por completo; ella me abrazo y me dijo que era un héroe, por haber salvado a mi hija, y después de eso, sin decir nada más, ella se marcha, prometiendo que haría lo imposible para cambiar, mi futuro y el de mi hija. Al final termine obteniendo a una amiga, una verdadera amiga.
Al día siguiente, Vanesa pasa a recogerme a mi casa, ella estaba comprometida con apoyarme, ya que éramos amigos, al fin y al cabo, yo le caía muy bien.
Durante mi descanso, decidí ir a la cafería, no tenía mucho dinero, así que solo compré unas cuantas cosas, pero en eso, Vanesa inesperadamente aparece y me toma del brazo, para llevarme a un restaurante de pollo asado, que estaba justo al frente de la compañía.
- Oye no hace falta que me invites a cenar. Dije.
- No te quejes, es lo que hacen los amigos, como sea, quiero proponerte algo.
Vanesa saca de su portafolio un sobre, un contrato, para trabajar en su departamento de diseño y márquetin.
- Quiero que trabajes en mi departamento, como diseñador de marcas…
- Pero, para eso, necesito un título de diseñador. Reclame.
- Lo sé, por eso te enseñare, para que así, apliques a tu cargo.
- ¿Me enseñaras?
- Claro, soy una de las más importantes diseñadoras de publicidad en toda la compañía.
- No podría…
- Escúchame, no hago esto solamente por ti, lo hago por tu hija, ¿acaso, pretendes darle una buena vida como un conserje? Ella merece lo mejor, y tú lo sabes.
Vanesa tenía la razón, si quería darle una linda vida a mi hija, tendría que tener un mejor empleo para costearlo. Así que, pensando realmente en mi futuro, acepté la oferta y al final, me convertí en su aprendiz.
Después de trabajar, Vanesa, venía a mi casa, preparada para instruirme en el complicado mundo del diseño gráfico, algo que se repitió por casi seis meses, estudiando y practicando con disciplina, hasta que al final aplique para el trabajo, lo cual dio sus frutos por casi, siete años.