«Debe ser eso, no encuentro otra explicación», pensó mientras se dirigía de vuelta a su cama, tratando de convencerse a sí mismo que esa era la razón. «La maldita Elfa, ese tempano de hielo con piernas es la culpable. Pero bueno, no importa... nada en la vida es fácil, soportaré la falta de deseo carnal mientras me sana, luego podré tener todo el placer del mundo una vez más». Con esa resignación amarga, decidió intentar descansar, aunque el sueño tardó mucho en llegar. EL DÍA SIGUIENTE Los primeros rayos del inclemente sol de Pyrion estaban comenzando a entrar a través de las cortinas rojas del balcón de la habitación de Brielle cuando un suave murmullo de voces femeninas despertó a la antes princesa, ahora reina consorte. La joven Elfa se movió lentamente entre las sábanas de seda que

