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1375 Words
CAPÍTULO 6 El cuerpo me tiembla como si tuviera una fiebre alta y la respiración se me agita. Es cuando veo pasar a Oliver sin siquiera dar la vuelta, actuando cómo si nosotros dos no existiéramos. Nolan se ríe con ganas tomándose lo último de su bebida y yo le cojo del saco con los nervios a todo dar. Me reduzco a ser un manojo de nervios que no sabe cómo actuar en respuesta. —Fuera de aquí, Nolan. No quiero volver a verte la cara en la vida, más vale y te vayas antes de que mi equipo de seguridad te eche. —“Mi equipo de seguridad” —empieza a mofarse, cuando le suelto con fuerza, haciendo que su copa caiga haciéndose añicos en el suelo. —Fuera de aquí. No sin antes limpiar eso —señalo al suelo, dónde está el desastre. Salgo al lugar de celebración pasándome la mano en la cara, inhalando profundo, tomando bocanadas de aire como si me estuviese ahogando. Lamento que Oliver haya escuchado eso y es por ello que tengo que buscarle a como dé lugar para aclarar la situación. Una manada de gente se atraviesa en mi frente para hablarme de asuntos que no me interesan y por mera educación, lo que hago es sentir o denegar buscando con la mirada a la persona con quién deseo resolver el desastre que mi boca imprudente causó. Afortunadamente, veo que mi hermano se acerca y le dejo hablando con el grupo de personas que me quieren conversar sobre una inversión que ahora mismo me vale tres hectáreas. —Pueden conversarle a mi hermano al respecto —me excuso, a lo que él le faltan ojos para seguir rodándolos con fastidio y yo le hago una clara seña de que más vale y se quede quieto—. Disculpen, es que no es de mi mayor gusto hablar de negocios en mi cumpleaños. Él ya me informará al respecto más tarde. Con suerte me deshago de ellos para hallar a la hermana de Oliver, que habla animosamente con sus amistades. —Buenas noches, con permiso. Oye, ¿No has visto a tu hermano? Estoy buscándole desde hace un rato y no lo encuentro —mi voz sale cansada y desesperada, exponiendo mi estado de ánimo actual. —No tengo ni idea, la última vez que le vi estaba en el área de la piscina. —Bien, gracias —le digo con apuro para dirigirme al área de la piscina. Área donde no lo encuentro, hay un montón de personas bailando mucho más atrevido y animado que adentro, quizá porque la juventud está más concentrada aquí, un montón de parejitas besándose y otros ya pasados de tragos. Me da igual, estoy enfocada en otra cosa. De tanto caminar la propiedad, los pies me duelen en los altos tacones y tengo un deje de sudor en mi frente. En medio de mi desespero, entro al salón para notar que la luz se ha tornado tenue y algunas parejas bailan en la pista. Entre ellas, mis padres y los de Oliver. Los Werner y los Donovick. Se ven embelesados, enamorados, ensimismados el uno con el otro. Ahí es cuando me hago un millón de preguntas y entre ellas: ¿Por qué estoy tan desesperada en encontrar a Oliver a cómo dé lugar? Porque no es sólo aclarar un lamentable malentendido. No hay respuesta que no sea la evidente, que le amo. Que le amo tal y como él me ama a mí. Y aquí, sentada, reflexionando ante nuestros padres que tienen las historias de amor más inigualables y hermosas que he conocido, me doy cuenta que necesito que encontrarlo no tan sólo para disculparme. Se lo confesaré. Le diré. Necesito encontrar a Oliver Donovick para decirle que lo amo, que lo adoro, rogarle que me disculpe por ser una imbécil y que si todavía está dispuesto a darme una oportunidad al sentimiento tan avasallante que domina nuestros corazones, entonces, lucharemos juntos así como nuestros padres lo han hecho. Si es que tenemos que luchar ante la sociedad, lo haré. Lo haremos. Si tengo que esperar a que viva, experimente el mundo, también estoy dispuesta. Estoy dispuesta a todo por su amor, después de todo, mis padres han sido ejemplo de absolutamente todo en mi vida y hoy, ahora, su amor también es un ejemplo grato que me enseña: el amor todo lo puede. ¿Cuántos obstáculos no vivieron nuestros padres para poder hoy estar tan felizmente unidos cómo lo están hoy? Nuestra diferencia de edad no es un obstáculo ni una piedra, es algo que tenemos que atravesar para poder fortalecer lo que será nuestra relación. Yo lo amo. Lo amo, lo amo tanto que me duele hasta respirar por el saber que le he lastimado, y ha de estar en algún rincón escondido en su soledad. Es verdad, quiero hacer sentir a mis padres orgullosos dejando nuestro legado en alto. La cuestión es que desde pequeña, al ver el amor que desbordaba mi padre por mi madre y viceversa, nunca me imaginé más que eso en mis más profundos sueños. Sí, quiero ser una exitosa mujer de negocios, pero también quiero una gran familia en mi futuro hogar junto al hombre indicado. Por eso mismo le dije a Oliver que él no me podía dar lo que yo tanto quería, tiene que vivir más antes de que eso suceda. Sin embargo, el amor todo lo espera, ¿No? Lo esperaré hasta que él tenga la certeza y madurez suficiente de qué es lo que quiere para su vida. De repente, nuestra futura vida pasa ante mis ilusionados ojos. El amor todo lo puede. —Tengo que encontrarlo a como dé lugar —me digo a mí misma, para incorporarme del sillón en dónde estaba descansando, soñando despierta. Veo a un grupo dispuesto a acercárseme y es allí donde con el mayor disimulo, me alejo, en realidad, salgo huyendo. Me dirijo al baño para limpiar mi sudor y tratar de lucir decente para decirle al hombre del que estoy enamorada como una boba que me dé una oportunidad y no me vea como la loca que luzco por haber estado buscándole hasta debajo de las piedras. Camino al lugar con una sonrisa en mis labios imaginando lo que será nuestro futuro y reprochándome el haber sido tan dura. ¿Quién no querría un amor tan profundo como el que Oliver me profesó? Y como él que yo le guardo y no sabe. Pero lo sabrá. Lo sabrá. Se lo diré. Al abrir la puerta del baño jadeo de sorpresa al hallar la escena que jamás creí, mi corazón esperanzado me da un golpe en el pecho que me deja sin aire en los pulmones. Toda mi ilusión tendida sobre nubes se cae para arruinarse con un golpe de realidad. De curvas infinitas y elegante cabello corto se encuentra sentada en el lavabo con las piernas enredadas en su cintura, moviéndose de manera insinuante. Él recorre con sus manos su cuerpo como si quisiera grabárselas, besándola como si quisiera fundirse en ella. Ella le repasa con las manos acariciándole como si lo deseara más que otra cosa en el mundo. Jadeo de sorpresa llevándome la mano a la boca para provocar que ambos me vean con desinterés. Se separa de la mujer lo mira con lujuria y él apenas y me presta atención. Su forma de observarme me deja impactada, es tan sombría, diferente… Como si estuviese disfrutando de mi reacción. —Abby —gesticula, barriendo con su escalofriante mirada mi cuerpo de arriba abajo con desinterés y aquella chocante ironía adornando su hablar—. Feliz cumpleaños, mis mejores deseos. Él apenas y me dedica una breve mirada oscura para volver a besarla con más intensidad. La muchacha gime en su boca y el se recuesta más a ella, actuando como si yo no estuviese aquí. Me salgo del baño con rapidez para caminar con la mirada en blanco cuando escucho los fuegos artificiales que me dejan sorda repicar en mis oídos. —¡Feliz cumpleaños, Abigail! —escucho a todos decir, de nuevo. La diferencia, es que si es mi cumpleaños—. ¡Felices veinticuatro, pide un deseo!
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