Amalia caminaba con paso pesado por el campus, su mente en guerra consigo misma. La amenaza del banco, la presión de Santiago, y la constante sombra de la deuda sobre ella. Había tenido un día largo, y no sabía cómo seguir adelante. Había dejado atrás el hotel, los documentos de Santiago, y la mirada desconcertada de Rose. Ahora solo quedaba la decisión que la atormentaba: ¿aceptaría la oferta de Santiago y su matrimonio forzado o buscaría otra salida?
Se detuvo en una cafetería dentro del campus. Necesitaba algo para despejar la mente, tal vez un café o algo fuerte. Estaba sola. Rose había desaparecido en cuanto ella regresó al departamento, molesta por los cambios de actitud de su amiga. Amalia ni siquiera se había detenido a explicarle, se sentía demasiado desbordada. No podía hacerle a Rose entender lo que estaba pasando, ni siquiera sabía si ella misma lo comprendía del todo.
Entró en la cafetería y se sentó en una mesa en la esquina, apartada de los pocos estudiantes que quedaban en ese momento. Mientras esperaba su café, miró al vacío, incapaz de ordenar sus pensamientos. Cada vez que pensaba en su futuro, las mismas dos opciones la acosaban: aceptar el acuerdo de Santiago o perder todo lo que había trabajado. La deuda, la universidad, la vida que había querido construir... todo parecía desmoronarse ante sus ojos.
Justo cuando estaba a punto de levantar la mirada, un hombre apareció frente a ella. Era alto, de cabello oscuro, con un porte elegante, pero su presencia no era intimidante. Amalia se sobresaltó al verlo. No lo reconocía, pero su mirada decidida y la calma en su expresión indicaban que no era alguien que se dejaba llevar por las circunstancias.
—¿Se puede? —dijo él con una voz tranquila, pero firme.
Amalia no sabía si debía decir algo o solo ignorarlo, pero finalmente levantó la vista.
—¿Perdón? —respondió, sin saber muy bien qué esperaba de ese extraño.
—No quería interrumpir, pero vi que estás sola y parece que te vendría bien un poco de compañía. —El hombre sonrió ligeramente, como si ya conociera su situación—. Me llamo Álvaro Delgado. ¿Puedo unirme a ti?
Amalia lo miró por un momento, dudando. Estaba tan sumida en sus pensamientos que ni siquiera notó su presencia hasta que él ya estaba de pie frente a ella. Decidió que no perdía nada por escuchar lo que tenía que decir.
— Claro —respondió, asintiendo lentamente.
Se sentó frente a ella, sin que su actitud se viera forzada. Parecía cómodo en su propio espacio, algo que a Amalia le resultó un tanto extraño. Se presentó formalmente, pero no había algo en su tono que indicara que venía a hacer negocios.
— He estado siguiendo tu caso, Amalia. He oído sobre la deuda de tus padres y lo que está pasando con el banco. Y también sobre la propuesta de Santiago Torres. —dijo Álvaro, como si lo conociera todo de antemano.
Amalia, confundida, no supo qué hacer. ¿Cómo sabía todo eso?
— ¿Quién eres para saber todo eso? —preguntó, ya un poco desconfiada.
Álvaro no pareció ofendido. En lugar de eso, su rostro mostraba una expresión comprensiva, casi como si estuviera allí para ayudarla.
— No soy nadie importante para ti, pero tengo los medios para ayudarte. —dijo con seguridad—. Te he estado observando desde que llegaste a la universidad, y sé lo difícil que ha sido para ti desde la muerte de tus padres. La deuda... eso no tiene por qué definirte.
Amalia frunció el ceño, cada vez más intrigada.
— ¿Y qué propones? —preguntó, aunque su voz sonaba más cansada que interesada.
Álvaro se inclinó ligeramente hacia adelante, como si las palabras que estaba a punto de decir tuvieran un peso enorme.
— Puedo pagar la deuda de tus padres. Es una cantidad alta, lo sé, pero no tienes por qué seguir sufriendo con eso. Lo que te pido a cambio es que trabajes conmigo. Mi firma está buscando nuevos talentos, y creo que tú podrías ser una gran adquisición. No necesitas estar atada a alguien como Santiago, ni aceptar sus condiciones.
Amalia lo miró, en shock. ¿Estaba ofreciendo lo que pensaba que estaba ofreciendo? Había escuchado rumores sobre Álvaro Delgado. Era un abogado joven, pero con una influencia considerable en el mundo legal. Había tenido casos importantes y no le temía a las figuras poderosas. Y lo más importante, su propuesta sonaba demasiado buena para ser verdad.
— ¿Y qué obtienes tú de todo esto? —preguntó, sin poder evitarlo.
Álvaro sonrió, como si ya estuviera esperando esa pregunta.
— Nada, más que verte alcanzar tu potencial. No estoy aquí por el dinero, Amalia. Sé que puedes llegar muy lejos si te liberas de las cadenas que Santiago ha puesto sobre ti. Tú eres más que lo que él quiere hacer de ti.
Amalia tragó saliva, tratando de procesar la oferta. No podía ser tan fácil, ¿verdad? Pero, al mismo tiempo, no podía negar que parecía su única oportunidad real de salir de esta encrucijada.
Antes de que pudiera responder, su teléfono vibró. Miró la pantalla y vio el mensaje de la universidad, el que le notificaba que su matrícula sería revocada al día siguiente.
"El banco ha cumplido con las gestiones necesarias para revocar tu matrícula debido a la situación financiera que involucraba a tus padres..."
El golpe fue casi físico. Su futuro estaba siendo arrebatado de un solo golpe.
— Tengo solo 72 horas —dijo en voz baja, más para sí misma que para él.
Álvaro notó su reacción, y su tono cambió, volviéndose más serio.
— Lo sé. Y por eso te ofrezco esta salida ahora. Si aceptas mi oferta, puedes dejar todo esto atrás y construir tu futuro. Si no, no solo perderás la oportunidad con Santiago, sino también con la universidad. No tendrás ninguna otra opción.
El tiempo pasaba, y la presión aumentaba sobre ella. Amalia miró a Álvaro por un largo momento, el peso de la decisión casi aplastándola.
¿Aceptar la oferta de Álvaro y empezar de nuevo, o continuar luchando contra Santiago y perderlo todo?
Finalmente, tras un largo silencio, Amalia dejó escapar un suspiro profundo y miró directamente a los ojos de Álvaro.
— ¿Cómo puedo confiar en ti?
Álvaro le devolvió la mirada, sin dudar.
— Porque esta es tu única oportunidad.
Amalia cerró los ojos, sintiendo la presión en su pecho. No tenía otra opción.
— Acepto.