Alejandro sentía que el corazón iba a salírsele por la boca, su ritmo cardíaco estaba como loco escuchaba claramente en sus oídos el pum, pum, pum que retumbaba en su cabeza, jamás había estado expuesto a semejante estrés, tampoco a una situación tan riesgosa excepto aquella en la que fue objeto de un ataque a mano armada cuando viajaba en el X-52, aquella vez en que vio morir a ese chico frente a su ventana, esa escena lo despertaba constantemente durante las noches, le causaba pesadillas y despertaba sudando y con el rostro de aquel chico grabado en su memoria. Es haber descubierto la realidad del mundo en el que vivía así de repente, con tantos horrores y tanta gente perversa capaz de lo que fuera con tal de mantenerse atornillada al poder le daba náuseas. Todavía no asimilaba el hecho

