Obedeció a Eliot y durante esos dos días completó todos los cursos y al mismo tiempo dedicarse a leer varios libros sobre filosofía, ética y derecho. Sin embargo, muy dentro de sí, sentía la necesidad de ver a esa mujer y mojar sus sábanas al tener su cuerpo húmedo con el de él sobre sí. La soledad sólo lo hacía recordarla, y desearla con más intensidad, incluso si no veía en la galería aquellas fotografías. Esa preciosa figura de su cuerpo femenino y seductor se deslizaba a su mente incluso cuando no lo quisiera. Ya eran las siete de la noche y leía El Príncipe de Nicolás Maquiavelo. Decidió dejar la lectura en cuanto no podía concentrarse, cuanto más deseaba comprender más se le dificultaba al sentir su cuerpo hormiguearle al contemplarla en sus recuerdos. Prefirió no mortificarse más y

