38. Mejor oyente de lo que esperaba. Al final hemos entrado a una cafetería. Ella ha pedido un late y yo un café tinto, el clima da para algo caliente. Pasamos el rato sin hablar realmente de nada. Ella mira las primeros indicios de nieve caer del cielo. —Es cierto –ella rompe el silencio abismal y doloroso entre los dos. —¿Es cierto el qué? —quiero escucharla; no importa si lo que quiere es soltarme insultos, palabrotas, lo que sea. —Está nevando –dice ella, y entonces una pequeña luz veo en sus ojos. Miro por la ventana, igual que ella hace. El cielo está gris, tal y como yo me siento. —¿Te gustaría que vayamos a casa? Si dices que no, no insistiré. Solo quiero que te sientas cómoda, eso es todo. Busco encontrarme con su mirada pero ella me evita. —No sé si yo pueda… —No pasará n

