Se llevó una mano al corazón dramatizando lo sucedido pero yo solo levante una ceja esperando que respondiera mi pregunta.
—¡Casi me matas de un infarto! —dijo suspirando.
—¿Qué haces aquí? —volví a preguntar.
—Vivo aquí —dijo y parecía realmente incomodo, me atragante con una carcajada.
—¡Tu no vives aquí! —dije, quería la verdad y él estaba inventándome cosas.
—Pues, desde hoy sí —dijo rascándose la nuca, ¡Oh dios!, eso significa que mi mamá está durmiendo con “el papi”. Gruñí y tiré los zapatos al suelo de golpe y subí las escaleras corriendo en dirección a la habitación de mi madre. ¿Por qué siquiera los trajo?, ni siquiera me lo consulto. Escuchaba como Alonso me decía que me calmara pero antes de eso lo mató.
Abrí la puerta de golpe sin importar lo que estuvieran haciendo, yo quería respuestas y no me iba a ir hasta conseguirlas.
—¿Tamara? —dijo mi mama adormilada—. ¿Qué pasa? —
Y más encima pregunta. ¡Que descaro por dios!
—¿Qué, que pasa? —dije irónicamente—. ¿Sabes lo que pasa madre? —ella iba a hablar pero la interrumpí antes de que inventara excusas baratas— ¿Qué mierda están haciendo estos aquí en mi casa?, porque ellos tienen casa —
—Te lo iba a decir —dijo enderezandose en la cama, ni siquiera me digne a mirar al señorito perfecto al lado de ella en el lado que mi papá ocupaba.
—¿Tan rápido sustituiste a mi papá? —solté con asco.
—¡Tamara! —me gritó.
—¡Él no tiene derecho de acostarse en esa cama, ni ocupar su lugar en la mesa! —dije tratando de contener las lágrimas.
—Yo no estoy tratando de sustituir a tu padre —dijo el señor perfecto, pero yo lo mire con tanto odio que desvió la mirada hacia mi madre, no librándose de mi ira.
—¿Ah no?, pues ¿qué es lo que quieres? —dije y cuando iba a contestar yo lo hice primero—. O ¿solo quieres acostarte con mi mamá? —
—¡Tamara ya basta! —gritó mi mamá.
—¿Basta qué? —dije mirando a mi mamá—. ¿Estoy diciendo la verdad acaso? —dije cruzandome de brazos.
—Mañana hablaremos cuando tengas la cabeza despejada —dijo mi mamá pasándose la mano por la cara.
—¡No mamá! —dije haciendo que ella me mirara—. Quédate con tu nueva familia —escupí y me di la vuelta chocando con Alonso, que no me había dado cuenta de que estaba aquí—. ¡Córrete! —dije y choque mi hombro con el de él.
Podía escuchar los gritos de mi mamá pidiéndome que volviera, pero no lo iba a hacer ni estaría más en esta casa si ellos estaban aquí. Se estaban adueñando de todo, prácticamente en unos meses papá y Anna quedarían olvidados. No podía permitir eso.
Entre en mi habitación y cerré la puerta de golpe, entre en el baño y me encerré a pensar, o mejor dicho a llorar. Deje que las lágrimas cayeran de mis ojos libremente, recosté la cabeza en la baldosa fría y cerré los ojos.
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Abrí los ojos y enderece el cuello para sentir un terrible dolor que hizo que gimiera, cuando me oriente bien me di cuenta de que me había quedado dormida en el suelo del baño y estaba toda torcida, podría haber pasado por “Samara Morgan” del aro. Me levanté y me fije en el reloj de pared que eran las 6:30 de la mañana, aún era temprano así que me saque el vestido de la fiesta y me puse el pijama.
—¡Despierta! —sentí que alguien me movía—. ¡Tamara despierta! —me gritaron en el oído haciendo que saltara de la cama.
—¿Qué te pasa idiota? —le grité de vuelta a Diego que me miraba con una sonrisa de orgullo.
—¡Quería despertarte! —dijo encogiéndose de hombros.
Bufe.
—¡Hay maneras más civilizadas para despertar! —gruñí.
—¿Cuál sería la diversión de eso? —dijo, ¡Maldito imbécil!
—¿Qué quieres?, porque espero que sea muy importante para dignarte a venir a despertarme —dije haciendo a un lado la ropa de cama y dirigiéndome al baño a cambiarme.
—SIP —dijo remarcando la “p”—. Pero antes puedes explicarme ¿por qué Alonso está en tu cocina? —me di vuelta, como si me hubieran dicho que tenía una mancha roja en el pantalón del pijama y lo fulmine con la mirada.
Eso quería decir que no había sido una pesadilla, aunque sabía que no lo era, tampoco había bebido tanto como para no recordar lo que sin lugar a dudas había arruinado mi primera vez, hablando de eso abrí las piernas ya que tenía esa sensación de estar estirada y Diego me sonrió con culpabilidad.
—¿Así que paso entonces? —dijo y yo lo mire como si fuera tonto, lo que probablemente era—. Ok, solo quería oírte decirlo, supongo que usaron condón —dijo arqueando una ceja.
—Pues si, paso, y si, usamos condón ¿acaso me crees tan estúpida? —dije.
—Y entonces ahora viene la parte donde me dices que ¡demonios está haciendo Alonso aquí! —dice y suspiro, después de todo Diego es mi mejor amigo.
—Mi mamá los trajo a vivir —dije y Diego abrió los ojos como platos y estaba muy asombrado.
—¡No juegues! —exclamó.
—¿Crees que jugaría con algo así? —le pregunté.
Se encogió de hombros.
—De ti se puede esperar cualquier cosa —dijo y levante la mano en señal de “STOP” —. ¿Cómo no me habías contado? —preguntó y hasta parecía herido, de verdad es muy buen actor.
—¡Ni yo lo sabía! —dije y él me miro sin entender—. ¡Burro! —exclame.
Le conté todos los detalles de lo sucedido y aproveche la oportunidad de preguntarle si podía quedarme en su casa ya que no quería estar en esta casa, lo sé, era una egoísta. Pero mi mamá tendría que elegir entre su nueva familia o yo. No era posible tenernos a ambos por la sola razón de que no soporto a los señoritos perfectos.
Mi celular sonó avisando de un texto, era de Javier. Instantáneamente se formó una sonrisa en mi cara.
DE: Javier
Hola preciosa, te extrañe. ¿Qué te parece si nos juntamos con los chicos en 20 minutos?
Para: Javier
También te extrañe. Y, sí me parece, ¿dónde nos juntamos?
La respuesta no tardó en llegar.
De: Javier
En el cine, trae a Diego, Alisa vendrá también.
Para: Javier
Ok, nos vemos
Alisa era una chica muy linda, tenía el pelo rojizo natural y había sido el amor de Diego desde que estábamos en básica, pero ella nunca lo vio como otra cosa. Luego ella se fue a otro país por el trabajo de su padre y no la volvimos a ver. A lo mejor ahora si lo veía como otra cosa, además Diego había cambiado mucho desde que éramos niños, si no fuera mi mejor amigo hasta yo le habría picado.
Le dije a Diego y aceptó, eso sí, omití la parte de que alisa volvió y que ella también iría.
Cuando bajamos todos estaban sentados en la mesa, me dieron ganas de vomitar con la imagen de la familia feliz, claramente no cabía ni hacía falta. Seguí caminando y pude sentir la mirada de todos en nosotros pero no me di vuelta, claro hasta que mi mama hablo.
—¡Tamara no puedes salir! —dijo y yo arqueé una ceja.
—¿Por qué? —pregunté.
—Ayer dije que íbamos a hablar —dijo pero yo me crucé de brazos.
—Pues, ¡jodanse todos!, porque yo no tengo nada que hablar con ninguno —dije y luego mire a mi mamá que me miraba sorprendida—. Y tu mamá prefieres estar con estos que con tu propia hija —
Dicho esto salí de mi casa seguida de Diego y con la ira sobresaliendo de mis poros, tenía ganas de golpear a alguien. Me di la vuelta y le pegue un puñetazo a Diego en el brazo, él me miro extrañado y yo solo me encogí de hombros.
—Necesitaba pegarle a alguien —dije.
—Y ¿pegarme te hizo sentir mejor? —otra vez con su estúpida psicología.
—¿Sabes que diego? —dije y me miro— . ¡Mejor cállate! —