Marcelo carraspea llamando la atención ante el momento incómodo, Virginia frunce el ceño ante la mirada que le da Eva, dándole a entender que sabe mucho más que ella y sus padres lo están ocultando.
—Cenemos. — Dice Marcelo, tomando a su esposa por la espalda, para guiarla hacia el asiento que le corresponde como su esposa a su lado derecho, Virginia no entiende aún la tensión del momento, supone que Eva es, solamente, una invitada de su madre o algún familiar que ella desconocía, algo que le llama mucho la atención, puesto que ella conoce a toda su familia y nunca figuro su nombre o algo por el estilo, pero el parecido es impresionante tanto que podría decir que es su hija, piensa Virginia.
—Eva, ¿Eres parte de nuestra familia? — Pregunta Virginia con el ceño fruncido, tiene mucha curiosidad por saberlo, Marcelo y Alicia se dedican una mirada, Eva le sonríe.
—Algo así. — Se limita a decir y toma asiento al lado de su madre, mientras que Virginia permanece al lado de su padre.
—Pueden servir la cena. — Ordena Marcelo a sus empleadas de servicio, ellas acatan rápidamente a la orden de su jefe.
La cena es servida, todos se mantienen en silencio, pero uno muy incómodo, Eva, no deja de ver a Virginia, causándole cierta molestia en la mencionada, por la mirada de suficiencia que le dedica.
La cena termina y Marcelo manda a retirar todo de la mesa, Virginia se levanta para ir a su habitación en vista de que las conversaciones con sus padres se han reducido a lo estrictamente necesario en los últimos meses y los temas que desea hablar con ellos no los quiere tocar con la visita presente.
—Aún no te retires, hay algo que queremos comentarte, es de suma importancia que lo sepas. — informa su padre con semblante serio y mentón erguido, Virginia detiene sus movimientos y vuelve a la mesa, luego de haber soltado un suspiro, espera no terminal la cena de mala manera.
—¿Qué sucede papá? Desde el primer momento que los vi, note que algo sucedía, pero no quise incomodarlos por la visita. — Comenta Virginia haciendo alusión a Eva, está sonríe negando, pero no dice nada al respecto.
—Eva no es visita, ella es nuestra hija. — Comenta Marcelo, con voz dura, Virginia lo mira sin entender, se queda un momento en silencio para procesarlo y luego lo mira para soltar la pregunta a lo que ella puede relacionar esa afirmación.
—¿Tengo una hermana? ¿Por qué nunca me hablaron de ella? — Pregunta levantándose para poner las manos sobre la mesa, viendo con ojos cálidos a Eva, pero lo único que recibe es hielo, tan frío y duro como lo que sus padres le trasmiten siempre, esto la lleva a mirar a su padre con el ceño fruncido en busca de respuestas.
—No, Virginia, ella es nuestra verdadera hija, a ambas las intercambiaron al nacer en el pueblo donde naciste, de ustedes dos la única que lleva nuestra sangre es Eva. — Dice Marcelo de manera tajante, Virginia siente su mundo caerse, los únicos que creía su familia no lo son, mira al que hasta unos momentos antes era su padre, luego a Alicia, seguido a Eva y siente que los tres la empujan a un rincón solo, vacío, donde solamente hay soledad, la más profunda en comparación a lo que ha sentido siempre.
—¿Quiénes son mis padres? — Pregunta a Eva, con los labios apretados a la vez que se clava las uñas en sus manos, para sentir que lo que está viviendo en este momento es su nueva realidad.
—Martina Rodríguez, es tu verdadera madre, de tu padre nunca se ha sabido, pero debes saber que Martina está muy grave de salud en estos momentos. — Comenta como si de quien habla no fue su madre durante toda su vida.
Virginia da un paso atrás, siente puñaladas en su corazón, se toca su pecho, por eso, a la vez una gran necesidad de estar con ella y no entiende por qué, pero ve la frialdad en el rostro de Eva y le genera repulsión al hablar así de su madre, a pesar de que Alicia no fue la mejor madre ella guarda un cariño hacia ella, ha sido la figura materna que ha tenido todos estos años y eso no lo podrá negar por más problemas y desacuerdos que tenga con ella.
—Si está tan grave como dices, ¿Por qué no estás con ella? — Cuestiona con la mandíbula apretada, Eva le lanza dagas con los ojos por la pregunta que pondría en tela de juicio su actuar, pero rápidamente suaviza la mirada recordando la petición de Martina.
—Ella misma me pidió que viniera, quiere verte, que vayas lo más pronto posible. — Manifiesta poniéndole un toque de nostalgia a su actuación, sin mostrar sus verdaderas intenciones, Virginia siente esa necesidad de conocerla, pero a la vez ve a Alicia y a Marcelo, se reprocha pensar en ellos, a pesar de todo son sus padres.
—¿Cómo quedó yo en sus vidas? — Pregunta mientras un nudo se va formando en su garganta, Alicia la mira con sorpresa y ve a Marcelo, quien mantiene su semblante serio sin transmitir sentimientos.
—El que no seas de nuestra sangre no quita que has crecido a nuestro lado como nuestra hija, pero debes tomar decisiones Virginia, se acabaron las consideraciones, los viajes por el mundo derrochando el dinero, no te vamos a desamparar, pero los privilegios se acabaron. — Declara de manera dura hacia la morena, quien lo mira aún perturbada, mira al suelo un instante y sube su mirada enfocándolos a ambos.
—Sabes que no soy derrochadora, solamente necesitaba encontrarme, y saber cuál es mi propósito, no pido consideraciones, a este punto de mi vida solo espero lo justo, pero ¿Puedes darme un par de días? Necesito digerir esto, no es fácil para mí lo que acabas de decirme, para mí, ustedes son mis padres. — Dice con los ojos cristalizados, Marcelo asiente.
—Tienes hasta una semana para decidir qué hacer con tu vida, entendemos que esto pueda afectarte. — Explica con una pizca de empatía, pero la esconde rápidamente, Eva se limita a permanecer como espectadora.
Virginia asiente a las palabras de su padre y se retira del comedor, al llegar a su habitación cierra la puerta pegándose a ella, a su mente vienen todas esas veces que sus padres la dejaron a cargo de las niñeras, faltas en los eventos del colegio y por último el internado de monjas que termino por alejarla aún más de ellos.
Quizás ellos siempre sintieron que no era su hija, al igual que ella, pero eso no hizo invisible el vínculo familiar que debían tener, por otro lado, tiene una madre que quiere verla, siente que estaría traicionando a Alicia y a Marcelo si lo hace, pero no puede descartarlo, no va quiere cometer lo mismo que Eva, una hija no abandona a su madre en mal estado, también debe pensar si va a estudiar o trabajar. Con tantos pensamientos golpeándola decide la mejor opción ir a dormir.
*
Los días fueron pasando y con ellos el corazón de Virginia cada vez se ponía más chiquito al ver la complicidad de Eva y su madre, una que siempre quiso tener, pero nunca pudo obtener, siempre trataba de que menos le afectará y delante de ellas disfrazaba su disgusto, sabía que Eva siempre estaba pendiente de cada uno de sus movimientos, nunca se preocupó por esconderlo, ante Virginia era una víbora disfrazada de oveja delante de sus padres.
Virginia baja las escaleras de la mansión, pero detiene sus pasos cuando escucha risas en el jardín, camina hasta ese sitio y encuentra a madre e hija en una sesión de spa a domicilio en el área cercano a la piscina, entre risas contándose anécdotas.
—Es en serio. — Exclama incrédula la morena, todo lo mejor de lo mejor para su hija Eva, se muerde el labio inferior para negar, decide mejor irse al club para seguir con sus planes, pero en su camino se encuentra a su padre y por su ceño fruncido sospecha que viene de mal humor.
—Se te acabó el tiempo Virginia, quiero hoy una respuesta, no puedes seguir de vaga, has tenido oportunidades que no te correspondían y aun así no has sabido aprovecharlo. — Dice de manera tajante, Virginia siente que la cabeza le va a explotar con esas palabras.
—¿A caso, te pesa tenerme en tu vida papá? — Cuestiona con un tono un poco elevado, activando el enojo en Marcelo.
—Si me pesaras, te hubiera dado en adopción desde que empezaste a dar problemas cuando eras pequeña, no me vengas ahora con dramas, no vez todo lo que te hemos dado, lo has tenido todo, cuando Eva, ha tenido que vivir en condiciones inferiores a las nuestras. — Suelta lo que a la morena le termina de carcomer de la rabia.
—Eso, eso es lo que te faltaba decir, nombrar a tu hijita perfecta, a ti también te compro, no vez lo víbora que es, a mí me ha costado tanto tener su amor y ella tan solo en unos días ya los tiene comiendo de la mano y yo soy la malagradecida, tantas veces que cambiaste mis deseos por los tuyos, nunca te importo a ti o a mamá lo que yo pensara y a esa mujer viene y dice que es su hija y le dan el mundo, ¿Dónde quedó yo? ¿Dime? ¿Tengo que parecerme a ella para que me quieran ah? — Suelta una tras de otra de las preguntas que tanto le han atormentado los últimos días, Marcelo da un paso atrás con su ceño fruncido aún más.
—¿Virginia te estás escuchando? Nada te ha faltado, como puedes acusarnos de algo así, incluso involucrar a Eva, han sido años de tropiezos como familia, pero has tenido lo más importante, Alicia está conociendo a Eva, no puedes culparla por eso. — Comenta bajando un poco la guardia con la morena, ella niega, evasivas y más evasivas.
—Más importante, ¿El dinero? Me han enseñado tanto la importancia de él en nuestras vidas que tampoco me puedes culpar por disfrutar de lo que me han dado, pero sé que aun cuando el dinero es capaz de solucionar los problemas, el amor ha estado agotado para mí, desde que tengo existencia. — Reprocha, él chasquea, la lengua.
—Sabes muy bien lo poco demostrativos que somos, que más muestra de amor hacia ti que verte realizada y darte las herramientas para lograrlo. — Virginia siente que esta conversación solamente sirvió para soltar lo que llevaba dentro, pero no obtendrá nada de lo que desea como siempre.
—Ok, está perfecto tu concepto de amor, yo me iré y los dejaré jugar a la familia feliz junto a esa mujer, yo tengo cosas que hacer. — Dice buscando la salida para perderse en camino.
—Virginia vuelve aquí, no hemos terminado, ¡VIRGINIA! — Grita para traerla de vuelta, pero esta vez no le funciona, solamente logra llamar la atención de su esposa y Eva.
—¿Qué pasó con esa niña amor? — Pregunta Alicia mientras se acerca a él con la mascarilla aún en el rostro.
—Una discusión más, algo sin importancia. — Comenta para no hablarlo delante de Eva.
—No tienes por qué esconderlo, papá, fue claro que con Virginia tuviste una fuerte discusión, todo se escuchaba hasta el jardín, la verdad no puedo entender de que ella se está quejando, ustedes son unos excelentes padres, me hubiera gustado tanto tenerlos en mi vida antes, solamente daré mi opinión porque no quiero entrometerme, pero deberían darle una lección. — Sugiere, pero como si fuera la mejor idea.
—¿A qué lección te refieres Eva? —Pregunta Marcelo realmente interesado en lo que pueda decir Eva.
—Sé que le diste la opción de escoger que hacer, pero deberías mandarla a San Martín, que ella conozca a su padre y viva por lo menos dos meses allá, con sus propios recursos, eso lo ayudará a pensar mejor las cosas y valorar lo que tiene con ustedes, además, no quise decirle hacer sentir mal a Virginia al saber ambas noticias, pero Martina la mujer que me crio se está muriendo y su último deseo es verla antes de pasar a mejor vida, podrías cumplir su deseo y al mismo tiempo darle una lección a Virginia. — Dice haciendo su mejor jugada, el terreno que ha ganado con sus padres pueden ayudarla en esto, Marcelo se queda serio antes las palabras de Eva sin decir ni una palabra.
—Amor, a mí me parece perfecto, además como madre saber que me intercambiaron a mi hija al nacer justo cuando estoy muriendo me destrozaría, ayudémosla a tener ese reencuentro y tú nos ayudarás, hija.