A veces me pregunto si la vida no es más que una suma de coincidencias. El tipo de coincidencias que te hacen sonreír cuando estás cansada y necesitas un respiro, como encontrar el último asiento libre en un autobús abarrotado o que el profesor cancele una clase justo cuando sientes que tu cuerpo se rinde. O el tipo de coincidencias que, si las piensas demasiado, empiezan a dar un poco de miedo, como si el universo estuviera tejiendo una red invisible y tú fueras la mosca que no ve los hilos hasta que es demasiado tarde. No suelo creer en el destino. Soy estudiante de medicina, y todo en mi vida gira alrededor de causas y efectos: una enfermedad tiene un origen, un tratamiento tiene un protocolo, un síntoma tiene una explicación. El cuerpo humano es un sistema perfecto de equilibrios, y c

