El momento en que ese imbécil intentó arrebatarle la mochila a Valeria me recordó por qué no puedo dejar nada al azar. El azar es caótico, y lo caótico destruye lo que más quieres. En mi mundo, todo se controla: los negocios que manejan millones como si fueran granos de café, los hombres que trabajan para mí y saben que un error puede costarles más que su empleo, las decisiones que tomo en la penumbra de mi despacho y que cambian vidas sin que nadie lo note. Pero Valeria no es un negocio, no es un trato que pueda cerrar con un apretón de manos o una amenaza velada. Ella es un deseo que no puedo calcular, y eso la hace peligrosa. Más peligrosa que cualquier enemigo que haya enfrentado. No pensé. No lo necesitaba. Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente, como si estuviera programado para pro

