Capítulo 12: No duermas

2121 Words
"Entre tus palabras, ¿Qué tratas de decir?"  El joven Jaime estaba sentado en uno de los taburetes, concentrado en sus pensamientos, creía que Samantha no le había contado lo que en realidad le pasaba. Jaime se preocupaba por ella, nunca se había preocupado por una chica hasta que apareció Samantha. Jaime es un chico apuesto, divertido, imponente y enigmático. Le encantaba como Samantha era diferente a las demás chicas, ella también es una chica muy atractiva y, Jaime lo sabía perfectamente. Muchos chicos presentes en el funeral volteaban a mirar a la joven, ella no se daba cuenta, pero Jaime si lo hacía. Se le apretaba la mandíbula cada ves que un chico miraba a Pitterson de pies a cabeza, Jaime añoraba con algún día poder tocar con sus dedos la piel de Samantha y acariciar sus curvas. Pero no quería llevar las cosas tan rápido, con ella era diferente, quería pasar tiempo con ella y conocerla mejor, hacer todo con calma y, el día en que ellos dos unan sus cuerpos en uno, Jaime quería que fuera especial; para convertirlo en algo único para los dos. Con ella quería hacer todo con lo que con otra chica jamás haya hecho. Dejando sus pensamientos a un lado, Jaime se levanta del taburete y se acerca a donde esta su amigo David Sifuentes acompañado de una chica. —¿Te importa si te lo robo un momento? – le preguntó divertido a la chica que estaba con David. —Claro, no hay problema – contesta la muchacha, con una sonrisa. Jaime paso su brazo sobre los hombros de David para llevarlo a un rincón de la cafetería sin tanta gente, al estar en una distancia prudente de las personas se separó de él. —¿Qué te sucede viejo? – se quejó David – estaba a punto de pedirle una cita a esa chica. —¿Y, te parece que un funeral es el mejor lugar para pedir una cita? –Jaime levanta una ceja. —El lugar no es importante, si no cómo se lo pides – David le guiño el ojo. Jaime suelta un resoplido. —Como sea, quiero que me hagas un favor.   —¿Cuál? —Mañana no quiero que estés en el dormitorio – le pide. David luce desconcertado, así que Jaime le explica: – estaré ocupado y, no quiero interrupciones. Sifuentes asintió lento y luego cambio su cara a uno pícaro.   —¿Con quién tendrás acción? – quiso saber el joven, mientras sube y baja las cejas. —Con nadie – aclaró Jaime, con seriedad – solo que Samantha me hará una entrevista, tiene que salir bien, es para una tarea del club de periodismo. —Aaaaah, ya entendí, después de la entrevista viene la acción – afirmó su amigo, mediante una risa. —¡No seas idiota David! – Jaime le golpeó el hombro riendo – ella es distinta. —Como olvidarlo, si una vez intentaste besarla en la cafetería y recibiste una patada en la pelotas – recordó su amigo y soltaron una carcajada, luego David se rasco la cabeza y hace una mueca – por cierto, ese día que llegue y ustedes casi besaban…¿Qué paso? Jaime exhalo para responder: —Le rete que si perdía en Voleibol me tendría que dar un beso, ella fue para cumplirlo – Jaime se quedó pensando, recordando el beso entre ellos dos y esbozó una sonrisa – pero cuando sucedió, nunca me imaginé que fuera tan…perfecto. —Oh no, lo perdimos – sollozó David con falso drama, fingiendo tristeza – el Jaime Sanz macho pecho peludo ya no existe – Jaime le dio otro golpe soltando una carcajada. —Si eres estúpido – negó con la cabeza mientras sonreía, su amigo carraspea la garganta. —Hablando enserio, ¿crees que ustedes puedan tener algo? ¿Y si ella no sintió lo mismo en el beso? Jaime miro hacia la mesa donde estaba Samantha con sus amigos y sin dejar de verla, en un tono bajo casi inaudible respondió: —No lo sé.                                                                      […….] La incomodidad que Ivy sentía se hiso algo notable en ella, la joven no quería venir al funeral de Amelia, pero tuvo que hacerlo ya que no quería que nadie estuviera sospechando del porque no asistió al funeral, debido a que anteriormente había tenido una discusión con la fallecida, esperaba que no sospecharan. Tal vez sea una falta de respeto que Ivy esté presente en este lugar, siente de nuevo la culpa en su interior al haber visto a Emily y a la madre de Amelia llorar, el pensar que la mato le revolvía el estómago. Se muerdo las uñas en un acto reflejo, sintiéndose nerviosa, Ryan está a su lado mirándola con el ceño fruncido, la vista de Ivy se centra en el pequeño vaso de café que sostiene en su otra mano. Tenía ganas de irse de ese lugar. —Voy a salir afuera un momento – les informó a los chicos levantándose de la mesa. Ellos asienten con la cabeza – ya vuelvo. Rayan la miro de soslayo mientras se alejaba de la mesa. Ivy paso deslizándose entre la gente y se dirige a la puerta de salida, cuando estaba lo suficiente cerca alguien choca contra ella. El café cae a su ropa y en parte de su mano, se quemó un poco ya el café que estaba demasiado caliente. El muchacho con quién chocó era Andrés Córdoba, se llevó una mano a la frente, apenado por lo sucedido. —¡OH, PERDÓN! – exclamó el chico con los ojos grisáceos abiertos de par en par – No fue apropósito lo juro – aseguró rápido. —¡Ay! – Ivy chilla de dolor, varias personas miraron hacia ellos – está bien, está bien – se apresuró a decirle al chico. —¡No, claro que no, el café está caliente! – dijo Andrés, preocupado. > pensó ella con sarcasmo.   —Tranquilo, iré al baño – le dice, dándole la espalda. La joven se apresuró para ir al baño, al pasar por el pequeño pasillo encuentra la puerta. La abre para entrar y luego la cierra colándole seguro, se quitó la chaqueta de cuero dejándola arriba del retrete para quitarse la camisa y quedar en sujetador. Su mano está un poco rojo, no tanto, pero el café estaba lo suficiente caliente como para dejarle la mano roja, abrió el grifo del lavabo para echarse agua en el pecho, en las manos y la cara. Agita sus manos para secarse y suelta un suspiro. —Creo que me lo merezco – murmuró para sí misma. —Si, te lo mereces. Ivy escuchó una voz, una que sabía perfecto de quien se trataba, su cuerpo adquirió un escalofrío y trago saliva. La luz del baño se apagó, quedando el baño en completa oscuridad. —No, no otra vez – susurra Ivy, en un hilo de voz. Segundos después se la luz se encendió.   —Hola, Ivy. – Amelia apareció a su lado, Ivy ahogo un grito y se echó hacia atrás chocando con la puerta— ¿Por qué te asustas? – le susurró Amelia. —Tu…no…pero – titubea, los labios de Ivy temblaban. —¿Crees que te hare daño? – inquirió Amelia y negó con la cabeza – solo quiero que todo se sepa. —¿Qué…cómo…que todo? – tartamudea, su pecho subía y bajaba. —Intenta no dormir – le pidió Amelia, evadiendo su pregunta – no lo hagas. Dos golpes en la puerta suenan y Montero pegó un grito. —¿Estás bien? – pregunta David, en el otro extremo de la puerta. —¿Qué tiene este baño que todas las chicas gritan? – se escuchó a Jaime preguntar - ¿están dándose placer en plena funeraria o qué? —Cuidado cuando duermas Ivy – advirtió Amelia. La joven sacude la cabeza sin entender. —Yo te veo…¿Por qué lo hago? – preguntó. —¿Con quién hablas? – pregunta David tras la puerta. —Contigo – responde, sin dejar de ver con horror a Amelia. —Dime que no te queme mucho con el café, discúlpame. —Tranquilo estoy bien – le hace saber, aunque en el fondo estaba muerta de miedo. —Ya lo sabes Ivy – la señaló Amelia. La luz del baño se apagó y al encenderse otra vez, ella ya no estaba. Montero suspiro de alivio, llevando una mano a su pecho. —¿Quién está aquí Andrés? – pregunta Jaime, curioso. —Ivy – contesta. ¿Cómo sabe mi nombre y yo no sé el suyo? >> se preguntó la joven.   —Ya salgo – avisó ella. La joven toma una respiración profunda y paso sus manos por su cabello. Sus manos aun temblaban, pero trato de tranquilizarse lo más que pudo, agarro su blusa que estaba un poco mojada por el café y se la paso por encima de la cabeza para ponérsela. Agarró la chaqueta de cuero que estaba un poco menos mojada que la camisa y se la puso. Al salir del baño se encuentra con aquel chico de ojos grises con gafas y un tatuaje en su brazo, sus mejillas con pecas tienen un tono rojizo. A su lado esta Jaime, quien la mira con el ceño fruncido. —Quería ver si estabas bien – pronuncio el chico después de unos segundos. La joven hace un ademán con su mano para que no le diera importancia. —Tranquilo, solo era café – se ríe nerviosa – ni que hubiera sido una bala o algo por el estilo – bromea, Andrés ríe por lo bajo. —Me llamo Andrés, por si no lo sabías – el chico extiende su mano hacia ella. Ivy se la estrecha. —Un gusto, Ivy Montero – le sonrió. —¿Se puede saber que pasa aquí? – intervino Ryan, quien se cruzó de brazos y miraba las manos de Andrés entrelazadas todavía con las de Ivy. —¡Ryan! – dijo ella casi en un grito, aparto las sus manos entrelazadas con las de Andrés —¿Qué haces aquí? —Te estaba buscando, pero ya veo que estas ocupada – su voz sonó firme, cabreado, y con algo de molestia miró a ambos chicos frente a Montero. —De acuerdo – canturreo Jaime, incómodo – yo algo mal tercio aquí así que, me voy. Dicho eso Jaime se fue a pasos rápidos hacia el pasillo, no quería ser parte de una discusión que no era de su importancia. —Oye viejo…—intento hablar Andrés, pero lo interrumpió. —¿Qué haces aquí? – tajo con mirando con fastidio al joven Córdoba, Ivy frunció el ceño por su actitud – ¡largo! – exclamó. —¡No lo trates así! – lo defiende Ivy, mirando molesta a Ryan. —¿Son novios? – inquirió Andrés, señalándonos. —No – responde Ivy. —Si – respondió al mismo tiempo Ryan.  La joven abrió los ojos como platos. Silencio total… De pronto la tensión en el pasillo del baño se torno incomoda y Montero decidió terminar con el silencio. —Andrés – se giro hacia él, para mirarlo – discúlpame por lo que paso y, por esta situación, pero quisiera hablar a solas con el – le pide, lo más amable posible. Andrés asiente y Ryan lo fulmina con la mirada antes de irse. El muchacho sale del pasillo cabizbajo, Ryan suelta un gruñido. —¿Qué hacías con esos dos? – masculló, la joven echo una pequeña risa. —¿Acaso estas celoso Ryan? – inquirió juguetona y se cruzo de brazos. —Y si así fuera—dio pasos hasta estar muy cerca de ella — ¿Qué? – la encaro. Ivy sonríe. —Si lo estas – susurró, para inclinarse hacia él. Los ojos negros del joven se vuelven más profundos y adquieren un brillo que nunca Ivy logró ver. Sus caras están tan cerca que sus respiraciones chocaban, rozando sus narices, Ryan se relame los labios. —He querido hacer esto desde hace tiempo – susurró. Ryan aprisionó sus labios con los de ella en un beso seductor, Ivy le correspondió el beso, después de tanto extrañar sus abrazos, sus palabras, cuando creyó que uno de sus sueños nunca se harían realidad porque le mintieron diciéndole que estaba muerto. Al fin, sus labios tocan los suyos. Ryan sujeta su mejilla, atrayéndola más hacia él, sus lenguas se juntan en un ritmo único, inigualable, ese beso…era el primer beso de ambos. 
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