Capítulo 6: ¿Fantasma?

3447 Words
"Hay que ser cuidadosos, idear planes buenos, pueden llegar a ser triunfantes" Al momento en que Ivy Montero vio entrar por la puerta a Ryan Ferguson pensó que era un chiste que su mente le quería mostrar, pero era totalmente real, Ryan estaba como ella lo recordaba. No pudo resistirse más y salió corriendo del salón como si le estuvieran persiguiendo, era la única opción, no podía seguir ahí y mirarlo. Era obvio que tampoco Ferguson se esperaba verla, sus ojos negros tan oscuros estaban como ella los recordaba, la miraron con tanta sorpresa que pensó que Ryan gritaría su nombre y se olvidaría de todos los que estaban a su alrededor para abrazarla. Ella lo extrañaba. Tanto que su corazón no volvería a su estado de ritmo normal, tanto que hubiera sido capaz de preguntarle qué había pasado con él, le asustaba y le aterraba al mismo tiempo. Sus ojos color miel se tornaban rojos por las lágrimas que estaban a punto de salir, ¿Cómo no iba a reaccionar de esa forma sabiendo que tiene a una persona que creía muerta, estaba parado frente suyo? ¿Cómo era posible eso? La joven iba por los pasillos hasta pasar por uno de los baños de chicas, entró, cerró de un portazo la puerta y trato de calmar su respiración. Su pulso estaba que explota, sus mejillas ya están húmedas por las lágrimas que las acompañan. Se lleva amabas manos a la cara mientras solloza. —Creí que había muerto – dice para sí misma – se supone que él había muerto – dijo esta vez en un hilo de voz. Ivy reposo su espalda en una de las paredes, se quedó unos largos segundos llorando en el baño, como si llorar fuera la única opción para calmarse. De hecho, eso es lo que hace siempre, cada llamada que recibe del manicomio donde está su madre es para comunicarle que cada día su madre está más loca. Quiere convencerse de que algún día ella volverá hacer la de antes, pero estaba al borde de perder las esperanzas. Pero se juró a si misma que tiene que encontrar la forma de hacer que todos los secretos de las personas que arruinaron su vida se haga viral, que todo el mundo lo sepa, ahora tiene un nuevo motivo para ser fuerte y crear justicia; había llegado la hora de hacerlos pagar. Así que seco sus lágrimas y de su bolso saco unas revistas, las dejo cerca del lavamanos del baño y coloco seguro a la puerta después de revisar cada cubículo para asegurarse que no haya nadie dentro. Se puso unos guantes negros y comenzó a picar letra por letra las palabras de la revista, todas las corto de distintos tamaños. Una vez listas las voltea para echarles pegamento y colocarlas en el espejo. Saco de su bolso sangre falsa para echarla en el aguante y dejar marcas de manos ensangrentadas en el espejo y lavabo, las deslizo para darle un aspecto terrorífico. Lo que escribió con las letras de revista fue: “Los secretos siempre se saben”. Sigue deslizando su mano con la sangre falsa en las paredes y puertas de los cubículos, en una de las puertas de en medio dejo un: “att: Anónimo”. Escrito con la misma sangre falsa. Después deja varias gotas de sangre en el suelo para darle un aspecto más terrorífico. Al terminar Ivy sonreí victoriosa al ver su resultado, aguardo todo en una bolsa y salió del baño verificando que nadie logre verla salir, comenzó a caminar como si nada hubiera pasado, no le importaba en lo absoluto perder la clase de biología luego le pediría el cuaderno a Samantha. Duro unos minutos paseando por los pasillos, pero el recuerdo de ver Ryan vivo volvió a su mente, por momentos llego a pensar que quizás Ryan tubo un hermano gemelo, pero era imposible, él nunca le había comentado algo como eso a ella. Al cruzar por el pasillo donde antes quedaba su clase se encuentra con la persona que tanto necesito en todo este tiempo, para escuchar su risa, sus reclamos, su mirada juguetona y vacilante. Ese que le hacía reír cuando estaba triste, lo tenía en frente de nuevo y, no pudo evitar las ganas de llorar de nuevo, su piel se eriza y siente un escalofrío. Ryan estaba parado en uno de los pasillos, mirándola, sus ojos oscuros adquirieron un brillo inexplicable. —De verdad eres tú – dijo ella, en susurro, una vez se acercó a él. Ryan dio un paso hacia ella y su mano acaricia su mejilla y los ojos de la joven se humedecen. —Al fin logro verte de nuevo – logro decirle ella, con voz temblorosa - ¿A dónde te habías ido? —Es una larga historia, logre escapar, pero luego lograron atraparme otra vez y me llevaron lejos. —Me hicieron creer que habías muerto – dice en un hilo de voz, mientras toca las mejillas de él. —Pero estoy aquí – me regalo una sonrisa - ¿No te alegra? —Sabes que si – Ivy soltó una lagrima. Los jóvenes se abrazaron con fuerza. Ivy sollozaba en su pecho, extrañando su aroma varonil, lo segura que se sentía estando alrededor de sus brazos. Duraron un rato así, juntos, no podía creer que estaba vivo. Lo miro a los ojos y el le seco un par de lagrimas de sus mejillas. —¿Por qué te cambiaste el nombre? – le pregunte una vez se separaron. —Para que no sepan quien soy – dijo con obviedad— planeaba rehacer mi vida, olvidar todo el pasado, pero ahora que te veo…¿Cómo es posible que estés estudiando aquí? —También intentaba rehacer mi vida, igual que tu – explica – pero las cosas fueron cambiando, es una larga historia. —Cuéntamelo. —Tienes que volver al salón, es tu primer día y no quiero que tengas problemas – Ryan resoplo. —Esta bien, ¿entonces en donde hablamos? —En la biblioteca, tenemos unos quince minutos de hora libre, yo te guio donde esta. —No te preocupes por eso, un profesor ya me mostro la mayoría del instituto cuando me inscribí aquí. —De acuerdo, entonces nos vemos en la biblioteca. Al pasar algunas horas, los jóvenes se encontraron en la biblioteca entre uno de los estantes donde se encontraban muchos estudiantes, fingían buscar algún libro en específico mientras platicaban de cómo llegaron al instituto Hamers. La joven le contó sobre las personas que estaban en el instituto – quienes uno de ellos les arruino la vida – ella le cuenta lo ocurrido sobre la advertencia que dejaron en el baño y lo que le ha pasado durante su ausencia. —Supongo que tienes un plan. —Lo tengo – contesto ella rápidamente – pero sin duda necesitare ayuda ¿tú quieres ser parte de eso? – enarco una ceja, sonriendo. —No me lo tienes que pedir, sabes la respuesta – asintió. —Bien, justo hace unas horas deje un regalo en el baño y… —¿Hiciste del dos? – preguntó, interrumpiéndole. —¡No tonto! – le golpea el hombro – deje una buena decoración con un mensaje – sube sus cejas de arriba abajo. —Muero por saber de qué se trata – confesó con una sonrisa. —Todo a su tiempo, Ryan – hiso énfasis en “Ryan” – hay que actuar lo mejor posible y ser cuidadosos. —De acuerdo – Ryan dio un paso hacia ella – te extrañe mucho – la abrazo por la cintura. —Y yo a ti. [………..] —¡Oye Ivy! – le llama Samantha. La joven iba de camino a los vestidores ya que le tocaba deporte en su siguiente clase, tienen un juego de voleibol en la cancha del instituto. Al pasar por los vestidores Ivy abre su casillero para ponerse el uniforme deportivo del equipo. —Dime. —¿Por qué saliste así del salón? – le preguntó Samantha. —Si que eres curiosa Samy – dice, dejando su bolso en la butaca – solo tuve que ir al baño urgente, me había llegado la menstruación – miente. —¿Y entonces porque tenías esa cara de asustada? – interviene Sasha – parecía como si viste un fantasma. —No – Ivy ríe nerviosa – solo que me preocupo haberme manchado mucho – miente de nuevo. —Ok…—canturrea dudosa Samantha, para cambiar de tema – tenemos que darlo todo allá fuera. —Solo es una práctica Samantha – le dijo Sasha – no es como si saldrás en televisión y tienes que ganar un premio de por medio. —Si, pero en el equipo contrario estará…-dejo la frase en el aire. —¿Jaime? – completo Sasha con picardía. —¡Si! – admitió ella, en una exclamación – no quiero perder y tener que ver su estúpida sonrisa de victoria molestándome y diciendo que soy una perdedora. —No le hagas caso y ya Samy – aconsejó Ivy. —Oigan, hablando de otra cosa, ¿ustedes han visto a Amelia? – inquirió – Al parecer ayer no llego a su dormitorio. —No la he visto – contesto Sasha, haciendo una mueca. —Yo menos – respondió Ivy, encogiendo mis hombros. A la joven le inquietaba un poco la ausencia de Amelia Méndez, a pesar de que no la había tratado muy bien últimamente, se preocupaba por si le paso algo malo. Antes de salir de los vestidores se hiso un peinado de coleta alta, poniéndose su camisa y short deportivo. Cuando por fin salió para irse directo a la cancha sosteniendo su botella de agua, sus ojos buscan a Jaime. Al encontrarlo se fija en su vestimenta, Jaime tiene una camisa sin mangas haciendo mostrar sus grandes músculos por doquier, sus pantalones deportivos cortos y largas medias hacen lucir sus tonificadas piernas. Samantha no paso desapercibida al mirarlo de pies a cabeza. Su mente solo dijo: Ok cálmate cerebro. >>  Cuando su mirada se encuentra con la Jaime se quedó inmóvil. Los recuerdos de lo que les paso ayer en su dormitorio vienen a su mente, lo que le provocaba era salir corriendo, pero con la dignidad que le queda se puso firme y sin dejar de mirarlo llego hasta donde los demás estudiantes del equipo. El profesor les da los buenos días y les ordena hacer calentamientos después de sonar el silbato, Samantha se giró sobre su eje y corre con los demás. —¿No me vas a saludar? – escucho la voz de Jaime al estar a mi lado. —Hola – contesto ella, secamente. —Me puedes saludar mejor que eso – le tienta pícaro. —Lo siento – ella hace una pausa y él se inclina un poco acercando su mejilla, esperando su beso. Samantha sonreí falsamente – Hola, imbécil. El muchacho hace cara de perrito triste y pasa su brazo por el hombro de Samantha, de momento la besa la mejilla tomándola por sorpresa. —Yo si te saludo como te mereces preciosa. —¿Recuerdas lo que te dije cuando colocaste tu brazo en mi hombro en estos días? Pues voy a considerarlo de nuevo. —Solo quieres tratar de alejarme y en el fondo sabes que no lo quieres hacer – soltó. —Claro que no – se defiende – solo que no quiero tenerte cerca cuando estés sudado. —Los dos lo estaremos – le corrige y luego se acercó a su oído – después necesitaremos un baño – susurro con voz ronca. —Espero y en ese baño haya pasta dental, tu aliento apesta – dijo divertida. El no pareció molestarle más bien soltó una carcajada. —No tengo mal aliento, solo lo dices para molestar. —Cállate Jaime. —¿Qué? Sabes que es verdad – le sonríe – si lo niegas sabrás las consecuencias – advirtió. —¿Así? ¿Cuáles son? – lo encaró, levantando su barbilla para verlo. —Si sigues negando lo que sientes lo sabrás nena – quito su brazo de su hombro. —Yo no siento nada. —Te lo advertí. Jaime la agarro de la mano para correr rápido por toda la cancha, Samantha intento quitar su mano de la suya pero la tomo con fuerza. Ella suplicaba que fuera mas despacio pero Jaime solo soltaba carcajadas burlándose de sus pobres piernas, Samantha no podía correr tan rápido como el. El profesor toco el silbato y ordeno hacer sentadillas, Samantha odiaba las sentadillas, Jaime las hacia sin ningún problema en cambio las pobres piernas de ella subían y bajaban lentamente como tortuga, el se quedo a mi lado mirándola con una sonrisa burlona. —Deja de verme – le reclamo, mediante jadeos – por tu culpa me canse rápido. —Yo te lo advertí desde un principio – se defendió – así que no te quejes. —Te detesto Jaime Sanz. —Yo te detesto mucho mas Pitterson – le guiño el ojo. Ella resopla. —Imbécil – murmuró. —¡Abdominales! – ordeno en un grito el profesor después de tocar el silbato. —¿Hace calor aquí no? – pregunto divertido Jaime. En cuanto Samantha lo miró, Jaime mientras le sonreía se quito la camisa con lentitud, mostrándole sus abdominales y perfectos cuadritos. Los ojos de Samantha se abrieron de par en par y sus mejillas las sentía calientes. > El se dio cuenta de su mirada y se dispuso a ponerse en el suelo para hacer los abdominales. Ella solo imita su acción poniéndose en el suelo para hacer los abdominales mirándolo de reojo a cada momento, su torso tenia pequeñas líneas de sudor, no era mucho pero le daba un ligero brillo a su cuerpo. —¿Disfrutando de la vista? – su voz la saca de su trance. —Si, el cielo esta muy bonito. —Yo creo que sabes de que te hablo. —La verdad no – me hago la loca. —¿Segura? – se acercó a ella y paso su mano por su cabello – Te propongo un reto – dice y continua haciendo abdominales – si tu ganas en el voleibol estoy dispuesto hacer cualquier cosa que me pidas, pero si yo gano…me darás un beso en los labios. > pensó ella. —¿Estas seguro? Porque puedo hacer que hagas algo que te pueda avergonzar – le advierte. —Estoy dispuesto a lo que sea. La joven se lo piensa un momento, a ella le encantaban los retos, pero no uno donde tiene que besar a Jaime Sanz. Muchas chicas desearían estar en su posición, Samantha quería mostrarle a Jaime que podía ganarle en el juego de Voleibol, aunque estaba muy cansada desde que comenzó a correr tan rápido de la mano de el, estaba dispuesta a ganar, quería hacer que Jaime perdiera el reto. —¿Y bien? – habla después de un largo silencio de su parte. —Acepto – dijo firme, decida. —¡Ahora los chicos lagartijas y las chicas corran hasta que suene el silbato! – ordeno en un grito el profesor, su vista llega hasta Jaime - ¡Señor Sanz póngase su camiseta ahora! – exclamó. Después de pararse del suelo, los jóvenes hacen lo que les pidió el profesor de deporte.                                                                  [.......] Unos minutos después. —Directora, el oficial Pedro, y el Oficial Patrick están afuera y solicitan hablar con usted – anuncia Ana, desde el teléfono de la oficina. —Esta bien Ana, diles que pasen – le dice, apretando el botón para responderle -, y por favor habla con aquellos estudiantes que faltan por el pago del mes. —Si señora – responde. La directora suelta el botón y agarra su taza de café para tomar un sorbo, comienza a grapar papeles y sellar hojas, en segundos se escuchan dos golpes en la puerta de la oficina. —¡Adelante! —Buenas buenos directora Burgos – le saluda uno de los oficiales. —Buenos días, ¿a que se debe su visita? —Tenemos resultados sobre lo que sucedió en el baño – el oficial muestra un pequeño sobre. —Por favor tomen asiento – les pide cordialmente señalando las sillas. El oficial Patrick carraspea la garganta y le entregó el sobre. —Los resultados de la sangre son efectivamente de un animal –informa – por suerte no es de una persona, pero aun así tengo curiosidad por saber como consiguieron esa sangre y a quien va dirigido ese “Estas muerta” – hiso énfasis en la ultima frase. La directora tragó saliva. —Lamento no tener respuestas a esas preguntas Oficiales– contesta, seria -, tendrán que hacerle esas preguntas a quien lo escribió – el Oficial enarca una ceja. —¿Estará por aquí la señorita Méndez? —Déjenme preguntar – ella marco los números en el teléfono de la oficina enseguida contesta Ana – Ana ¿estará la Señorita Amelia Méndez en su salón? —No directora, ella llamó esta mañana diciendo que tenia un problema familiar y no pudo asistir hoy – les hiso saber. —Bueno, gracias por el dato Ana, luego me comunico contigo – cuelga – Lo siento.  —Me suena algo extraño el comportamiento de esa señorita – opina, el Oficial Pedro – una ves más que intentamos hablar con ella, no se encuentra en el instituto. —Cuando ella venga yo los llamo para que puedan conversar —dijo la mujer con tranquilidad. —¡DIRECTORA, DIRECTORA! – una alumna entra gritando a la oficina – perdón por interrumpir, pero una vez mas dejaron una advertencia en el baño – anuncio, su cara de susto se notaba en su cara. —¿De que se trata ahora? – el Oficial Pedro se levanta de la silla, acto seguido Patrick igual. —¡Es horrible! – exclamo la alumna - ¡Hay sangre por todas partes! – les hiso saber. —Vamos – dijo la directora a los oficiales para ponerse de pie y seguir a la alumna. Salieron de la oficina y fueron directo a uno de los pasillos del Instituto, al llegar varios estudiantes están alrededor del baño. Los murmullos se escuchaban por todos lados, ellos se abrieron paso para dejarlos pasar a ella y a los oficiales, la mujer quedo impactada al ver el panorama. Los lavabos tenían huellas de manos con ensangrentadas, tanto el espejo como paredes igual, pequeñas gotas de sangre habían en el suelo. La escritura en el espejo con retazos de revista fue lo que me dejo helado el cuerpo de la directora:                                            “Los secretos siempre se saben”.  Su garganta se puso seca y sus manos temblaban no podía creer que uno de los alumnos sabe cosas que nadie mas esta enterado en este lugar. En una de los cubículos se mostraba también un “att.Anónimo ”.Muchas manchas y gotas de sangre habían en el baño, pero lo que mas la paralizo fue que en uno de los altavoces del Instituto se oyó una voz distorsionada y en susurro nombro lo siguiente: —No sabes lo mucho que espere este momento – todas las luces tintineaban dejando escapar jadeos de partes de todos - ¿Crees en fantasmas? Porque yo lo soy, buscare la forma de hacerte pagar. Todos caerán y eso será por ti. —¿Qué es eso? – chillo una alumna. —¿Qué esta ocurriendo? – preguntó otro alumno. —Cuiden sus espaldas amigos – hablo el de la voz distorsionada. —¿De donde proviene eso? – pregunto el Oficial Patrick. —De-de la oficina – tartamudea la directora en respuesta. —Que tengan excelente día – se despidió el de la voz distorsionada. De pronto se escucho una música escalofriante donde se oían gritos y susurros tenebrosos. Los alumnos se miraron entre si, sin entender, murmuran entre ellos sin dejar de mirar las luces que aun tintineaban. Los policías fueron lo mas rápido que pudieron hacia la oficina, con la directora detrás de ellos. Y cuando estuvieron cerca las luces llegaron a su estado normal y al abrir la puerta solo estaba una carta de color amarillo con una nota que decía: >
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD