Capítulo 7: Interrogatorio

3735 Words
“Entre preguntas, tu puedes saber la verdad"  Unos minutos antes… Se venía la práctica de voleibol, Samantha estaba sumamente nerviosa, impaciente y con muchas ganas de ganar. En él equipo de Jaime estaba Andrés Córdoba (con quien Samantha había chocado el día de ayer) Emily, Austin, Ivy Montero y Sabrina. Samantha en su equipo tenia a Eliot, Sasha, David Sifuentes (el chico que interrumpió el momento entre Jaime y ella), Ryan Ferguson y Amelia Méndez. La joven Amelia llego tarde a la clase de deporte, Samantha y Jaime sintieron un alivio al verla porque ya estaba pensando lo peor, su amiga Emily la abrazo apenas la vio y le regaño por no haber contestado sus llamadas, Amelia le explico a su amiga y al profesor que había tenido un problema familiar. Después de eso se cambió para colocarse el uniforme deportivo. Samantha suspira, le temblaban las manos. Jaime desde su posición le envió una sonrisa ladina y con sus labios emitió unas palabras en silencio que Samantha entendió perfectamente: “Buena suerte, preciosa”. > —Sasha ¡Psst! – sisea Samantha, Sasha voltea a verla – por favor juega lo mejor que puedas – le pide. Ella restregó los ojos. —Samy, solo es un juego, no hay un premio de por medio. —Lo sé, pero, te lo suplico, intenta que no perdamos – ella frunció el ceño, mirándola con extrañeza. —¿Estas bien? Te noto muy nerviosa – Samantha miro al frente y Jaime le guiño el ojo. —Estoy bien – miente, regresando su vista hacia ella - ¡Oye, Eliot! – lo llama, él estaba al lado de Sasha, Eliot la miro - ¡Tenemos que ganar! – exclama, Eliot la ve como si estuviera loca. —Cálmate, ¡solo juega y diviértete! – la anima, pero eso no la ayudo. —Si juegas de maravilla y nos haces ganar prometo comprarte el disco de música electrónica que tanto quieres – intenta sobornarlo, Eliot suelta una carcajada. —Ya lo tengo Samy, no es necesario que me lo compres. > —Tu chico nuevo, ¿Sabes jugar? – le pregunta una vez la mira, El chico solo mostro una sonrisa y subió sus cejas de arriba abajo. Samantha estaba nerviosa y desesperada, quería el partido de voleibol, comenzaba a pensar que nunca debió aceptar el reto entre ella y Jaime ¿no será que en fondo ella quería tener ese beso con él? Ella confiaba en Eliot porque de todo el equipo él es uno de los mejores en jugar y ¿el peor? Pues Samantha. Tenía que jugar lo mejor posible, si o si, no quería permitir que Jaime ganara. Sasha, Eliot y Samantha estaban en el puesto de zagueros: Son encargados de poner el balón en las mejores condiciones para los delanteros. Mientras David, Ryan, y Amelia estaban de puestos delanteros. La posición delantera puede recibir y acomodar la pelota, bloquear y rematar. Samantha estaba en una posición media: Es similar a la característica de la posición alta, las únicas diferencias es que las piernas se encuentran más flexionadas y los brazos se colocan más bajos. Aunque a decir verdad la joven parecía más bien una pequeña conejita asustada, sus manos sudaban, pero trato de concentrarse lo mejor posible. El profesor sonó su silbato y Austin empezó hacer un saque de tenis en voleibol (saque de arriba) lo cual le salió bien, el balón voló por el aire pasando por encima de la red, Sasha estuvo atenta e hiso un saque de abajo, el balón paso cerca de Ryan y este logro pasar el balón al otro equipo. Andrés logro hacer un saque flotante, el balón vino a la dirección de Samantha y le rogo a los santos que no hiciera una estupidez, se inclinó un poco y en efecto lo logra el balón paso cerca de la red, pero Jaime logro hacer un bloqueo. Duraron unos segundos pasando el balón de un equipo a otro, de nuevo el balón venia hacia Samantha, debía hacer un golpeecepción: se realiza uniendo las manos por el dorso y con las piernas flexionadas. Se golpea el balón de abajo arriba y el objetivo es dejar el balón al colocador en las mejores condiciones posibles, se supone qué a una buena altura, pero al unir la joven sus manos temblaban un poco y trato de hacer una “buena altura” pero el balón cayo en el suelo, habían perdido y todo por una diminuta distracción de Samantha, punto para el equipo de Jaime. Jaime desde su puesto le sonrió para luego chocar los cinco con su equipo. —Parece que perderás preciosa. —No cantes victoria aun Sanz, que el juego apenas empieza – le dijo ella desde su puesto. Samantha respiro hondo, siguieron jugando y estaban pasando el balón entre ellos y por poco el equipo de Samantha pasa los tres golpes, pero no sucedió, llego el turno de Ivy e hiso un mini saque bajo para pasarlo a Jaime. Pero por supuesto él iba a hacer pasar el balón en dirección a Samantha, ella no supo cómo lo logro, pero dio un gran salto para pasar el balón hacia ellos, Emily trato de ser rápida pero no pudo golpear el balón lo que significa que ellos perdieron. —¡ja! ¡Punto para mi equipo! – exclamo Samantha. Con una sonrisa de victoria la joven miro a Jaime, lo cual el desde su posición me hiso una pequeña reverencia. —Bien jugado, nena. Con unos pequeños aplausos regresa dispuesta a seguir jugando, luego de unos pequeños minutos y rotaciones quedaron 2-3, Samantha necesitaba concentrarse ful en esta última jugada o quedaban empatados o perdían. Obvio no quería permitir que Jaime ganara, en el caso de que se quedaran empatados ¿el reto quedaría cancelado?, la frente de Samantha sudaba y con la palma de su mano seco el sudor de su frente, resopla y respira hondo poniéndose en posición de media. Cuando el profesor iba a tocar el silbato alguien lo interrumpe: —Profesor – Ryan lo llama levantando un poco su mano - ¿puedo ir al baño? —¿No puede esperar? Ya casi terminamos la clase. —Es que no me aguanto ¿puedo ir? El profesor lo pensó un momento, pero luego de unos segundos asintió y llamó a uno de los que estaban sentados en la banca para suplantar a Ryan. —Preparados, ¿listos? – sonó el silbato.                                                                 [……] Ryan Ferguson se fue directo a uno de los vestidores de las chicas vigilando que nadie pueda verlo, al entrar miro con vehemencia cada uno de los casilleros, Ivy le dijo que su casillero número doce, lo encontró y al abrirlo saco su bolso hurgando entre sus cosas. Se sintió raro al principio porque nunca había hurgado las cosas de una chica, esperaba no encontrarse nada raro o muy privado de ella, tenía muchísimo tiempo sin verla, nunca pensó que el destino los iba a unir otra vez, pero esta vez tenían que aprovecharla al máximo y no dejar que nadie los vuelva a destrozar. Abrió su bolso deslizando el cierre de este y vio muchos colores, cuadernos, dibujos y un pequeño esmalte color n***o. Entre movimientos encontró lo que buscaba: una grabadora, guantes negros, una pequeña hoja con bolígrafo y un mp3. Sonrió como un loco al tener eso en sus manos. Como pudo grabo todas las palabras que se le ocurrían, tiene poco tiempo para que no sospechen de él, Ivy y Ryan planearon hacer eso cuando hablaron en la biblioteca, ya ella tenía pensado hacerlo antes de que Ferguson llegara al instituto solo que necesitaba una ayuda para que saliera mejor. Ferguson entre todas sus cosas encuentra un plano, el plano de todo el instituto. El joven tenía pensado hacer algo con eso, eso sería un pequeño regaño de parte de Ivy por tomar el plano sin su permiso, pero Ferguson tenía una idea en su mente, quizás a Ivy le podría llegar a gustar, ¿pero como la joven Montero podía tener el plano del instituto? ¿Cuándo lo agarro y como lo hiso? Ryan dejo el bolso dentro del casillero, con cuidado salió lo más rápido que pudo de los vestidores. Miro por ambos lados para vigilar que no halla nadie, sigue camino por uno de los pasillos del Instituto para llegar a la oficina de la directora, pero se detiene en cuanto escucho voces dentro de la oficina. Maldijo a sus adentros y trato de esconderse esperando salgan. En unos segundos una chica grita sin parar buscando a la directora, la chica entra sin avisar a su oficina, y al salir ella junto con la directora y dos policías Ryan espero que se alejen lo suficiente y para entrar a la oficina. Se puso los guantes para sacar la grabadora, escribió el pequeño mensaje en el papel amarrillo, aprieta el botón de todos los altavoces del instituto para luego dejar que la voz distorsionada se haga presente. El joven sale de la oficina para ir a controlar la electricidad del instituto, con el plano en manos y mirando por todos lados para que nadie lo vea en el momento justo que la voz distorsionada dice: “No sabes lo mucho que espere este momento” hace su trabajo y las luces tintinean. [……..] En la cancha Samantha no podía creer que había perdido, justo cuando estaba a punto de tocar Eliot el balón, una voz distorsionada se escucha en todos los altavoces del instituto, Eliot se distrae y el balón cae al suelo. Pero eso no era lo importante en ese momento sino lo escalofriante que se escuchaba esa voz, todos los jóvenes e incluso el profesor se miraron sin comprender que pasaba. Una corriente de miedo paso por la espina dorsal de Samantha. —¿Quién estará en la oficina de la directora? ¿Y porque dice esas cosas? – Andrés fue el primero en preguntar. —Debemos ir a ver – sugirió David a punto de salir de la cancha. —¡No! – exclamo de repente Ivy, deteniéndoles. Todos ellos la miraron confusos – digo, no vaya a ser una persona peligrosa y nos haga daño – opino ella. —Como sea tenemos que ir, estamos empezando clases y ya nos quieren asustar haciendo bromas pesadas como esta —dijo Emily. —Yo creo que…—Samantha intento hablar, pero se detuvo al escuchar una espeluznante canción en los altavoces. La canción era espantosa en todos los sentidos, tenía susurros, gritos, llantos ¡De todo! Era como la típica canción que escuchas cuando un juguete está poseído. —Esto se está poniendo interesante – canturreo Austin. Samantha lo observo por unos instantes con el entrecejo fruncido, pero luego todos se fueron a una gran velocidad para saber de una vez que estaba pasando, siguieron los murmullos y cuchicheos de todos los presentes en los pasillos, donde una gran cantidad de la mayoría de los alumnos estaban fuera del baño. Samantha pudo notar sus caras perplejas, la curiosidad le invadio y se abrió paso entre ellos, cuando ella entra, la música deja de sonar y un jadeo se escapa de sus labios. Sus ojos se abren como platos, mira toda las pequeñas gotas rojas de sangre y huellas de manos ensangrentadas en la pared, espejo y lavabo, acompañan y abarcan la mayor parte del baño de chicas, Samantha se fija en la escritura del espejo; donde los pedazos de revista en las pegados. Luego mira uno de los cubículos donde dice: “atentamente, Anónimo” también escrito en sangre. > se preguntó así misma.  —Lo diré de nuevo, ¡esto es fascinante! – comento Austin con entusiasmo. —De verdad que eres un demente – le dijo ella, restregando los ojos y mirándolo como si estuviera loco. Oh bueno tal vez …un poquito. —Esto ya me asusta – confiesa Sasha cuando termina de ver todo a nuestro alrededor. La joven Samantha se toca los bolsillos de su pantalón deportivo buscando su teléfono celular con algo de prisa. —Necesito buscar mi teléfono – murmura e intentó salir entre los demás, pero, alguien la agarra por el brazo. —¿Para qué lo vas a buscar? – pregunto Austin, confundido. —¿Cómo que para qué? – soltó en susurro – para así tener pruebas de algo – aclaro. —No te entiendo Samantha, deja de actuar como si fueras del FBI. —Se que no lo soy, pero siento que esto tiene algo detrás – aseguró, pensando en voz alta. —¿A qué te refieres? Samantha miro algunos de los estudiantes que están su alrededor, su vista llega a Ivy quien tenía una mini sonrisa en sus labios. Cuando Montero se percató que Samantha la miraba su sonrisa se desvaneció al instante, la primera hundió sus cejas mientras la observaba por unos segundos, luego se gira hacia Austin y lo jalo por el brazo para sacarlo del baño y hacer un círculo confidencial. —Ivy me comento un día que este instituto tiene secretos – revelo ella en susurro. —¿Y? – Austin enarco una ceja. Samantha frunce los labios. —El mensaje del espejo dice “los secretos siempre se saben” – dijo con sumo detenimiento, como Austin no entendió sus palabras ella añade: — pienso que Ivy es la que está haciendo esto – Austin soltó un resoplido absurdo. —Samantha estás pensando tonterías. —Tal vez, pero voy averiguarlo – decidió en un asentimiento. —Si te matan ¿Qué color de rosas quieres? ¿rojas o blancas? – la joven fulmina con la mirada. —Ya veo que me quieres mucho – Ironizó dándole un golpe en el hombro y él suelta un quejido. —Solo era una pregunta – se encoge de hombros – nunca he sido algo positivo en cosas así. —¿Qué ocurrió? – pregunto de repente Ryan, apareciendo en su campo de visión. —Mira por ti mismo – Austin le señala con su barbilla el baño, el chico entra de inmediato abriéndose paso entre los demás. El joven Sanz salió del baño de chicas soltando una exhalación. —Esto es una cosa de locos – dice al estar frente a ellos. —Iré a los vestidores para buscar mi teléfono y darme una ducha – les comunica Samantha para darse vuelta. Al hacerlo Jaime la alcanza a unos cuantos pasos para tomarla por el brazo - ¿Qué quieres? ¿ni apestando a sudor hago que te alejes? – bufó. —No – niega con una sonrisa, el joven da un paso hacia ella para acercar sus labios a su oído – recuerda que tenemos un reto pendiente y, hasta donde sé, tu perdiste nena – susurró con voz ronca. De igual modo Samantha se acerca a su oído, para susurrarle: —¿No crees que no es el mejor lugar para darte un beso? —Puede ser, entonces ¿En mi dormitorio? – dijo en tono suave, ella se alejó de su oído para poner su peor cara. —¡No pienso hacer ninguna cochinada cosa de lo que estás pensando! – aclaró señalándolo. —Y según tú ¿en qué cosas estoy pensando? – preguntó enarcando una ceja y con una sonrisa torcida. —Estás pen…—Samantha apretó sus labios y ojos, Jaime soltó una pequeña risa – solo te aclaro que no será más que un simple beso – dijo con más calma, abriendo los ojos. —Bien – sintió mirándola divertido – de todas maneras, estaré en los vestidores por si me necesitas – le guiña un ojo y se marchó. —Estiri in vestiduris por si me necesitis – lo remeda en voz baja, mientras lo ve marcharse. Samantha camino por los pasillos para ir a los vestidores de chicas, no quería cambiarse de ropa todavía, solo iba a buscar su bolso y celular para tomar las fotos del anonimato en el baño. Al tener las dos cosas camina de regreso y tomo las fotos suficientes, en unos segundos los policías entran al baño junto con la directora. Los tres miraron con vehemencia la sangre esparcida los anónimos, la ultima capto la presencia de a alumna Méndez y sus cejas se hundieron. —¿Señorita Méndez? – la directora mira a Amelia con extrañeza - ¿usted no estaba en un problema familiar? —Si directora, solo que a la final decidí venir lamento llegar tarde – se disculpa. —Señorita Méndez ¿le importaría responder algunas preguntas que el Oficial Patrick y yo le hagamos? – pregunto el moreno, Amelia dudo unos instantes – será por un momento – le aseguro. —Está bien – aceptó finalmente. Ellos salieron del baño para irse a la oficina de la directora. Samantha los sigue detrás a una distancia prudente para escuchar su conversación inclinándose detrás de la puerta.                                                      [........] Amelia llena de sudor, nervios y perplejidad se sienta en una de las sillas de la oficina de la directora, los oficiales están parados frente a ella. El oficial Patrick está cruzado de brazos, mientras el moreno la miraba con seriedad y con sus ojos entornados, la joven se sentía como en una sala de interrogatorios donde todo le incrimina. El oficial Patrick carraspea la garganta antes de hablar: —Hicimos las pruebas de la sangre que estaba en la pared del baño el otro día, el resultado de los análisis dio a una sangre de animal – le informa – el día que intentamos hablar contigo te habías ido, nos dijeron que saliste temprano. —Si, tenía clase con el profesor de literatura, pero no estaba y como era mi clase final nos sacaron temprano – explicó, pasando saliva. —Lo que me extraña es que justo en el momento en el que la señorita Pitterson se fue al baño, estaba esa advertencia, como si la intención de que cuando a ella le explotara todo el polvo de hornear ella buscaría el baño más cercano para poder huir de la humillación y limpiarse ¿estoy en lo correcto? – cuestionó el oficial Pedro, serio. Amelia trago grueso. —Admito qué si puse todo ese polvo de hornear en su casillero y, fue algo que quise hacer por envidia, pero les juro que esa advertencia que estaba en el baño, no lo hice yo, no soy capaz de llegar a ese extremo – confiesa con sinceridad. Los dos oficiales le miraron cautelosos, analizándola. —¿Por qué razón exacta lo hiciste? – preguntó el oficial Patrick después de unos segundos. —¿Pueden interrogarme sin que la directora este presente? – contestó con otra pregunta. La directora se quito sus lentes de aumento para dejarlos sobre el escritorio, miro a la joven con recelo, le parecía extraño que Amelia no la quería presente en su propia oficina. La joven se mantuvo cabizbaja, y mordía su labio inferior. —¿Por qué quieres que me vaya? – indago la mujer. —Con todo respeto directora Burgos – intervino el moreno – es preferible hacerlo así, si la joven se siente más cómoda hablando solo con nosotros, entonces así será ¿tiene algún inconveniente con eso? —No, ninguno – contesto ella. La mujer se levanto de la silla de su escritorio y lo rodeo para salir, al girar la perilla de la puerta se encontró con la joven Pitterson quien abrió los ojos de golpe, la directora sospechaba que Samantha estaba escuchando la conversación. —¿Se le perdió algo señorita Samantha? —Q-quería hablar con usted – miente. —¿Sobre? —Sobre…—Samantha dijo lo primero que se le ocurrió – escuché a unos chicos teniendo relaciones en el cuarto del conserje. —¿Qué? Iré de inmediato. La mujer cerró la puerta de la oficina y se fue directo dando fuertes zancadas hasta llegar al cuarto del conserje. Samantha se mordió el labio con nerviosismo y se inclinó otra vez en la puerta. —Ahora puede responder mi pregunta señorita, ¿Por qué razón exacta lo hiso? —Porque aún me sigue gustando un chico – confeso – y, el ya no quiere estar conmigo, entonces ahora la busca a ella y eso me puso muy celosa, así que descargué mi rabia con ella, sé que hice mal y lo lamento – Samantha estaba atenta a la conversación. —¿No crees que eres lo suficiente grande para hacer eso? – soltó Pedro. Amelia asintió. —Lo sé, tengo diecinueve y fue una inmadurez de mi parte. —¿Sospechas de alguien que si pudo haberlo hecho? —No…estas cosas nunca han pasado en el instituto. —Por esa razón estamos aquí – hablo Patrick, recostando su espalda contra la pared– para aclarar las cosas y saber quién es la persona que está haciendo todo esto. Amelia dirige su vista hasta observar el escritorio de la directora. Frunció el ceño. —¿Y eso? – pregunto observando el papel amarrillo con una nota y la grabadora - ¿Qué signifi… —Eso es lo que dejo el anónimo hoy luego dejar el baño como lo viste hace unos minutos – explicó Pedro. —Por cómo se están viendo las cosas, creo, que es una chica quien lo esté haciendo – dijo Patrick pensando en voz alta – aunque también puede ser un chico y pretende culpar a alguna alumna del instituto – opinó. Duraron unos segundos en silencio. —Bueno – el moreno rompió el silencio – eso es todo señorita Méndez cualquier cosa que sepa nos lo hace saber, ahora vamos al auto para buscar unas cosas y regresamos porque necesitamos tomar fotos y buscar más pistas. —Gracias. En realidad, la joven Amelia si tenía algo que pudiera ayudarles, lo que no sabía ella, es que no estaba segura si viviría para contarlo.                                            
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