Sofia Cuando entramos al restaurante, no había más lugares disponibles que los que quedaban frente a Mikhail y uno a su lado y como si el destino se burlara de mí, terminé sentada justo a su lado derecho. Intenté ignorarlo, concentrarme en la carta, en los comentarios de los demás, pero bastó que nuestras piernas se rozaran bajo la mesa para que todo mi cuerpo reaccionara, pero a pesar de lo que provoco en mí, él no se apartó. Por el contrario, su mano buscó la mía discretamente bajo el mantel, al principio quise retirarla, pero cuando sus dedos comenzaron a acariciar suavemente el dorso de mi mano, sentí que me desarmaba y aunque quisiera no pude detenerlo. —¿Todo bien, Sofí? —preguntó Vivían, una de las modelos, al notar mi silencio. —Sí, solo estoy cansada del viaje. — Sonreí inten

