Aspasia Al fin al bastardo se le había ocurrido detenerse a descansar y esa fue mi oportunidad. La noche estaba oscura pero él había encendido el fuego para mantenernos calientes y que este iluminara todo a nuestro alrededor. No había dejado de mirarlo en ningún momento pendiente de cada movimiento que este hiciera, había pasado un tiempo desde que había cerrado sus ojos sin intercambiar palabra alguna conmigo salvo para preguntarme a dónde iba a ir. Los niños ahora dormían gracias a los dioses y me daba tanto dolor exponerlos al frío y a este viaje pero debía ser así para salvarlos. —Celenia —susurré a la muchacha que acunaba a los niños cerca de ella—. Quédate con los niños y cierra los ojos. Ella los abrió aún más contrario a lo que le había dicho. —Pero, princesa… Estaba asusta

