¿Qué es esto?

1374 Words
Asentí, incapaz de articular una respuesta adecuada. Me giré y me dirigí hacia la salida del club, sintiendo su mirada en mi espalda todo el tiempo. Afuera, el aire fresco de la noche me golpeó, despejando un poco la neblina de emociones que me envolvía. Caminé por las calles, mis tacones resonando en el pavimento, sin rumbo claro en mente. Mi mente volvía una y otra vez al momento que acababa de vivir, a la sensación de los labios de Iván sobre los míos, a la intensidad de su mirada. Sabía que estaba jugando con fuego, que Iván no era un hombre común y que lo que había comenzado esa noche no terminaría de manera simple. Pero una parte de mí, una parte que había estado en silencio durante mucho tiempo, quería ver hasta dónde llegaría todo esto. Finalmente, tomé un taxi de regreso al apartamento que compartía con Milagro. Ella estaba despierta, esperándome en la sala con una expresión de preocupación que se suavizó al verme entrar. —¿Y bien? —preguntó, levantando una ceja con curiosidad. —Fue… diferente a lo que esperaba —admití, dejándome caer en el sofá junto a ella. Milagro me miró en silencio durante un momento antes de hablar. —¿Pasó algo más de lo que quieres admitir? Suspiré, pasando una mano por mi cabello. Sabía que no podía ocultarle nada a Milagro, pero tampoco estaba segura de cómo explicar lo que había sucedido, lo que sentía. —Nos besamos —confesé finalmente, sintiendo el calor subir a mis mejillas al decirlo en voz alta. Los ojos de Milagro se abrieron con sorpresa, pero no dijo nada durante unos segundos, dejándome espacio para seguir hablando. —Fue… no sé cómo describirlo. Intenso. Pero también… confuso. Hay algo en él, Mili, algo que no puedo ignorar, aunque sé que debería —las palabras salieron atropelladas, como si necesitara sacarlas de mi sistema. Milagro asintió lentamente, su expresión se suavizó, pasando de la sorpresa a la comprensión. —Violet, solo te diré una cosa. Ten cuidado. Iván no es un hombre común, eso es obvio. Y lo que sea que esté pasando entre ustedes, sea lo que sea, necesitas asegurarte de que no te consuma. Tú siempre has sido fuerte, pero… también sé que cuando te involucras, lo haces con todo el corazón. Asentí, agradecida por su consejo, aunque sabía que en el fondo ya estaba en un punto de no retorno. Había algo en Iván que me atraía, algo que me hacía querer saber más, descubrir sus secretos. Pero también sabía que Milagro tenía razón. Necesitaba ser cautelosa, protegerme. —Lo sé, Mili. Seré cuidadosa, lo prometo —dije, tratando de sonreír para tranquilizarla, aunque ambas sabíamos que la situación era mucho más complicada de lo que El silencio en la sala de nuestro pequeño apartamento era abrumador. Milagro me miraba fijamente, esperando que siguiera hablando, pero las palabras se me atoraban en la garganta. Las imágenes de esa noche en el club seguían repitiéndose en mi mente: la sensación de los labios de Iván contra los míos, la electricidad que había recorrido mi piel al estar tan cerca de él, y la forma en que el mundo había desaparecido mientras bailábamos. Pero no era solo el beso lo que me tenía atrapada. Era la manera en que Iván me había mirado, como si pudiera ver más allá de la superficie, más allá de la máscara que llevaba. Era como si hubiera algo en él, algo que reconocía en mí, una conexión invisible, pero poderosa que nos unía, aunque no entendiera cómo o por qué. —Hay algo más en él, Mili. Es como si estuviéramos conectados de una manera que no puedo explicar —dije finalmente, dejando salir las palabras en un suspiro. Milagro me estudió durante un momento, sus ojos oscuros llenos de preocupación y curiosidad. —¿Conectados cómo? —preguntó, su voz suave, como si temiera romper algo frágil. Negué con la cabeza, tratando de encontrar las palabras adecuadas. —No lo sé. Es solo una sensación, una especie de… reconocimiento. Como si lo hubiera conocido antes, en otra vida o algo así. Sé que suena loco, pero cuando estoy con él, todo lo demás desaparece. Es como si solo existiéramos él y yo, y nada más importara. Milagro frunció el ceño, claramente preocupada, pero asintió lentamente, como si estuviera tratando de entender. —Violet, no quiero verte salir lastimada. Este hombre… parece tener un efecto poderoso sobre ti, y eso puede ser peligroso. Tienes que asegurarte de mantenerte firme, de no perderte en él. Asentí, aunque en mi interior sabía que ya estaba demasiado involucrada. Lo que había sentido con Iván esa noche en el club era más que una simple atracción física. Era algo más profundo, más visceral, y aunque sabía que debía ser cautelosa, no podía evitar querer explorar más. —Lo sé, Mili. Y te prometo que seré cuidadosa, pero también sé que necesito entender qué es esto que siento. Milagro suspiró y me dio una palmada en la mano, su expresión suavizándose. —Solo quiero que estés bien, Vi. Si esto es algo que necesitas hacer, entonces hazlo. Pero recuerda que siempre estaré aquí para ti, pase lo que pase. Le sonreí, agradecida por su apoyo, aunque sabía que mi camino con Iván estaba lleno de incógnitas. Me despedí de Milagro y me dirigí a mi habitación, sintiendo el peso de la noche sobre mis hombros. + Esa noche apenas dormí. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de Iván, recordaba el calor de su cuerpo, la intensidad de su mirada. Mi mente volvía una y otra vez a esa conexión inexplicable, a ese sentimiento de que había algo más entre nosotros, algo que aún no entendía, pero que me empujaba a seguir adelante. Al día siguiente, me desperté temprano, incapaz de soportar más la inquietud. Me puse a trabajar, inmersa en los detalles del proyecto de la mansión, tratando de distraerme, pero mis pensamientos volvían una y otra vez a Iván. Cada vez que imaginaba su rostro, sentía una mezcla de ansiedad y deseo, una atracción tan fuerte que parecía estar fuera de mi control. Pasé la mañana revisando planos, eligiendo materiales y tomando notas. Pero a pesar de mi intento por mantenerme enfocada, sabía que estaba esperando algo más. Y finalmente, al mediodía, llegó. Mi teléfono vibró sobre la mesa, y cuando lo miré, vi un mensaje de un número desconocido. "Nos vemos en la mansión a las 3 PM. Iván." El mensaje era breve, casi brusco, pero mi corazón se aceleró al leerlo. No había ninguna cortesía, ningún adorno, solo una instrucción clara. Y, sin embargo, no pude evitar sentir una punzada de emoción al saber que lo vería de nuevo. Me preparé rápidamente, eligiendo un atuendo profesional, pero que me hiciera sentir segura. Al llegar a la mansión, el lugar estaba tranquilo, envuelto en la misma atmósfera misteriosa que había sentido desde el primer día. ++++ Iván me esperaba en la entrada, su figura alta y elegante, destacando contra el fondo opulento de la mansión. Al verme, su expresión se mantuvo neutral, pero noté un brillo en sus ojos que me hizo sentir una chispa de satisfacción. —Violet —dijo simplemente, como si mi presencia fuera la cosa más natural del mundo. —Iván —respondí, intentando mantener mi voz firme mientras mis pensamientos se arremolinaban. Caminamos juntos por los pasillos, discutiendo los detalles del proyecto. A pesar de que nuestras palabras eran profesionales, la tensión entre nosotros era palpable. Cada vez que nuestras miradas se encontraban, sentía una corriente eléctrica recorrer mi piel, y era como si cada gesto, cada palabra, estuviera cargada de un significado oculto. Finalmente, llegamos a una de las habitaciones más impresionantes de la mansión, la biblioteca. Iván se detuvo en el centro de la habitación y me miró fijamente. Nos miramos en silencio por un momento, y sentí que la distancia entre nosotros se estrechaba, no físicamente, sino de una manera más profunda. La conexión que había sentido en el club volvía a aparecer, pero esta vez, era más intensa, más real. —Iván… —empecé, sin estar segura de qué quería decir realmente
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