El juego de miradas cargadas de fuego continuo, rondando en la mesa. Salamandra se tomó otra copa de whisky, el hielo tintineando una melodía fría que contrastaba con el fuego que sentía. Y luego otra, el líquido ámbar deslizándose por su garganta, buscando la calma que no encontraba. Giovanni no le quitaba los ojos de encima, su mirada implacable, como si pudiera desnudarla con cada trago que ella daba, despojarla de sus defensas y sus secretos. Ella sentía el calor subiendo por su cuello, un rubor traicionero que le cubría las mejillas, pero mantenía la postura, fingía un control absoluto, aunque por dentro todo era un incendio descontrolado, una mezcla de deseo y pánico. Él hablaba poco, pero cuando lo hacía, lo decía todo, sin ambigüedades. No necesitaba palabras rebuscadas, adornos

