3. Problemas y determinación

1035 Words
—Natasha, pero qué... —André no pudo terminar su frase pues Natasha le tomó el rostro con ambas manos y lo silenció con un beso. El chico quedó tan sorprendido que no reaccionó hasta que la pelirroja lo soltó. —Creo que esta es una perfecta forma de romper el hielo —contestó ella. Luego le tomó de la mano y comenzó a caminar. El rubio la siguió unos pasos hasta que se detuvo. —Oye, no puedo irme de aquí, estoy esperando a que el chofer me venga a buscar. —Oh, vamos, escápate conmigo —insistió la chica— vamos al parque o a tomar un helado. Por algún motivo, André imaginó que si Chouette Blanche le hubiese dicho eso en cualquier momento, él habría accedido sin miramientos. Ah, idiota. Se supone que tienes que olvidarla, no pensar en escaparte con ella. —Lo siento, Natasha, pero tengo muchas cosas que hacer. Unas pruebas de vestuario y todo eso —mintió André. —Si quieres, te puedo acompañar —comentó ella coqueta. —Me encantaría, pero este lugar no admite a gente externa —por lo general a André no le gustaba mentir (salvo para esconder su secreto de que era el héroe Rusé Carmin), por lo que le sorprendió enormemente lo fácil que salían las excusas de su boca. Natasha iba a decir algo, pero en ese momento, se oyó una bocina. Salvado por la campana. La pelirroja volvió a acercarse a André para darle otro beso, pero él le puso la mejilla. Luego sonrió, se despidió con la mano y se subió al auto. Apenas hubo cerrado la puerta, un mensaje le llegó al celular. [Jean] Me debes muchas explicaciones. Había olvidado contarle a su mejor amigo lo de Natasha y de todas formas se enteró. —Un momento —dijo para sí mismo y revisó las r************* — ah, por supuesto. En Twitter y f*******: ya se estaban esparciendo fotos del beso de hacía un momento. —Perfecto. Simplemente maravilloso —dijo con sarcasmo y enojo. Lo que más le molestaba... no, lo que más odiaba de ser un bailarín con relativa fama era que su vida privada la terminaba sabiendo todo el mundo. —¿Qué pasa? —dijo Ren apareciendo de la nada, sentándose junto a André. —Tu gran plan me va a traer más de un dolor de cabeza —respondió André mirándolo con el ceño fruncido. —Dale tiempo al tiempo, seguro todo se va a arreglar y ya verás como en el futuro nos reiremos de esto —contestó el zorro y acto seguido se puso a reír. —Ja, ja. Muy gracioso —dijo André secamente sin dejar de fruncir el ceño. Puso sus manos en el rostro y dio un gran suspiro. Qué voy a hacer ahora. (~~) —¿Qué voy a hacer ahora? —dijo Gabrielle sentada en su cama abrazando fuertemente una almohada mientras las lágrimas no dejaban de correr por su rostro. Irina estaba sentada junto a ella, rodeándola con un brazo. —Nada, Gabrielle. Avanzar —respondió su amiga. —Ay, Irina, es que me duele tanto. Siento un vacío en el pecho, pero también siento como si me aplastaran y se me hace difícil respirar. Estoy muy triste... —susurró cerrando los ojos, viendo una y otra vez ese beso. Irina le acarició el brazo y al instante recibió un mensaje de Jean. Las fotos de André y Natasha estaban por todo internet y probablemente saliera en los tabloides durante los próximos días. Con todo eso a la vista de Gabrielle, sería difícil que su amiga pudiera olvidar a André, sin contar que estaban juntos en clases. —Debes seguir adelante, Gabrielle. Eres una chica buena, inteligente y muy bonita. No debes quedarte pegada con un amor que estaba solo en tu cabeza. A fin de cuentas ¿Qué sabías del rubio ese? —Irina tuvo cuidado de no nombrar a André, porque sabía incluso eso haría llorar más a su amiga—. A demás de su horario y las fotos, todo en él vivía en tu imaginación. —¿Por qué me estás diciendo esto? —replicó Gabrielle dolida porque su mejor amiga parecía estar enojada con ella. —Porque tienes que darte cuenta que lo que sentías por And... por él no era amor. Quizás era admiración o cariño, el mismo que le tienes a los actores o cantantes. Eras una fan que se derritió al conocer una faceta tan pequeña de este sujeto, solo un gesto noble faltó para que te enamoraras. Pero ya basta. Debemos bajarlo del pedestal. Irina sacó el cojín del abrazo de Gabrielle, le tomó las manos y la miró a los ojos. —Gabrielle. No es necesario que salgas con algún hombre para ser feliz. De hecho, podrías olvidar a André de muchas otras formas —al oír el nombre del chico, Gabrielle sintió una punzada en el corazón—, como saliendo a fiestas, concentrándote en el estudio, leyendo, viendo películas. Pero debes darte cuenta de la estupenda mujer que eres, y si él no se dio cuenta de todas las maravillas que hay en ti, él se lo pierde. Quizás haya alguien más que logre ver toda tu luz y te ayude a brillar aún más, o quizás tú misma debes descubrir sola lo que puedes llegar a ser. Gabrielle se secó las lágrimas y asintió con la cabeza. -Puede que aún me falte apreciarme un poco más. Quizás debería ser más como Celeste y tenerme en muy alta estima —rió la peliazul, recordando a una compañera de clases muy pedante que siempre se daba aires de grandeza. —Amiga, recuerda que los que más se alumbran son los que menos brillan —respondió Irina y ambas rieron fuerte. —Está decidido, entonces. Ese será mi año, pero para encontrarme a mí misma y, quién sabe, quizás darle una oportunidad a alguien que se haya dado cuenta de lo mmm... ¿maravillosa? que soy —dijo Gabrielle haciendo un ademán con la mano para que Irina se la besara. —Eres un caso Gabrielle —respondió la morena tomando su mano y dándole un beso de broma sobre los nudillos. Ese pequeño gesto hizo recordar a Gabrielle a alguien que desde que se conocieron había tenido interés romántico en ella, pero por estar empecinada con André había rechazado una y otra vez. Quizás sea un buen momento de aceptar el cariño de Rusé Carmin y ver qué pasa.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD